La artista integra la última inauguración de la Mansión Stoppel; un recorrido en formas, colores y recuerdos de la literatura, el erotismo y la intimidad vuelta obra.

«Soy de la provincia de Buenos Aires. Mi pueblo se llama La Colina, un lugar de muchas lomadas. De niña, yo miraba para un lado y era todo celeste con flores de lino y miraba para el otro y era todo amarillo de girasoles. Yo creía que estaba en la cúspide del mundo y cuando vine a Mendoza me di cuenta de la imponencia de la Cordillera. En aquella obra (la señala) están las bicicletas con los muñecos que me representan a mí y a mi amigo, y en el fondo, el cuadro con el paisaje donde tantas veces soñamos», dice Raquel Fluixá mientras recorremos su obra.

A una casa de su casa, están abiertas las puertas del Museo Carlos Alonso (Mansión Stoppel) y en el primero y segundo piso del Espacio B, las obras recientes y distantes, los objetos, los recuerdos que conforman «De lo que pasa en la casa», una exposición que cuenta con la curaduría de la artista visual Marcela Furlani. La intimidad, el refugio, el tema, su casa incendiada en 2013 y vuelta a levantar, la literatura, el erotismo y la sensualidad organizan los dos capítulos que Furlani generó para que las obras de Raquel interpelaran al público: «uno vinculado específicamente al hábitat y el otro dedicado al erotismo en un sentido amplio».

Quien conozca la casa de la artista formada en la «Escuela Superior de Bellas Artes Ernesto de la Cárcova» sentirá que parte de su hogar y de su espíritu están ahora en la Mansión Stoppel. Para quienes no tengan el gusto, acercarse a esta exposición marcará un encuentro directo con su entorno. Están su sillón, sus discos, sus plantas, su alfombra, las pinturas de su autoría dispuestas del mismo modo, sus dibujos y las instalaciones que ella denomina chatarras. «Sus imágenes se apoyan en una poética narrativa y lejos de realizar una obra complaciente, su lenguaje siempre es impetuoso ya sea en el color o en el trazo del pincel», comparte la curadora, quien además escribió los textos que relatan la historia de algunas de las obras.

«Yo pensaba que ya no iba a seguir exponiendo. La vida me ha dado demasiado. Soy la primera mujer que está junto a las chicas (se refiere a Mariana Barón, Clara Ponce y Florencia Breccia) en este espacio en el que de niñas corretearon mis hijas y que era una guardería de bichos. Decidí compartir mi exposición con la de estas artistas jóvenes porque si no es todo monotonía y ellas le aportan la frescura necesaria».

Atravesada por la vibración de los colores, Fluixá considera que la música es una compañía fundamental en su vida. Clásica o folclórica aunque extensiva a todos los géneros, sus días en soledad suceden entre composiciones y canciones y bromea que con un concierto de Chaikovski se convierte en la mujer más buena del mundo. El humor y la osadía están a la mano de la artista, una lectora voraz: «Creo que primero pintás lo que es tuyo, lo que sos, pero se van agotando las ideas y yo descubrí que si leía un libro que me impactaba, lo podía interpretar y llevar al plano de las artes visuales».

Alejandra Pizarnik, Olga Orozco, Gabriel García Márquez y Oscar Wilde aparecen evocados en esta muestra presente y retrospectiva. «¡Oh! ¡Oh! No soy yo. No soy yo. Cómo me van a decir que yo pinté todo esto. No es porque sea bueno sino porque es inaudito. ¡Vos sabés los años que me ha llevado hacerlo! Se me ha ido la vida pintando. Se me ha ido la vida de una manera deliciosa».

Datos de visita

«De lo que pasa en la casa», de Raquel Fluixá permanece abierta al público hasta el 8 de agosto en el primero y segundo piso del Espacio B del Museo Carlos Alonso, en Av. Emilio Civit 348 de Ciudad. En Planta Baja exponen Florencia Breccia, Clara Ponce y Mariana Barón las obras de «La estrategia del caracol». Ambas muestras cuentan con la curaduría de la artista visual Marcela Furlani.

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