Desde hace nueve años, este mendocino desarrolla el ejercicio diario de la escritura y cosecha seguidores de lugares que desconoce. En sus redes sociales, comparte los resultados con una comunidad de 19.000 personas que acompañan su decir.

    A veces la vocación llega después de lo esperado y a veces jamás aparece. En algunos casos, la orientación estuvo -de algún modo- siempre allí. En otros, fue parte de intentos fallidos o experiencias humanas que allanaron el camino. Para Pedro «Peter» Cubillos, escribir es parte de una naturaleza descubierta, que hace nueve años tomó forma y rumbo en su vida. En ese espacio de soledad íntima, de silencio casi absoluto, este hacedor autodidacta deja salir frases y relatos que mezcla con ingredientes de ficción y realidad.

    Nació en Chacras de Coria, por entonces una especie de pueblo de Luján de Cuyo. Hasta los cuatro años, tiene 37, vivió en una casa con jardín y perro, con sol suficiente para crecer con alegría: como recuerda esa etapa de su niñez. Su familia cercana conforma un mapa neurálgico en su existir. También los recuerdos en el campo y el andar de los caballos. Pedro sueña con vivir en algún lugar así, de vista limpia e infinita. El fútbol, sus amigos, Mendoza y la suerte, que considera que tiene -y mucha-, no son inseparables de lo que hace: escribir.

    Estudió ingeniería civil e industrial, enología y un buen día, una compañera de trabajo le preguntó si eran suyas las frases que acompañaban sus estados en las redes sociales. Lo negó, pero la inquietud quedó repicando y así, sin pudor, una mañana, una tarde o una noche, empezó a compartir su vocación con las palabras. No vive de la escritura ni quiso estudiar algo asociado a ella. Por ahora, alterna su trabajo en el turismo del vino con su vocación literaria, que se alimenta de fuentes múltiples y diversas. «La verdad no es todo lo que te señalan sino todo lo que te hace bien», deja al pasar en una de sus respuestas.

    ¿Qué huellas identificás en tu camino que te hayan llevado a escribir?

    Me di cuenta, como a los 27 años, de que había dejado muchas señales. A los 15 le escribí un par de poesías a una novia y luego hice un cuaderno con frases de canciones y libros que me habían gustado mucho. Siempre me gustó leer y en la época del MSN, después con Facebook e Instagram, el hecho de subir frases. Una chica que trabajaba conmigo me preguntó una vez si lo que publicaba era mío, yo le respondí que no, pero eso quedó flotando. Cuando terminé uno de los primeros relatos, me dije, qué mal escrito que está pero qué bien me sentí haciéndolo. Creo que ese fue el disparador, la primera señal de que era lo que quería hacer.

    ¿Cuándo empezaste a compartir tus relatos y con intenciones de qué?

    Empecé a compartirlos desde el principio. Lo primero que hice fueron dos novelas que están muy mal escritas pero que me enseñaron un montón de cosas. Quise jugar en primera de una, sin pasar por las inferiores. Después me di cuenta de que me gustaban más los cuentos y las cosas cortas. Hay que saber mucho para una novela, realmente. Lo hice con intenciones de nada, de compartir. En mi IG empecé hace unos dos años y medio, en algún momento gustó y a fines de 2018, 2019 un amigo me dijo que estaba bueno sacar un libro a través de una plataforma de crowdfunding (micromecenazgo): vender el libro por adelantado y con ese dinero pagarle a la editorial.

    ¿Cómo entendés tu vínculo con lo literario? ¿Te sentís escritor?

    Me siento escritor, sí, porque hace más de dos años que no hay un solo día que no escriba. Es la actividad a la que más tiempo le dedico. Simplemente por eso, no por otra cosa. No creo que haya un punto que te defina de una u otra manera. Hace poco hablaba con una amiga y le decía que es hasta medio tonto el pensamiento de que uno tiene un hobby y pierde el tiempo hasta que a mucha gente le empieza a gustar. Hace ocho años decidí que esto era lo que quería hacer y que lo iba a intentar verdaderamente, que no iba a ser un impulso ni un hobby sino que lo iba a intentar. Todavía estoy en eso.

