La artistas plástica compone obras de arte a partir de la naturaleza, buscando lo imperceptible.

Son las seis de la tarde de un día nublado y frío. Valeria, vive en Lunlunta, en la entrada dos perros negros custodian la puerta, uno viene a nuestro encuentro con afán de hacerse amigo. Su casa está rodeada de árboles sin hojas, algo  característico de esta época invernal, y pareciera que parte de sus obras estuvieran plasmadas en ese espacio sutil pero perceptible. Nos recibe amable. Delicada en sus gestos, nos ofrece unas almendras antes de comenzar la entrevista.

Ingresamos al taller donde nos cuenta sobre su trabajo. Una habitación con todos los detalles: una prensa, ilustraciones «pegadas» en la pared, obras colgadas, ramas y frutos secos de árbol como parte del decorado, gubias, cuadros, dos mesas y una ventana con vista al jardín que invita a renunciar de todo pensamiento como si fuera una obra de arte más.

La joven artista encuentra la diversidad del arte como un espacio lúdico en el que va y viene sin juicios «no me caso con una técnica o forma, me entretengo con lo que se presenta. La mayoría de mis trabajos son grabados, pero me gusta mucho dibujar, sobre todo me atrapa la ilustración botánica científica en la que me estoy especializando».

«Mis obras tienen mucho de la naturaleza», cuenta Valeria. En ella encuentra la perfección como un camino suave, tenue e ingenioso. Para la producción de estas, la fotografía es una de las herramientas que utiliza, a lo que agrega «a partir de una foto, cualquiera que haya sacado, hago una composición y generalmente las que más me gustan son las imágenes que logro en la naturaleza para luego traspasar al grabado».

Otra de sus herramientas es la exploración, la investigación sobre un tema de su interés antes de producir: a raíz de esto nos cuenta sobre una obra que tiene expuesta en su taller: «La Lágrima». Se trata de una lágrima vista con un microscopio y un extracto de una instalación llamada «SOS» sobre el maltrato de género realizando con una técnica llamada gofrado.

Pequeñas sutilezas representan el todo en los trabajos de Valeria Señorans. «Cuando veo en detalle un objeto, para eso utilizo la lupa binocular, puedo descubrir otras composiciones, cosas que no veo a simple vista. Por eso me gusta tanto el grabado, porque puedo hacer una matriz pero no se qué voy a ver hasta imprimirlo. Me atrae lo que está ahí adentro y uno no puede ver a simple vista» revela la artista.

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