Nahuel Arrué nació en Tunuyán y vive en México. Su trabajo oscila entre el diseño y la creación de imágenes, un combo de estilo propio que implica «desarmar y destripar hasta que salgan buenos frankesteins».

    La necesidad de generar un alter ego artístico, llevó a Nahuel Arrué a crear «Ojo de gato», el nombre o la marca con que asocia sus trabajos para que sea la obra el punto de atención y no su persona. Así lo sintetiza el ilustrador nacido en Vista Flores, Tunuyán, donde vivió a lo largo de su infancia y adolescencia, hasta que a los 18 llegó a la Ciudad de Mendoza para cursar, casi completa, la carrera de diseño industrial en la UNCuyo. «A mí me dicen gato desde siempre y relacioné, de cierta manera, al ojo de gato con la agudeza visual, el detalle y también con el accesorio de las bicicletas, que es algo que traigo de familia. Mi abuelo y mi hermana son deportistas dedicados a la bici y yo también estoy un poco relacionado con ese mundo», dice sobre su propio bautismo creativo.

    Dedicado a la ilustración digital y para impresión, intenta desarrollar piezas situadas entre lo que el cliente busca y lo que él sugiere: «Algo muy importante para mí». De eso se desprende que el grueso de su labor tenga que ver con propuestas musicales, conciertos o tapas de discos. «También colaboro con un proyecto de educación libre para niños en el cual incentivamos el interés y la formación artística para crear valores humanos, algo en lo que me siento cómodo y forma parte del día a día, con lo que convivo y es mi mundo», expresa sobre el laboratorio creativo mexicano Xantú, país donde reside desde 2015.

    Ya lejos de pertenecer a agencias de publicidad y estudios de diseño, incluido su paso como ilustrador en Google México o el haber sido director de arte de otra compañía, este mendocino descubre  en la actitud freelance un modo más desafiante, satisfactorio y libre de ser. Y agradece lo que aquellos tránsitos dejaron en él, que sin dudas reforzaron sus aptitudes técnicas y creativas. «Encontré nuevas motivaciones que abrieron distintos caminos y que hoy forman parte de mi repertorio profesional. Aún así reforcé mis ideales de trabajo independiente y estas experiencias sirvieron como disparadores para generar mi propio estilo», cuenta. Sus amigos son sus mayores referentes, considera este artista conectado al «factor estético» como principal elemento. «No tiene que ver con superficialidad o banalidad en el trabajo sino en poner la belleza como uno de los pilares de la comunicación visual para lograr mensajes efectivos, atractivos y emocionantes», resume.

    ¿Tenés una manera de abordar propuestas establecida? ¿Qué proyectos sentís que reflejan el estilo «Ojo de gato»?

    Con respecto al proceso de trabajo, primero hablo con el cliente y acordamos la temática, los formatos y otros detalles. Afortunadamente cada vez me buscan más por lo que hago, entonces suelo tener bastante libertad a la hora de proponer y crear. «El Baile», «El Club del Sodeado» y los pósters de «UnderPop» son ejemplos en los cuales he participado bastante en la parte creativa, además de las ilustraciones y el diseño. Si abordo proyectos con la dirección creativa y artística ya resuelta, yo sólo cumplo la tarea de ilustrador.

    Como estudié diseño, en general mis procesos creativos suelen tener ciertos parecidos: sistematización de pasos, análisis o generación de alternativas. Básicamente hago bocetos generales en papel para tener una idea aproximada y luego me pongo a trabajar directamente en la compu. Mi principal herramienta y mano derecha es Illustrator, un software que sirve tanto para diseño como para ilustración y es infinito a la hora de crear. A eso le sumo una tableta que me ayuda a conectar lo físico con lo digital de manera más cómoda e intuitiva. La mayoría de los trabajos son para medios digitales así que suelen mutar en distintos formatos. También hago diseño para impresión y serigrafía; de ahí se desprende un poco la economía de colores y recursos.

    En ese sentido, ¿qué más caracteriza tu estilo como ilustrador?

    Varias cosas distintas componen mi bagaje visual. Me gusta mucho la ilustración digital y medios como Behance o Dribbble, que son siempre buenos espacios para encontrar inspiración y estar al día. Mis gustos suelen ir cambiando con el tiempo pero hay cosas que siempre aplico, como el uso de la tipografía como imagen. En otro momento fui más ortodoxo de los estilos y la vieja escuela, pero ahora me encuentro mucho más comodo dentro del campo estético y la belleza, que en conceptos más profundos o estilos más estrictos.

     

    ¿Cómo es tu vida en México?

    El hecho de estar acá no tiene que ver directamente con mi trabajo. Fue buscando nuevos rumbos y por amigos que estaban acá que me vine en 2015 a vivir un par de años a la Ciudad de México. Trabajo como diseñador e ilustrador para diferentes proyectos alrededor del mundo, de manera remota, lo cual me permite moverme y viajar, ahora no tanto por la situación general. Eso me permite situarme en lugares lejos de las grandes ciudades, algo que me gusta mucho personalmente y que también se refleja a la hora de trabajar.

    ¿De qué manera tus trabajos te conectan con otras partes del mundo?

    Una gran parte de mi trabajo de diseño es para Estados Unidos. He realizado proyectos para Australia, Francia, Alemania, India o Rumania. Algo que me gusta mucho de la modalidad freelance es que salen proyectos de lo más raros en países remotos. He hecho desde sets completos de e-mojis para marcas de celulares, hasta ilustraciones de aviones para aerolíneas, pasando por latas de cerveza y tapas de revista.

    En México trabajo de manera más física, entonces se me da la pintura de murales. Es muy importante el street art en lo que hago; durante algunos años hice graffiti y stickers en Mendoza de manera anónima, hasta que bueno, se comenzó a perseguir más la actividad por las autoridades y yo fui creciendo, entonces no estaba para nada bueno andar visitando comisarías cada tanto.

    ¿Desde dónde nos hablás, ahora?

    Actualmente estoy en la costa de Baja California, en el noroeste mexicano, donde además de trabajar, participo en talleres de educación libre para niños, donde suelo facilitar conocimientos y apoyo en actividades relacionadas con el dibujo o la pintura de murales. No sé si puedo hablar de proyecciones a futuro porque como se viene dando todo, es muy incierto. Más bien pienso vivir lo que está pasando, ir fluyendo y ser flexible a los cambios.