Es artista, aunque no se identifique con ninguna etiqueta. Esta creadora de San Rafael toma como puente sus herramientas técnicas, para decir en imágenes lo que las palabras a veces no pueden o más bien, hacen de otra manera.

Nació y vive en San Rafael. Estudió Diseño Gráfico en la UNCuyo. Del otro lado del teléfono, la que avisa que se prepara el mate para compartir la entrevista es Laura Iriarte, cuyo nombre artístico es Aura de Tormenta. Lo que hace, dice, es una forma de lenguaje visual. En ese cosmos que construye, el misterio ocupa una buena parte. El resto lo hacen los colores, el dibujo, la pintura y la distribución de cada elemento, dispuesto en imágenes cargadas de poesía. Se disculpa porque habla «mucho» y se ríe al evocar algunas de sus experiencias y proyectos. En esa simpatía que transmite, Laura también manifiesta agradecimiento. «Trato de despojarme todos los días de creencias, ideologías, dogmas o cualquier cosa que me aleje de la búsqueda más simple, la de observarme y observar a mi alrededor. Por eso en lo que hago, no hago referencia a nada en particular, es más bien un experimento de códigos y lenguajes mixturado con algo de dramas y pasiones existenciales», manifiesta.

Sos diseñadora gráfica, ilustradora y muralista. ¿De qué modo el arte atraviesa esos campos?

El diseño gráfico es parte de mi formación y fue mi forma de darle una salida laboral a mis dibujos. La ilustración ha sido mi principal vocación reconocida hasta el momento y el muralismo llegó casi sin buscarlo, como un gran lienzo experimental. Mi búsqueda artística personal le dio salida a las herramientas. Nunca lo esperé, pero la gente me busca por ese lado. No me parece lo mismo el arte aplicado al diseño que el arte en sí mismo. El arte es un espacio sagrado y de libertad, donde se trata de evidenciar o traducir, si es que se puede, sensaciones que no tienen forma en nuestra narrativa cotidiana.

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¿Qué influencias te resultan fundamentales?

Sigo a muchos creativos, de todas partes y de todos los ámbitos. Amo la música y le dedico tiempo para investigarla. Pero lo que más me influencia es la naturaleza y mis amigos. Mis círculos están compuestos de personas súper inspiradas y vinculadas generalmente a alguna rama artística o búsqueda dedicada. Nos influenciamos y acompañamos mutuamente trasmutando sentimientos y visiones a una suerte de juego conceptual, entre ida e ida a la montaña.

¿Cómo es tu proceso de trabajo?

-Me cuesta hablar del proceso de trabajo, es bastante personal. Lo que he estudiado sobre lenguajes, simbología, composición y percepción, herramientas que manejo, ya están en mi interior. Entonces cuando quiero decir algo, ese algo llega y este mismo lenguaje me lo traduce, o por ahí si estoy trabajando para alguien, esa persona me da un disparador. Funciona un poco solo: mientras más sentida y libre es la creación, menos racional es el proceso.

¿Qué le aporta el muralismo a un lugar?

Es impresionante el efecto que tiene el arte urbano, porque no es como exponer algo en una galería. La intervención está ahí para todo tipo de personas que no están esperando encontrarlo y de repente está. Eso te hace replantearte algunas cosas a la hora de comunicar, lo que vas a producirle a quien se lo cruza. Es como un regalo sacar a las personas dos segundos de su vida cotidiana para llevarlas hacia donde el mural las lleve. El muralismo resignifica los espacios. Más allá de que personalmente no busco el embellecimiento en sí mismo, a la gente la hace muy feliz ver toda clase de murales sobre las paredes. En San Rafael ahora existe esta forma de expresión, pero hasta hace unos años era casi nula y es hermoso lo que ha pasado: ha sido una ola expansiva y me siento muy agradecida de haber podido participar y presenciar este proceso.

¿Hacia dónde te gustaría llevar lo que hacés?

-Mi desarrollo actual pasa por expandir las herramientas, trabajar en proyectos colaborativos e interdisciplinares, cambiar de lugar de residencia y mucho más no sé, porque siempre es fluctuante cómo las cosas se van dando. El año pasado viajé al festival APU de Poéticas Urbanas en Monte Grande, Buenos Aires, donde pinté el muro más grande que hice, de casi tres pisos. Estoy muy feliz de esa oportunidad, no la esperaba porque no estoy buscando la identificación y participación del ámbito del muralismo en concreto, aunque es una gran herramienta y si surgen festivales o propuestas interesantes, sin duda jugaré.

