La pintora mendocina radicada en Buenos Aires expone hasta el 3 de abril en Mandrágora Galería

Las pinturas de Marta Vicente conmueven en el sentido estricto e indescifrable de la palabra. Por supuesto que hablar de arte tiene como punto de partida la subjetividad: ese encuentro con el mundo propio, ese cara a cara con lo que enternece y moviliza desde los cimientos más profundos. Esta vez la artista mendocina habituada a Buenos Aires comparte su sentir traducido a pinturas que conforman una calesita de historias pinceladas: «Son una familia de imágenes, de símbolos. Cuando armé la muestra y vi todo junto, me di cuenta de que existe un hilo conductor que no es pensado ni tiene nombre. Al recorrer la exposición comprendí que se trata de una especie de camino».

Un camino de ensueño donde lo que se muestra vive, tiene perfume, viento, música, color y momentos. Son momentos cargados de una fuerza expresiva que emociona, despierta el asombro, hipnotiza e invita a mirar a su autora y volver a la obra para entender que fue ella la que hizo eso, «eso» maravilloso. Narrar es entonces su motor y hacerlo mediante imágenes su herramienta. «Pinto personajes que sueño, que veo, que me encantan… ese disfraz, aquella niña… y cuando empiezo a trabajar entiendo que lo que sale es mi propia fibra y a mi pesar. Nunca me preocupo por el estilo o el tema. Cuando somos honestos con nosotros mismos, el estilo va saliendo solo», dice la mujer que desde hace 40 años juega de modo indefinido con la poesía a la vista.

Lo onírico, lo infantil –en el sentido retrospectivo de la palabra–, el regreso a través del recuerdo a las sensaciones de la niñez, le abren las puertas a un mundo imaginario que hasta el 3 de abril expone en Mandrágora Galería, el espacio céntrico que coordina Andrea Cano. «Creo que es el único lugar donde se puede ver arte de forma armónica. La galería está puesta al servicio del artista profesional y en este caso, Andrea visitó mi taller, elegimos las obras y armamos un conjunto que ha tenido muy buena respuesta por parte del público. Al no exponer en Mendoza desde hace mucho se valora el contacto con la materialidad de la pintura, los rastros que quedan de las pinceladas, del lápiz, y eso es muy importante», destaca.

Fue en 2007 que Marta Vicente compartió su producción artística en Mendoza por última vez. Lo hizo en el ya desaparecido MUCHA, el Museo de Chacras de Coria, con ilustraciones de libros, de algunos cuentos clásicos que tanto la enamoran, además de obras en gran formato y «otras búsquedas que quedaron un poco ahí». Y si bien Buenos Aires es su lugar desde hace más de tres décadas y la ciudad donde conserva lazos entrañables, dice que lleva Mendoza «pegada a la piel», como a su hija Florencia, a sus nietos, a sus hermanos y a los amigos que viven aquí.

Hija del artista Mario Vicente, merecedora de destacados premios y dueña de un vuelo sin fronteras, Marta dice tener una relación abierta con el inconsciente en la que mientras más trabaja con lo real, más brota su imaginación. Horas de taller entre colores y materiales diversos, de una sostenida disciplina, de música diversa y de conversaciones interminables con su pareja Luis Scafati, estimulan su narrativa pictórica que atrapa relatos, sueños y fantasías de los paisajes que la habitan, ahora abiertos al público.

La muestra de Marta Vicente puede visitarse de lunes a viernes de 17 a 21 en Mandrágora Galería de Arte, 25 de mayo 780 de Ciudad. Entrada libre y gratuita. Para más información: FB: Mandrágora Galería

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