La empresa creada por Colette Boccara en los ‘50, continúa en marcha con su espíritu fundacional: trabajos en arcilla natural mendocina, pulido a mano y su particular forma triangular.

    Colette Boccara y César Janello son dos arquitectos que se instalaron en Mendoza en los años ’40 y revolucionaron el diseño y la industria local. Ambos dejaron una marca a fuego en vanguardias artísticas y en el desarrollo empresarial de la provincia.

    Muchos se preguntarán cómo, y la respuesta es Colbo Gres Rojo, la vajilla reconocida en el mundo entero con la impronta de la arquitecta y ceramista Boccara, nacida en Francia que llegó a la Argentina con 10 años.

    Colette desarrolló piezas producidas con gres rojo, materia prima extraída de la montaña de Mendoza, una arcilla natural con minerales e identidad andina que se moldean para crear cada pieza artesanal de la marca.

    La artista creó un objeto que engalana mesas, colecciones que tienen como sello diferencial un esmaltado colorido interno, la arcilla roja por afuera y una particular forma triangular. Un formato innovador al cual llega por error al dejar las piezas cocinándose en hornos de elevadísima temperatura.

     

    «El material es difícil de controlar, según las temperaturas usadas se rompe o deforma. Colette trataba de hacer platos redondos y se le deformaban en el horno y en ese momento, por una sugerencia y por su mirada de diseñadora y arquitecta, decidió hacerlos deformes. Así es que llegó a la geometría triangular que absorbe todos los errores propios del material», revelan desde la fábrica que hoy funciona en Las Heras.

    Colbo cerró en los ‘80 pero el hijo de los arquitectos, Matías Janello, reabrió las puertas de la empresa junto al diseñador industrial Martín Endrizzi. Ellos redoblan la apuesta por la innovación -apoyada en nuevas tecnologías y dirigida por el diseño- para dar respuesta a la demanda de vajilla gourmet.

    Las piezas actuales son muy parecidas a las originales y los cambios incorporados por esta dupla fueron para adaptar la vajilla a un uso más contemporáneo. «Hicimos un relevamiento de las piezas originales y creamos todo desde cero. Colette tenía sets súper completos y ahora nosotros hacemos menos piezas pero más versátiles».

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    Las modificaciones de rediseño fueron pocas, según revelan, dimensionalmente la vajilla es la misma pero al hacerla con el sistema de prensa hidráulica ahora se puede, por ejemplo, darle forma y contraforma, «le formamos la base al plato y ahora es apilable». Además, cada pieza lleva la firma, el empeño y la pasión de quien la hizo posible.

    Con materia prima obtenida manualmente de yacimientos de Cacheuta y San Rafael, Colbo produce 3.000 piezas al mes, es «un taller artesanal con mirada muy industrial» y es que todos los procesos son realizados a mano hasta las máquinas y moldes, que fueron confeccionadas por Janello y Endrizzi para una eficiencia de producción y costos.

    El diseño ícono de esta vajilla es su esmaltado, por vaciado, con colores blanco, gris, turquesa, verde y amarillo. De esta manera garantizan la continuidad de piezas y de colores. Al tener esmalte vítreo en la cara interna de las piezas, la cerámica no absorbe aceites ni líquidos, tampoco se raya con el uso de los cubiertos.

    En plena pandemia, descubrieron un nuevo color de tonalidad verde, que obtuvieron de la suma de todos los esmaltes que sobran al lavar las herramientas de trabajo. «Como siempre es el resultado de los mismos colores, se obtiene el mismo color, un verde pastel que dentro de poco saldrá a la venta en una tirada especial».

    Colbo reutiliza su materia prima casi al 100 % y es que la arcilla en todas las etapas puede volver a hacerse polvo, excepto cuando sale una pieza quebrada de los hornos grey en los que se terminan de cocinar las piezas ya esmaltadas a 1140°. «Se recupera todo y vuelve al proceso de producción», aseguran.

    Actualmente la venta de vajilla se realiza a través de su web y se envían los pedidos a cualquier punto de la Argentina. Quien pasea por la página descubre sus modelos, que son «pocos pero versátiles»: platos playos de tres tamaños, cuencos de dos medidas, dips cuadrados y sets de picadas y de sushi, estos últimos son  la gran novedad. 

    Las piezas de Colbo también se venden en algunos locales culturales como la tienda del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires u otros puntos de Rosario y Córdoba.

    El nuevo objetivo de Jannello y Endrizzi es duplicar su producción y sumar la línea revolución, es decir, piezas redondas. «Estamos desarrollando los tornos que nos faltan para poder incorporar vasos, tazas y demás piezas chicas. Será una línea más económica, con calidad gastronómica», confirman quienes actualmente le venden su vajilla a varios restaurantes de bodega como Casa de Uco y Alfa Crux Wines.

    Solo nos resta entrar a su web, disfrutar del su arte hecho vajilla y llenar de color e historia nuestra mesa cuando la preparemos para agasajar (nos).

    Premios reconocimientos: En 2005 la Fundación del Interior encara un proyecto de recuperación patrimonial del diseño mendocino que cristaliza en la colección Guón! y así surge la idea de la vuelta de Colbo. En 2011 obtiene el Sello de Buen Diseño otorgado por la Subsecretaría de Industria de la Nación. 

    Por su impronta regional y artesanal fue nombrada como embajador de la Marca País por el Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de la Argentina.

    El proyecto cuenta con el asesoramiento de la Incubadora de Empresas de la UNCuyo y ha sido objeto de publicaciones y notas en los medios especializados más destacados del país.

    En 2012 Colbo recibió el Gran Premio de la categoría Diseño y Empresa, en la III Bienal Iberoamericana de Diseño (Madrid, España).

    Fotos: Gentilez Colbo