La hora del vermut está de vuelta. Los aperitivos ganan terreno y son la excusa perfecta para pasar los días de calor. En Mendoza ya podemos disfrutar de dos lugares que se especializan en los vinos tónicos.

    El vermut no es una moda, es una tradición, y como todas las tradiciones hay momentos en los que están en auge y otras en declive, y desde hace algunos años su resurgimiento es notable.

    El primer vermut moderno, a base de vino, alcohol, azúcar, hierbas y especias fue elaborado en 1786 por Antonio Benedetto Carpano en el Norte de Italia, más específicamente en Turín. Su autor, fanático de la cultura germánica, decidió bautizar su producto bajo el nombre de wermut, palabra que en alemán significa ajenjo.

    Fue tal el éxito de su invención que su pequeña tienda de vinos se vio obligada a abrir las 24 horas del día sin interrupción. El negocio estaba situado frente al Palacio Real y, confiando en el sabor y la calidad de su creación, se lo envió al Rey Vittorio Amadeo III, quien automáticamente lo adoptó como la bebida de la corte. De ahí en adelante el fabuloso “vino tónico” protagonizó las reuniones de la burguesía turinesa.

    Los inmigrantes que llegaron a nuestra tierra lo trajeron con ellos y lo convirtieron en un elemento cultural y ritualista en Argentina. Con el paso del tiempo esta costumbre fue perdiendo su brillo, sin embargo, “la hora del vermut” está de vuelta y garantiza ser una alternativa muy atractiva, incluso para el público más joven.

    En esa ceremonia encontramos algunos elementos claves: suele tomarse en compañía de amigos y familiares, en el momento previo a una comida, y se acompaña de algo para picar. Tomar vermut, no sólo consiste en beber, sino que cumple una función social y de ocio en la que el disfrute de la compañía y la conversación son centrales.

    En Mendoza desembarcaron dos lugares que prometen acercarnos a este rito que nos reúne alrededor de la mesa.

    Durante el confinamiento por la pandemia de Covid-19 un grupo de amigos comenzó a imaginar cómo sería el espacio ideal para reencontrarse. Así nació La Central Vermutería, una esquina donde los aperitivos, sifones, tapeo y tragos de autor forman parte de ese sueño de vereda y tardes de verano. Acompañados de una fina carta gastronómica de influjo español, las bandejas con vermut salen al ritmo del Italo disco y todo es una fiesta.

    Con un estilo muy diferente, Soderini es una vermutería inspirada en James Bond. El agente secreto más famoso del mundo tiene como trago preferido el Vesper Martini, que originalmente se preparaba con ginebra, vodka y Lillet -un aperitivo francés-. El lugar se caracteriza por su elegancia y una completísima carta que nos lleva a recorrer  la historia del vermut.

    Como antecedente tenemos La Fuerza, un bar situado en Buenos Aires y elegido en 2019 por la Revista Time como uno de los 100 mejores lugares del mundo para visitar. Los hermanos Sebastián y Miguel Zuccardi, Julián Díaz, Martín Auzmendi, y Agustín Camps tuvieron como proyecto original producir un vermut que no se pareciera a ningún otro, pero no sabían que en el camino abrirían un local en la ciudad porteña. Las opciones que allí se ofrecen se elaboran a base de vinos creados por Sebastián con uvas de Mendoza, al igual que el alcohol agregado de origen vínico destilado en la bodega que la familia posee en Maipú.

    Aunque este clásico nunca haya desaparecido en realidad, ahora recupera su protagonismo y vuelve a las barras de los bares para quedarse. Sin duda es la mejor compañía para los días de verano.