Objetos, recuerdos, sueños y energías rondan las esculturas de inspiración femenina de esta artista plástica que enciende la poesía en su taller de la Ciudad. 

 

Empezó como muchos: probando con distintos materiales -resina, yeso, cartón, cemento- hasta que descubrió la chapa.  «Ahí me quedé enamorada. Es como si hubiese entendido cómo trabajarla. En apariencia es ruda y rígida pero en realidad es súper plástica y maleable». Mónica Souza es la artista que habla sobre otro aspecto que la maravilló desde el principio: la permanencia -ante la impermanencia de casi todo- del metal.

Una carrera universitaria que finalizó con  «mil interrupciones» acompaña su formación junto con un pasado ligado al dibujo, el gusto por lo estético, un abuelo joyero y las mujeres-guía que la abrazan: su mamá Leticia, su tía Doris, sus abuelas Pierina y Violeta. El agradecimiento lo extiende a su compañero Gastón y a sus hijos, Matías y Agustín. Después de quince años de trabajo en Vendimia y otros tantos en docencia, hace apenas tres o cuatro que Mónica se abocó de lleno a la producción artística personal.

Entonces volvió propio el consejo del  «chamán» del Taller de Fundición, Raúl Molina:  «salir con una carpeta bajo el brazo a recorrer espacios para mostrar la obra en fotos, y eso hice». Primero en soledad y luego conectada con los grupos de pares forjó en poco tiempo su vuelo escultórico. El proceso comienza con un cuaderno de anotaciones al que acude cada noche y sigue por la mañana, muchas veces con los sueños frescos. La mujer es su gran tema de trabajo y sus materiales, arcilla, chapa, amoladora y martillos.

«Nada está quieto para mí y por eso el movimiento pendular es algo presente en mis obras, que muchas veces cuelgan. También aparecen los colibríes, con los que estoy terminando una serie de trece esculturas utilitarias compuestas de trece partecitas soldadas; ese número significa para mí inicio-fin-inicio. En el camino del arte, me parece que lo que vas encontrando en el camino es lo más valioso, esas personas, momentos e intercambios. Creo que todo sentido se completa con eso», dice Mónica y se prepara para lo que se viene: una muestra con Patricia Suárez Roggerone inspirada en la mujer y su magia cotidiana.

 

Hasta abril, además, la escultora es parte de la última muestra del proyecto Reencarnaciones que coordina Gabriela Nafissi en la Bodega Monteviejo. Tarabust – Áfono & sonoro es el nombre del proyecto que nuclea a un artista visual con un músico para la realización de una obra y que en su caso lleva como acompañante a la cantautora Paula Neder. La propuesta incluye instalaciones visuales y sonoras trabajadas por duplas y con fragmentos de textos como disparadores.
Los otros artistas que integran las producciones son: Vivian Magis y Seba Garay, Matías Ruarte y Víctor Silione, Leo Pedra y Hernán Gómez, Romina Baigorria y Lilian Giubetich. La muestra puede visitarse previa reserva a: [email protected]

Nota: Andrea Calderón

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