En su apuesta por ver crecer el cine de Mendoza, esta activa trabajadora de la industria se prepara para un estreno en agosto y el rodaje de otras tres películas cuando el contexto lo permita.

    Sofía Toro Polliccino es parte de la agrupación feminista Audiovisualas Mendocinas, su motivación es integrar equipos que la lleven a conocer nuevos mundos y diversas realidades.

    A una semana de empezar el rodaje en Mendoza de la película «Historias invisibles» y tras cinco años de pre-producción, la cuarentena tomó por sorpresa a todo el equipo que formaba parte del proyecto. La historia, dirigida por Guillermo Navarro, aborda la trata de personas en la Argentina y en las escenas de contacto, las situaciones de violencia, forcejeo y peleas son una parte fundamental de la trama. «Esta peli es muy importante para mí, siento que es un pequeño grano de arena en una lucha que es enorme y que debería ser de todos y todas», expresa Sofía Toro Pollicino, la productora de cine independiente que además es responsable de Río Films.

    En su rol ejecutivo, como coordinadora o jefa de producción, esta cordobesa que de mendocina tiene todo, aguarda el momento en que filmar sea posible, aunque hacerlo implique incorporar nuevos hábitos y códigos, antes, durante y luego de cada realización audiovisual. Largometrajes de ficción en la provincia y un documental en cartera, esperan las pilas con las que Sofía trabaja en la búsqueda de financiamiento, locaciones, actores, permisos, distribución y la multiplicidad de tareas que implica su área de desarrollo.

    «Estudié Cine en la Escuela de Cine y desde primer año tuve una inclinación y un amor por la producción que ahí nomás empecé a trabajar en esto. Luego me presenté a distintas becas para especializarme en Buenos Aires y tuve experiencias en empresas grandes y no tanto del rubro, aunque siempre fue muy claro para mí que quería producir en Mendoza, el lugar más hermoso del mundo. No viviría ni tendría mi productora en otra parte. Yo quería formarme haciendo y durante mis años de estudiante trabajé en varias publicidades, pequeñas series, algunos documentales y películas de ficción», comparte.

    La preparación permanente, sus cualidades innatas y una curiosidad creciente, la llevaron a una búsqueda sin respiro entre guión y guión con directores distintos y «siempre haciendo foco en cine de autor, que tenga una mirada original y una proyección internacional». Así sucedió con el último estreno del que fue parte, «Las Furias», de Tamae Garateguy. Rodada en nuestra provincia en trece días, mezcla de western, Romeo y Julieta sangriento y road movie, el film fue multipremiado y resultó el más visto en mayo en la plataforma Cine.Ar (ahora también disponible en Flow y Amazon).

    En agosto a Sofía Toro Pollicino la espera el estreno de «Con nombre de flor», un documental sobre Malva Solis, la travesti más longeva de Argentina que ya fue exhibido en festivales. Y para quienes no conocen su recorrido previo, fue productora de «Algunos días sin música» (Matías Rojo), la comedia «Personajes peculiares» con Gastón Pauls; jefa de producción en «Eva no duerme» (Pablo Agüero) y también en «Reinas Salvajes», ahora titulada «Las Rojas», la súper producción en Mendoza que convocó a Mercedes Morán y Natalia Oreiro. Además trabajó en la serie «Entre paisajes», un recorrido por sitios y profesiones extremas que la llevan a amar lo que hace: salir de lo cotidiano para ser parte de otros mundos que parecen muy lejanos.

    ¿Cuándo decidís sumarte a una película como productora?

    La producción es un arte, creo, porque es la capacidad de volver realidad una historia de un director o guionista. Primero, obviamente, me tiene que gustar el guión por la temática o por la forma en que es encarado. Me llegan distintos proyectos y a algunas personas con las que me gustaría trabajar, las contacto directamente. Mi trabajo consiste en posibilitar lo que se lee en el papel. Ahí empieza la parte creativa en un sentido enormemente general. Voy aprendiendo sobre temas que me hacen profundizar y eso es una constante formación, más allá de lo que atañe al rodaje. Hay algo que tiene que ver con lo que cuenta cada historia que nos pone y lleva a lugares geniales, como el caso de «Las Furias», donde asistimos a locaciones alucinantes como la Laguna del Rosario: charlar con la comunidad huarpe y pedir permiso para filmar va más allá del cine y es de lo más hermoso que tiene nuestra profesión.

    ¿Cuál es la situación actual de la industria audiovisual en Mendoza?

    Al margen de que hay un montón de cuestiones que se modificaron y quedarán, como los cuidados sanitarios y la conciencia, sobre todo, del cuidado propio y del otro; me parece que Mendoza está mejor que otras provincias muy comprometidas. Acá se está reactivando de a poco con publicidades dirigidas con celulares o a través de streaming y hay un avance en los protocolos de actividades más sencillas; por ahí se activen rodajes más simples que no impliquen contacto entre los actores. Será difícil, pero tal vez hacia fin de año -o cuando sea-, se puedan retomar actividades de manera controlada.

