Desde hace seis años la artista deja crecer sus alas de puntillista. Su arte es minucioso y lleva tiempo. Descubrí su mundo detrás de cada trama de puntos que imagina.

    Que esta técnica pida tiempo, dedicación, paciencia, observación y análisis de cada detalle es lo que a mí me apasiona. Creo que eso está implícito y queda plasmado en las obras. Me gusta la carga poética de horas de vida puesta en los dibujos», expresa Valentina Giovannini. Nació en Estados Unidos hace 29 años y llegó a Mendoza a los 8. En la escuela, hasta entonces, debió interpretar y formular mensajes en inglés, mientras que en su casa era todo muy argentino, porque su madre y padre lo son.

    «En Mendoza estudié, crecí y me formé como persona. Siempre me costó el tema de los idiomas y nunca me resultó fácil o fluido comunicarme hablando, pero sí con el dibujo, que es muy intuitivo para mí y que me fluye. Lo artístico estuvo desde chica», dice la diseñadora gráfica que desde hace seis años, cuando descubrió el puntillismo, se aferró a la técnica de crear imágenes que la fascinan, punto a punto. La naturaleza y el tiempo son temas ineludibles en sus series. Las hay de planetas, pájaros, montañas, plantas o flores.

    A Valentina Giovannini su práctica artística le resulta una fuente poderosa a la que se conecta a diario -y durante horas-, cuando el cielo oscurece. «De día trabajo en diseño y de noche me dedico a los puntos», suelta entre risas. En ese momento de encuentro propio, entre papeles y microfibras, medita gesto a gesto. Lo último sucedió en cuarentena y es un proyecto de 50 flores vinculado al lenguaje que en la época victoriana fue utilizado para enviar mensajes y en el que ella encuentra inspiración por donde se la mire. «La simbología que el ser humano deposita a veces en elementos de la naturaleza me llama la atención», añade.

    Y así como el arte es un camino elegido, también lo fue de niña el diseño, cuando jugaba a crear logos, estampillas y hasta una línea ficticia de papelería. Esos negocios inventados la llevaron a estudiar la carrera. Pero cuando transitaba la tesis, con los dibujos en grafito desarrollados en paralelo y las acuarelas tan despiertas, se volcó de manera profunda a las artes visuales: «En ese último tramo crítico, me replanteé muchas cosas y en ese contexto apareció el puntillismo». Fue ante una imagen del biólogo e ilustrador científico Guido Prieto como Valentina sintió el impulso de intentar eso que había visto en él. «Me interesó mucho que un dibujo estuviera hecho de puntos. Es así como empecé a meterme, experimentar y probar. Lo primero que hice fue un ramo de flores que tengo enmarcado y colgado en mi habitación. Fue en 2014 y desde ahí no he parado con el puntillismo».

    Sobre el proceso, la artista explica que a veces boceta previamente y que busca referencias de la flora y la fauna que quiere plasmar, cuando de eso se trata. A partir de un esqueleto hecho en lápiz, se sumerge entonces en la morfología elegida a un nivel microscópico. Tintas, microfibras, fibras y fibrones de color negro son sus herramientas elementales, así como papeles, cartulinas, maderas y lienzos blancos. El contraste de luces y sombras, la minuciosidad puesta en la obra y el tiempo que requiere su abordaje son algunas de las relaciones que trama.

    «Para mí la naturaleza es lo más bello que existe y tratar de replicarla e interpretarla con esta técnica es algo que disfruto mucho. Creo que está rodeada de detalles que conforman un todo y que realmente nos impacta, desde una hilera de hormigas hasta la luna o los planetas», expresa. Con su arte puntillista, Valentina Giovannini ha participado de muestras colectivas en galerías y espacios culturales. Lo último fue en el proyecto anual de experimentación artística Reencarnaciones, donde trabajó junto a la poeta Melisa Carrasco dándole forma a su obra de mayores dimensiones hasta ahora.

    «Fue muy interesante la propuesta de Gabriela Nafissi y Bodega Monteviejo. En la muestra «Un matema poético para la causa artística» trabajé sobre una base circular con las caras de la luna como tema y a partir de un poema lleno de imágenes. Tengo también, muchas ganas de armar una exposición individual donde pueda presentar mi recorrido con la técnica y mostrar cómo algo que empezó como un pasatiempos se ha convertido en algo serio que ya es parte de mí».

     

    Fotos: Retratos de Ariel Larriba.  Proyecto «Un matema poético para la causa artística». Reencarnaciones -experimentación artística-, Arte & Cultura Bodega Monteviejo.