El artista radicado en Buenos Aires es la tercera generación de una familia de plásticos. Sus obras crean mundos y cosechan destacados premios y reconocimientos.

«Me interesan cosas  y en torno a eso genero imágenes que no están regidas por una disciplina puntual. Está bueno que el arte contemporáneo te permita, dentro de un mismo cuerpo de obra, trabajar en distintos formatos». El que habla es Ramiro Quesada Pons (30), el nieto de Luis Quesada, el hijo de Ramiro, el joven que un día dejó su carrera en la UNCuyo y apostó por Buenos Aires para participar del Programa de Artistas de la Universidad Torcuato Di Tella.

Fotos, videos, objetos, instalaciones y esculturas son las disciplinas que utiliza en función de las ideas y los proyectos que lo entusiasman. Haber nacido en una familia de artistas es un hecho autobiográfico que vive con naturalidad, asegura, y que con el tiempo y la distancia comprendió la huella que significaba. El dibujo en la infancia de Ramiro estuvo tan presente como los cómics y las películas que más allá de la trama insistía en ver una y mil veces.

«Yo me considero más un creador de imágenes que alguien que tiene un oficio, como un pintor o un escultor. Mi método de trabajo es medio un mix, no es todo el tiempo igual. Trabajo más por proyectos o por series o en función de una muestra o de un espacio. El hecho de cómo vemos el mundo por medio de imágenes planas tiene que ver con mi trabajo. Me interesa la idealización que generan las imágenes, los formalismos,  su circulación», describe Quesada Pons.  

En la muestra que actualmente presenta en la galería Miranda Bosch, Ramiro realizó una instalación de esculturas en busca de una situación de alto contraste. Las formas construidas con yeso, madera y telgopor, y su corte primitivo y sintético, conviven con imágenes de Internet. El vínculo entre lo material y lo que proviene del mundo virtual conforman esta exposición de fondo azul en la que coexiste una mezcla entre polos opuestos.

En Buenos Aires es parte de una «colmena de artistas» -en palabras de la periodista María Paula Zacharías- que integra La Verdi, en el barrio de La Boca. Así es como en un edificio antiguo, Ramiro Quesada Pons tiene su taller junto al de otros colegas como Ana Gallardo o Gabriel Chaile.  «Me interesa tener una base acá porque tengo más posibilidades de desarrollarme y eso representa más desafíos», comparte.

«Trabajo mucho para que mis proyectos me convenzan y queden lo mejor posible; después trato de difundirlos. Me sirve mucho el diálogo con colegas amigos para pensar y no quedarme con ideas cerradas en torno a lo que hago. Generalmente con mis obras pienso en imágenes, que en algunos casos determinan un formato puntual y otras veces el contacto con un material hace que éstas surjan. Trabajo por grupos y cada grupo tiene una particularidad y da pie para que surja el grupo futuro. Lo que hago funciona como una especie de reacción en cadena»