Artista de profesión y ebanista de oficio, comparte su hábitat de esculturas y muebles, un templo de puro arte en El Bemejo.

Hace más de 20 años que Miguel Gandolfo y su compañera Laura Valdivieso residen en Bermejo, una permanencia para nada casual nacida del sueño del maestro Luis Quesada de convertir esta localidad de Guaymallén en un espacio para la radicación de artistas y artesanos. Miguel creció con los juegos de madera que imaginó en la carpintería de su padre, más tarde aprendió el oficio también junto a Cayetano Arcidiácono y luego encontró en la carrera artística de la UNCuyo una respuesta a su necesidad expresiva. «Yo no hago talla ni trabajo con motosierra sino que aplico técnicas de la carpintería a las que agrego partes, cepillo y genero una construcción geométrica. Mi pieza tiene el carácter aunque no la forma de un mueble», comparte.

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De a poco, piensa, su obra artística y su producción como ebanista se fundieron y en algunos casos, fusionaron. Subyace entonces, la idea de las artes aplicadas y el interés por «contaminar» distintas disciplinas. Sin límites claros ni oficios puros, apunta más bien a la mirada del espectador, al contexto preciso y a la interpelación que generan los interrogantes. Múltiples referencias aparecen como inspiración para Gandolfo y la geometría como el camino elegido para la creación de sus piezas. «Mi búsqueda es compleja y se orienta hacia el desafío técnico», resume.

En su taller trabaja junto a un equipo de colaboradores y en algunos casos de la mano de otros profesionales en el diseño exclusivo de muebles. Un pedido con requisitos precisos, a veces, o con aportes sugeridos, y en simultáneo, hechos artísticos que acontecen sin boceto previo ni maquetas. «Estos nudos que yo hago mutan a medida que salen y el hincapié está puesto en el proceso. Está la idea objetiva y racional del oficio pero también lo caótico, lo azaroso, lo arbitrario». Las obras de Miguel Gandolfo integran colecciones públicas y privadas a nivel nacional e internacional, y desde 1986 expone activamente dentro y fuera del país, a tal punto que en 2016 fue seleccionado con un mueble de autor en la Bienal Iberoamericana de Diseño realizada en Madrid.

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«He tenido otras etapas de trabajo en mi producción artística, aunque la de los nudos es la que más he desarrollado», dice el artista mendocino que actualmente expone una de sus piezas en el espacio cultural de Hipercéramico que coordina Daniel Rueda, Arteh. «La madera está siempre presente. Al principio no era mi intención. A pesar de que en mis trabajos aparecen formas rígidas y ángulos sin curvas, el resultado tiene algo de orgánico que a través de los años he asociado a los árboles y a la naturaleza, algo que creo que quedó impregnado en mí desde niño, cuando empecé a dibujar en la Escuela al Aire Libre junto a Rosa Arturo».

Una obra sin huella aunque con impronta es la que persigue Gandolfo cuando elige a las máquinas como herramientas de trabajo. Maderas semi-duras y poco expresivas son las que aborda en busca de neutralidad. Petiribí, guatambú y hasta roble de toneles son algunos de sus lienzos: «Tampoco el artista tiene la obligación de pensar todo lo que hace; cuando uno hace una obra puede tener otras interpretaciones por fuera de lo que uno intentó y eso también es válido. Lo que pasa con una obra no se puede controlar».

Nota: Andrea Calderón

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