    ¿De qué modo describís tus producciones?

    Diría que son relatos que alternan entre la ficción y la no ficción. Algunos son absolutamente ficticios y otros reales, pero juego mucho mezclando algo que pienso, escuché o vi o alguien me contó, con una situación que es ficticia. Me gusta mucho leer de esta manera. Un cuentista también podría ser porque tengo varios cuentos. De hecho en el primer libro hay nueve y en el próximo habrá dos. Es lo que más me gusta: escribir y leer. Creo que el cuento tiene la longitud perfecta para no agotar mi interés a la hora de leer y dar un mensaje más profundo de lo que pueda tener un escrito corto. Si bien hay novelas que no me han hecho perder la atención, siempre en alguna parte siento que estoy pasando un bache hasta que se vuelve a poner interesante.

    ¿Tenés algún método, clima o atmósfera dispuesta para la escritura?

    Necesito estar solo para escribir. Cuando vivía con mis viejos me iba a un café o a alguna otra parte pero me resultaba imposible. Estar solo, sí. Generalmente escuchar música un rato antes de sentarme como para ponerme en un ambiente. Escucho mucha música folck, que es muy tranquila. Voy mucho al parque a leer y a escuchar música. Ahí se me han ocurrido varias cosas; también en conversaciones con otras personas. Creo que las ideas están en todos lados. Hay una especie de gimnasia de la cabeza que vengo haciendo y que tengo incorporada para disparar un hilo y empezar a escribir.

    ¿Qué podés compartir sobre tu primer libro y el que está en proceso de edición?

    El primero es «Relatos para desinflar cualquier martes». Un título muy casual; después me enteré que está comprobado que el martes es el día más estresante de la semana. Es un libro de relatos un poco más ingenuos, con una visión del mundo transparente, una visión que todavía tengo, medio hasta aniñada en algunos casos. Tiene más de 100 relatos y ocho cuentos.

    El segundo saldrá el mes que viene y se llama «Reflejos»; es un libro un poco más interno y visceral. El nombre muestra que somos un poco todos lo mismo y a todos nos pasa un poco lo mismo. Son relatos de vivencias cotidianas, relacionadas al amor y el desamor, es más personal.

    ¿Cómo entendés la «inspiración», en tu caso?

    La inspiración es algo muy efímero y muy poco probable que ocurra varias veces, o que tenga continuidad. Creo que se trata de una práctica diaria, de un ejercicio. Creo que todos los días uno genera la posibilidad de que aparezca y si no aparece, de hacer lo mejor posible, pero creo que va más en la práctica que en otra cosa. Creo que la inspiración tiene poco que ver con la trayectoria de cualquier persona de cualquier índole.

    ¿Tener 19.000 seguidores en Instagram significa un número? ¿A qué pensás que se debe?

    Creo que tiene que ver con un poco de todo. Por un lado con mi forma de escribir, que es bastante fácil y cotidiana. También con contar muchas cosas del día a día que le pasan a las personas en general. Es popular lo que hago, en algún sentido. Creo que tiene que ver con que IG es una red social de imágenes donde yo posteo solamente escritos y eso es algo diferente. Por ahí llama la atención eso. Un escrito además se comparte y tiene llegada, entre tantas fotos.

    ¿Qué recursos o formas encontrás que son parte de lo que hacés?

    Para escribir hay que leer el triple, no hay otra manera, es el recurso más importante para mí. Quizá haya otra pero no para mí. El otro es escribir mucho para ir puliendo. Lo más difícil, creo, es generar un estilo propio y creo que lo estoy logrando de a poco, hace tiempo alguien me lo marcó. Está presente lo cotidiano y que fluya lo que tenga ganas de salir.