Desde el 19 de diciembre y hasta el 10 de marzo puede visitarse esta exposición que combina la singularidad de Silvia y Marcello, en Casa Vigil Chachingo.

    Cuando Silvia Mechulán y Marcello Mortarotti fueron convocados por Fernando Gabrielli, el responsable de promover las artes visuales en Casa Vigil, pensaron sobre todo en el espacio y su dinámica. Fue así como imaginaron un recorte de sus producciones artísticas por fuera de lo que hubiesen planteado, por ejemplo, si la muestra era en un museo o en una galería. Atraídos por la bodega del enólogo Alejandro Vigil y su propuesta enoturística, que funciona en el corazón de Chachingo, los artistas mendocinos trabajaron para ligar sus obras al encanto del vino, la gastronomía y el paisaje que todo lo rodea, en Maipú.

    Silvia y Marcello se conocen desde hace años, cuando eran dos creativos inexpertos en busca de su camino. Los une una misma generación, dicen, y ambos coinciden que un espíritu de libertad por fuera de ataduras técnicas o lenguajes permanentes.

    «Eso, creo, nos permite abordar lo nuestro sin tanto prejuicio a pesar de la trayectoria que cada uno tiene. Siento que nos servimos del desenfado mismo que propone el arte», expresa el autor de Natura-Contra natura, una especie de serie compuesta de trabajos de distintos momentos donde el universo material es alterado por la acción del hombre. La integran fotografías -algunas intervenidas con materiales como brillantina- y pinturas sobre espejos. Además, quien visite la exposición podrá recorrer las obras emplazadas en los postes de los viñedos, unas esculturas de cerámica esmaltada que Mortarotti realizó junto a su compañera, Puchi Sánchez.

    En el caso de Silvia, si bien estaba un poco alejada del circuito del arte local, el entusiasmo de compartir con Marcello y la posibilidad de exhibir las fuerzas que la movilizan la llevaron a mostrar las pinturas que ahora pueden disfrutarse. Están las de la Virgen de Guadalupe, reunidas en un santuario imaginario y como una forma de agradecimiento a la conexión que con ella siente, sumado a algunas piezas abstractas en las que utilizó cápsulas de botellas de vino, una gran esfera intervenida y corazones repujados en aluminio.

    «He tratado de presentar obras en pequeño formato pensando en el espacio, que es alucinante y que propone un recorrido especial. Si bien no soy para nada religiosa, sí estoy unida a lo pagano y tengo una fuerte afinidad con los símbolos, que aparecen muchas veces en lo que hago. Con la Virgen de Guadalupe, cada vez que la pinto, alguien la quiere y la lleva porque tiene una historia con ella y eso es muy conmovedor para mí», expresa la artista plástica, que además es música y en lo que sea que aborda, el poder creativo la acompaña.

    ¿Qué encuentran en sus obras, como intacto o presente, a pesar del tiempo?

    Marcello: En mi caso está la luz. Hay una atracción hacia eso y hacia formas que nacen de la naturaleza pero que han sido tocadas por las manos del hombre.

    Silvia: Creo que en lo mío, persiste el amor como tema, aunque el amor no romántico. A su vez, el simbolismo ha estado y sigue siempre presente.

    «Enemigos de Verano», de Silvia Mechulán y Marcello Mortarotti puede visitarse desde el 19 de diciembre y hasta el 10 de marzo en Casa Vigil Chachingo, Videla Aranda 7008. Para más información escribir a [email protected] o llamar al 4139178.