    ¿Por qué sentís que es «el mejor lugar del mundo» para desarrollarte?

    Porque tiene paisajes increíbles, se pueden generar situaciones urbanas con una arquitectura particular que está buenísima, tenemos técnicos de alto nivel, artistas increíbles, un potencial con el clima que nos favorece bastante y hay cuestiones formales, como la cercanía con otros países y ciudades. Hace muy poco se aprobó la Ley de Cine de Mendoza y se conformó la Film Commission de la cual soy parte, que en lo formal implica que el gobierno ponga interés en esta industria que se construye, que genera puestos de trabajo en un montón de rubros y que la vuelve muy plural. En este sentido, tener apoyo desde la Ley de Cine y nosotros estar organizados como provincia, nos posiciona en otro lugar.

    Como realizadora, ¿qué deseos tenés?  

    Mi deseo junto a las compañeras de Audiovisualas Mendocinas, el clúster Film Andes y otros compañeros con los que venimos trabajando, es posicionar a Mendoza como polo audiovisual; que nuestra industria siga creciendo en la provincia, que puedan venir inversiones de afuera. También trato de formarme en un montón de aspectos, más allá de lo que atañe a la producción, como distribución y exhibición, cuestiones de derecho de autor o idiomas. Hay algo que me parece lo más hermoso del cine y es que te lleva a aprender todo el tiempo cosas distintas. En «Historias invisibles», por ejemplo, hemos estudiado mucho sobre las fundaciones e instituciones que hay contra la trata, las luchas de las madres, de las hijas, de los familiares de las personas que desaparecen, así como de chicas que han sido rescatadas. Eso te lleva a tener sensibilidad y empatía con determinadas situaciones para poder investigarlas con respeto, estudiando la situación del otro.

    ¿Qué rasgos de tu personalidad son innatos y necesarios en la producción de una película?

    En cuanto a mi personalidad, creo que la intuición está primero: el olfato para los buenos guiones, para los nuevos proyectos, como así también para lo malo o para esquivar problemas. Por otra parte, estar al tanto de todo y tener una visión general te permiten tener una mirada fría frente a ciertas situaciones que a veces son muy fáciles que se empañen, como los vínculos humanos. Ponerse fuera de lo pequeño y lo personal e intentar mirar toda la mesa considero que contribuye. También el orden, la confianza y el creer en lo que hacés y elegís para ir por todo sin dejar de mirar al otro. Hay algo humano y propio del compañerismo que trato de hacer todo el tiempo consciente para saber que lo que estoy haciendo no repercuta en otras personas.

    ¿En qué consiste la agrupación Audiovisualas Mendocinas y qué han logrado como colegas?

    Las Audiovisualas Mendocinas surge con la enorme necesidad de sentirnos contenidas y ser solidarias y compañeras en la lucha de nuestros derechos, que en el cine, como en tantos ámbitos, han sido relegados. Tenemos la clara importa de formarnos, de capacitarnos en la lucha, de hacer valer nuestros derechos como hacedoras audiovisualas, de hacer visible nuestas problemáticas, de contenernos cuando se necesita. Es una agrupación hermosa en la que prima la horizontalidad y el llegar al consenso, exponiendo cada una su visión entendiendo la mirada de la otra. Mendoza tiene mujeres talentosísimas en diversos roles y actividades y lograremos que cada una opcupe el lugar que se merece.

    ¿Te gustaba ver muchas películas de chica? ¿Qué cine o directores han dejado marca en vos?

    De chica siempre me gustó representar cuentos y canciones desde lo actoral, hacer videoclips con mis hermanas o primos. Mi mamá y mi papá tienen otra línea, aunque siempre hubo mucho amor por el cine, por las películas y yo tuve mucho apoyo con la idea muy fija de lo que quería hacer. Tuve la suerte de tener esa claridad dentro del rol que quería ocupar y que amo, que es la producción. Ese incentivo por parte de mi familia y amigos, ha sido fundamental para fortalecerme.

    Veo cine y de todo. Mucho argentino, que me encanta. Me gusta el cine español y tengo mis directores predilectos, como todos. De chica tuve un gran amor hacia Tim Burton y sus mundos de realismo mágico que me parecen increíbles. Después con el cine oriental, con exponentes como Wong Kar-wai, que maneja la estética de una manera también alucinante. Soy muy fanática de Almodóvar o de Alex de la Iglesia, que maneja otro código más bizarro y extremo. Argentinos tengo muchos que me gustan, como Lucrecia Martel, Adrián Caetano o nuevas directoras, como Agustina Comodi, que hizo «El silencio de un cuerpo que calla», un documental cordobés increíble.