Muralista y parte del colectivo Asfáltico, José (Rojo) Pavez viaja por México para empaparse de su cultura, y en el trayecto deja obras donde las mascotas no ladran ni muerden: generan conciencia.

En su foto de perfil de WhatsApp, José «Rojo» Pavez lleva la imagen de un perro recostado sobre el piso, con una tela blanca y voluminosa sobre su cabeza. Los perros son también mayoría en sus redes sociales, sobre todo los que pinta en la calle y agrupa bajo el hashtag #Cuidátumascota, una movida que empezó hace dos años con el objetivo de generar conciencia. De gira por México desde noviembre de 2019, «feliz de estar en la cuna del muralismo latinoamericano», Rojo lleva su mensaje a las paredes, extiende nuevos lazos y prepara junto al colectivo de arte urbano, Asfáltico, lo que se viene.

En Isla Holbox, Cancún, Playa del Carmen, Tulum, San Cristóbal de las Casas, Puerto Escondido, una chihuahua, un siberiano, varios chocos callejeros, un dóberman, exhiben sus rostros expresivos y llenos de color, con detalles que hablan de algo más que responsabilidad por los otros seres: canes con correas de Asfáltico, que luchan por el agua o el aguinaldo, que sostienen una botella de vino mendocino o una lata de aerosol. «Cuando veo una pared escrachada en una casa, por ejemplo, le pregunto al dueño si puedo intervenirla. Llevo hechos unos 15 murales en diferentes ciudades de México y me gustaría llegar a los 30. Además de conocer, mi plan es dejar en cada lugar un mensaje. Me fijo mucho en el muro y busco puntos transitados y visibles», comparte.

Licenciado en Artes Visuales, se inició en el arte urbano de l mano de su amigo Kevin Suárez (Re Sin Filtro)  y del profesor Eduardo González. «Siempre me gustó dibujar y del trabajo solitario pasé a incursionar en colectivo y en la calle. La idea de Asfáltico es pintar animales y alejarnos de las figuras de personas que estereotipan. También nos gustaría llevar la obra a formatos más grandes, edificios, autopistas, puentes, estadios; hasta eso no vamos a parar», dice el viajero que, impulsado por el estímulo de sus padres, en 2014 recorrió Centroamérica y dejó sus primeras obras a lo largo del camino.

«En cuanto a mi obra más personal, me gustan diferentes técnicas y materiales: témperas, acrílicos, látex al agua, óleo, crayones, usar las manos. Me copa experimentar y durante un tiempo en el que trabajé mucho en tapicería, hice collages con telas y pinturas. Si bien no abandoné nunca la obra de taller, creo que la sociedad necesita del mural y los colores y hacerlo me devuelve algo muy gratificante», afirma. La escultura y el grabado son otros de los lenguajes predilectos para este artista que junto a Asfáltico ha girado por buena parte de la Argentina.

«Hace un tiempo la Fundación Pinta Argentina nos convocó a pintar unos comedores de Margarita Barrientos y nos dimos cuenta de la cantidad de perros callejeros que había y por los cuales tengo una atracción especial. Para mí son un espejo pero también un reflejo de mi infancia junto a un dóberman que tuve y al que sentí como un hermano, que tanto me acompañó. Tengo un enrosque que transmito y llevo a todos lados. Tuve la suerte de colaborar con el Proyecto Persiana -de Buenos Aires- y de haber pintado un hotel para perros en Zárate, provincia de Buenos Aires, que se llama La Manada. El arte urbano es para mí una forma de vivir que me mantiene conectado a ideas que tengo por delante».