¿Por qué Aura de Tormenta?

Aura está dentro de Laura. Cuando éramos más chicas, con una amiga y colega, salimos a hacer un poco de vandalismo y le pregunté cómo firmar. Me dijo que podía sacarle una letra a mi nombre, como hacían algunos graffiteros, y me quedó de ahí. Me gusta mi nombre. El «de Tormenta» es mi usuario de Instagram, donde se me puede encontrar y me lo puse jugando a Pokémon Go con un amigo. Mi Kin Maya es «tormenta» pero lo utilizo fuera de esa referencia, simplemente es un dialogo de imágenes que me gustó.

¿Sos reservada al momento de mostrar lo que hacés?

-Sí, soy algo reservada a la hora de mostrar porque ya me cansé de hacer tanto lío. Antes opinaba un poco más y me mostraba más y no me sentía cómoda. Por todo el machismo que se vive en general y en el ámbito del muralismo ni hablar, la pasé mal. A algunos les importaba más que yo fuera mujer que mis ganas de pintar. Un día borré todas mis imágenes para que la gente haga foco en lo que hago y no en mi aspecto, mi persona, mi vida personal, si soy mujer o qué. Trato de cuidar lo que muestro, aunque actualmente ya estoy más amigada con personajear un poco, hoy ya me río más por suerte.

El dibujo te acompaña desde siempre. ¿Qué pasos diste luego hasta estar donde te encontrás ahora?

El arte puede ser muy terapéutico. Es muy personal y es muy subjetivo, los pasos que he dado hasta el momento pasan por tratar de hacer algo que signifique para otro. Además de significar para mí, tratar de lograr ese puente de comunicación. Soy estricta para pulirme y me gusta mirar referentes, ver cómo usan la técnica, soy dedicada en la búsqueda. Quiero expandirme hacia otras herramientas porque el dibujo es algo súper quieto, meditativo, individual y más allá de que el muralismo lo saque un poco de ese lugar y lo vuelva a veces hasta un deporte extremo, quisiera trabajar en proyectos colectivos. No me siento cómoda poniéndome ningún título en particular, ni siquiera el de artista. Seguramente siga comunicando y creando.

¿Cómo concebís tu obra, tu producción artística?

Si veo algo en lo que me caracterizo es en ser bastante cambiante, sí es cierto que se me ha dado bastante la herramienta digital, el arte aplicado al diseño, el muralismo. Las temáticas me gustan desde chiquita y van fluctuando según mis sentimientos. Como diseñadora y en lo personal, he estudiado mucho sobre simbologías, tengo en cuenta la semiótica, me gusta la historia de diferentes culturas y disfruto de la contemplación, siempre. Soy muy curiosa, como un niño. No he sentido que esté configurando mi obra personal y más allá de que me dicen que todo tiene una línea, a mí me cuesta verla. Sé que algunos puntos van uniendo lo que hago, aunque creo que está más allá de mi control. Recién ahora estoy empezando a detectar algunas cosas que quiero.

¿Dónde ver los murales de Aura de Tormenta en San Rafael?

Aunque varios forman parte de espacios privados, otros están localizados en comercios, como Merlín, en el Parque de los Niños. «Pinté, por ejemplo, uno que está en Mitre y Chaco, que es del segundo concurso que organizó la Municipalidad. Se llama Otrxs Códigos y en él se puede ver a un niñe junto a un perrito en un contexto marginal».

Hay otro en calle Lisandro de la Torre y San Juan Bosco, que resultó del Primer Concurso de Muralismo que organizó la Municipalidad de San Rafael, en 2019, en el que Laura obtuvo el primer premio con un mural titulado Los deseos de las semillas. Otros están ubicados en Colón y Mitre, y en Bandera de los Andes camino a Valle Grande.

«Me pasa que van quedando como viejas las cosas y tampoco quiero difundir mucho mi trabajo del pasado porque a veces ya no me identifica, miro murales y dibujos más antiguos y digo «mmm». Soy autoexigente. En Mendoza hay un par bastante antiguos de cuando vivía allá y uno en Godoy Cruz. Ya sería hora de que vaya a actualizar un poco; ojalá que sí».

Para ver más sobre la obra de Laura Iriarte, su IG es @auradetormenta