Carpintero nato, Ruffo confiesa estar viviendo una transformación encantadora gracias al arte. Las esculturas y los objetos de diseño son su nueva pasión. 

    En el ADN de Mariano Ruffo estaba la carpintería pero ese gen recién se despertó hace dos décadas atrás, cuando el oficio lo «flasheó». Su bisabuelo era el propietario de Galería Ruffo, allá por los 40-50 y ahora él tiene su propio taller.

    «Fue un despertar rápido» en Estados Unidos, cuando vio que podía crear todo tipo de «cosas»; arrancó con amoblamientos y carpintería de locales comerciales e intervenciones escultóricas que tenían a la madera como base.

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    Con el tiempo, Chino -como le dicen- abrió su propia carpintería en Mendoza y le dio su impronta al trabajo, esa curiosidad por encontrar materiales que son desechos para algunos y para él, materia prima ideal para dejar volar su imaginación y crear piezas únicas. Como una mesa cuyas patas son los tirantes de un galpón de una bodega y la tapa de lapacho, proviene de los retazos de una báscula de camiones; o candelabros realizados con maderas de un pallet industrial.

    Sus muebles hechos a mano, son personalizados y mientras Mariano une trozos de madera reciclada, se deja seducir por otros que luego serán convertidos en esculturas y objetos de diseño. Sí, en la carpintería Ruffo también se crea arte.

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    «He ido transformándome, ahora estoy en una etapa nueva que arrancó hace un poco más de un año. Si bien la carpintería es mi base, estoy haciendo piezas escultóricas con troncos de árboles», revela quien está en permanente formación.

    Dice que está en «proceso» de perfilarse como artista y también lo están las maderas que usa para estas creaciones: arbolado público cortado por las municipalidades.

    «Lleva tiempo construir un objeto de diseño o una pieza de arte, pruebo hasta encontrar lo que busco o hasta que me encuentre algo a mí», comparte mientras caminamos por su carpintería que está colmada de trozos de paraísos, moras y álamos.

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    «Ahora estoy desnudando la madera, me voy encontrando con la madera natural y es sorprendente, la voy limpiando y respeto sus vetas y forma originales». Y es que cada tronco trabaja de manera diferente y al ir secándose se abren de manera distinta, «es una investigación permanente».

    El proceso de secado de esta materia prima no es para impacientes, puede tardar un año, y el resultado es desconocido porque el paso del tiempo hará que el material se deforme, cambie de color, se agriete y demás.

    ¿La madera te da  señales de que está en óptimo estado para ser trabajada? 

    Hay varios métodos para ver el grado de humedad que guarda, uno es el sonido. Depende de cómo suene es si ya está seca o no, igualmente varía mucho de una madera dura a una blanda. Cuando no estoy muy seguro, la dejo estacionar un tiempo más.

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    Piezas de arte a partir de troncos de árboles

    Mariano es una apasionado por lo que hace y en todo momento resalta su permanente estudio y búsqueda de inspiración; le gusta estar actualizado, aprender y conocer cuáles son las tendencias para saber por dónde ir.

    «Tomo todo como información que me permite orientarme en materiales nuevos, formas, colores, lo cual termina influyendo y modificando muchas cosas que me imagino y hago».

    El arte lo hizo animarse a ir por lo desconocido y a improvisar, a aprender y a crecer. De hecho, ahora está con «un bicho raro que seguramente quedará como la mascota del taller. No está terminada porque a veces pasa eso con las esculturas, las empezas, las pausas y luego las retomás».

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    Lo que sí estaba terminado y vendido son piezas de arte realizadas con álamo carolino. A partir de varios trozos de un mismo árbol elaboró distintas piezas que unió en una serie a la que todavía no le descubre el nombre.

    «Mi idea es hacer distintas series con un mismo árbol y así demostrar cómo es en sus raíces, en su zona media o en la parte de las ramas. Quiero compartir lo que me voy encontrando».

    En su casa y en la de sus familiares y amigos hay muchas de sus piezas que son de prueba o que no cumplen con su riguroso ojo crítico. Él mismo hizo todos los muebles de su hogar y el primer objeto de diseño lo conserva a la vista de todos: «unos cuencos y unas bolas torneadas que están de adorno».

    Fotos: Agustina Agost