Textiles. Magia. Ecosistema. Transición. Artificio y naturaleza. A la obra de este artista correntino hay que sentirla de cerca en la última propuesta de MovArt en Bodegas Caro.  

Para un espacio desconocido -aunque referenciado- y acostumbrado a llegar con sus obras a sitios que le resultan extraños, Gustavo Mendoza preparó su última muestra en nuestra provincia. «Todo ser es un bicho» es la exposición que presenta el circuito de arte itinerante en bodegas –MovArt– y que conforma el ecosistema creativo de un autor que concibe su labor sin demasiadas ataduras, aunque repleta de puntadas. En la exquisita galería de arte de Bodegas Caro, el hombre que ya expuso en dos ocasiones anteriores en Mendoza, regresa con una nueva especie de habitantes en situación de metamorfosis.

«Soy nacido en Corrientes pero actualmente vivo en Resistencia, Chaco. Igualmente son dos provincias más que divididas, unidas por un río; voy y vengo todo el tiempo. Eso me permite desarrollar la obra en diferentes lugares según la tipología y en función de las características a donde llegará. Muchas veces el tamaño de lo que hago es en función del espacio de la muestra. Mi dinámica de trabajo no es muy estricta: no soy muy metódico. Sí en la producción y en tratar de que la obra quede como espero, pero no en relación a ponerme una determinada cantidad de horas. Puedo trabajar un día entero y al otro sólo mirarla y mirarla», dice el museólogo y licenciado en Artes egresado de la Universidad Nacional del Nordeste.

De carácter más o menos volumétrico, colgadas, cercanas a un gigantesco tapiz en el piso y con dimensiones variables, unas veinticinco esculturas blandas de Gustavo Mendoza habitan la sala de la bodega de Godoy Cruz, situada en un edificio histórico y único, que acoge expresiones de tango, vino y artes visuales. Si los textiles son en esta oportunidad el material primario, otros elementos intervienen en el proceso y conforman el resultado final: maderas, metales, cueros, papeles, masillas, lanas, pinturas y bordados. Asimismo, animales, figuras antropomorfas, bichos con alas y humanoides cobran cuerpo para revelar un estado indefinido del ser y sus pluralidades. En algunos casos, además, aparece una especie de casa o escudo protector artificioso.

«La temática surge un poco de una línea de trabajo que desarrollo ya desde hace mucho tiempo. El puntapié inicial siempre para mí es el entorno, la naturaleza, lo que tiene que ver con lo que nos rodea y dentro de eso, diferentes ramas de desarrollo. En este caso me llamaba la atención la instancia de latencia que tienen muchos insectos, esa especie de cápsula de tiempo detenido en la que se produce una transformación. Obviamente que dentro de la temática me permito algunas licencias para tomarla de una manera simbólica. A mí no me interesa mucho el tema científico o la mirada más biológica sino desarrollar una simbología más personal, un pensamiento o una mirada propia sobre ciertas cuestiones», comparte.

Lo que circunda hacia adentro y hacia afuera marca los horizontes creativos del autor de exposiciones como «Naturaleza Mórbida», «Manglar», «Brote» o «Ananá». En «Todo ser es un bicho», el artista vuelca preguntas y cuestionamientos sin detenerse en muestrarios o catálogos de lo existente sino con la flora y la fauna de sus provincias adheridas a lo magia de lo cotidiano, atravesadas por su propio lente, con pensamientos que lo desvelan, con ironías y herencias culturales que llevan el oficio y las huellas de sus manos.

«El textil ocupa un lugar muy importante en mi producción y me permite desarrollar otras líneas de trabajo, como también fusionarlas. Al mismo tiempo puedo estar produciendo pintura en bastidor, una serie de objetos de madera y lo textil o esas mismas materialidades juntas. Y sí, el entorno siempre se ha filtrado en mi obra y me parece interesante. Al principio lo hacía, no sé si de manera inconsciente pero sí más libre de pensamiento; no lo analizaba tanto. Ahora me parece importante volcar la mirada en el entorno pero porque también en la obra se ve nuestro accionar sobre la naturaleza».

«Todo ser es un bicho» puede visitarse en Bodegas Caro desde el lunes 29 de julio hasta el 29 de octubre. En Presidente Alvear 151, Godoy Cruz.