La banda mendocina acaba de lanzar su álbum debut, Guandanara, en el que plasma su impronta con trabajadas fusiones latinas para una lírica burlesca a los estereotipos de la popularidad.

Ni reggaetón ni cumbia pop, ni rock indie o género canción; los chicos de Gauchito Club proponen en la autenticidad una original fiesta esperada por todos.

Después de dos años haciendo sonar varios de los temas que hoy integran Guandanara, la banda está en su momento de éxtasis. Pese a los pronósticos de color y calor que irradia Gauchito Club, aunque incrédulos en la meteorología, un nublado viernes de mayo salió a la luz su álbum debut.

Ellos están con una sonrisa de oreja a oreja. Y el cielo parece abrirse al brillo de su felicidad.

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Para la nota y la sesión de fotos nos reunimos en la playa de estacionamiento de un supermercado. No podían haber elegido mejor lugar. Porque si algo marca el inicio de esta promisoria carrera de los Gauchito es ese contexto urbano donde las vivencias del barrio agitan inspiraciones melódicas de franca originalidad.

Con estos jóvenes y desenfadados músicos mendocinos, la fiesta está asegurada. No conciben la música sin la alegría de compartirla entre birras y amigos. Así quizás haya nacido el espíritu de los hermanos Nazar, en alguna esquina de su barrio, impregnados de paisajes urbanos, modismos y costumbres que –consciente o inconscientemente- entonan a carcajadas.

En un hipermercado, de «contrabando» y con el impulso de lanzarse a la aventura de un producto en copyright (cuando la tendencia es el copy paste), filmaron hace más de un año su primer videoclip, The King of achuras. Y hoy la portada de su primer disco (disponible, claro, solo en formato digital) es una colorida verdulería de barrio.

«Hoy estamos establecidos como un grupo de amigos, como lo que tiene que ser un proyecto musical, porque si no se torna trabajo de oficina. El proceso fue largo pero necesario» tira el bajista Toby Deltin. Y le deja la palabra al fundador de la banda, el cantante Gabi Nazar: «Para mí siempre fue más fuerte el hecho de compartir la música y tener una banda. El poder, la energía y la simbiosis de muchas personas apuntando para un mismo lado es mucho más poderoso que un proyecto solista. Es un orgullo y un privilegio que ellos hayan tomado mi idea como propia. Hoy somos todos Gauchitos, nosotros y la gente».

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En cuanto a la grabación «nómade» del disco, Manuel Nazar, el batero, aporta: «Veníamos tocando los temas y publicando singles como The King of achuras o El visto. Después tuvimos la necesidad de registrar todo en un disco y así surgió Guandanara, producido de forma independiente y con amigos invitados como los chicos de Perras on the Beach, La Skandalosa Tripulación y la cantante de Spaguetti Western, Francisca Figueroa».

Los estudios UnderPlace, Páramo y +R de Mendoza fueron testigos directos del REC que apretaron los músicos hace más de un año para registrar este material. Con la producción de Gabriel y Manuel Nazar y los arreglos de toda la banda, la mezcla fue realizada por Leandro Lacerna en Casa Lacerna, de Buenos Aires, y el mastering por el reconocido Carli Begueri en Mastering Boutique de Nueva York.

En sus redes sociales, los Gauchito Club (vaya de entrada en su nombre una referencia al entrelazado de vidas musicales con lo rural y lo urbano) anticipan que Guandanara (otro juego de palabras barriales) es «una  seguidilla de hitazos que no podrás sacar de tu mente y terminarás contagiando a tu alrededor como un resfrío de primavera. Pero no les tengan miedo, que no te dejan en cama y sólo generan como síntomas algún que otro paso de baile mientras estás en el supermercado, en la bañera o en la parada del bondi».

Se trata de una música colaborativa, describen ellos, donde suena más rockera y enérgica en vivo, y hay un entendimiento más quirúrgico y también lúdico en el estudio de grabación. «Gauchito Club hace cumbia indie, propone música urbana, algo difícil de encontrar en la actualidad», considera Gabi, quien comparte micrófono con su hermano Sasha, ausente en la nota por estar de gira con Usted Señálemelo. También faltó a la cita Julián Bermejo, el guitarrista.

En este sentido, el percusionista Nahuel Quimey Chandia sostiene: «Se generó un universo Gauchito, es muchas cosas, no solamente una canción, es un concepto: es el pantalón de Mickey de Manu, es la lírica, la forma de hablar cuyana. Todo forma parte de Gauchito Club». Y agrega Gabi: «Es una banda muy actual, alejada a lo conservador o a lo clásico, no hay un tema lineal. En realidad, la escena de Mendoza es muy interesante hoy, armónica e instrumentalmente estamos en un nivel increíble. Tenemos bandas geniales, y eso hacía tiempo no ocurría. Por eso bandas mendocinas hoy están en boca de todo el país».

La ambigüedad del campo con la ciudad, del amor con el desamor, del fulbito y los bailongos, los asados con amigos, la montaña y las redes sociales, todo cabe en el universo Gauchito. Una banda que nos despeina y nos transporta a una dimensión donde todos somos uno y uno somos todos.

Su público quiere fiesta y ellos están dispuestos a disparar. Una presentación oficial de Guandanara se lo merece. Y está agendado para agosto, en un lugar alternativo, alejado de sillas o butacas, entre cajones de frutas y verduras tal vez. «Será un show para bailar, que la gente se vaya cómoda, con jogging, porque se va a mover mucho», advierten antes de la despedida.

Los dejamos continuar la ruta, y nos dejan pegada la sonrisa de oreja a oreja. Nos olvidamos por un rato de las tildes acartonadas que rodean nuestras acequias y, entre track y track, imaginamos en el horizonte la salida del sol. Porque con Gauchito Club la amenaza de lluvia en este viernes furioso es puro ruido.

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