Tras quince años de investigación, este recorrido por el diseño gráfico y de productos en la provincia lleva la impronta del diseñador especializado Wustavo Quiroga y el periodista Juan Ruades. Ocho décadas heterogéneas y discontinuas reflejadas desde una mirada interdisciplinaria y transversal.

    Por fuera del epicentro de Buenos Aires y con muchísimos datos inéditos sobre el diseño en Mendoza, «Intermitencia» resultó de la búsqueda y la catalogación de archivos de decenas de diseñadores, sumado a entrevistas en profundidad con exponentes de la escena, académicos e historiadores. El diseño como paradigma liga las más de 400 páginas del libro con ilustraciones a todo color que Wustavo Quiroga realizó junto a Juan Ruades y que pronto será impreso, porque listo ya está.

     

    «Creo que el disparador del libro tiene que ver con preguntarse el qué y para qué de las cosas. Para mí entender la utilidad del diseño es importantísima y cómo éste transforma el medio ambiente no sólo desde lo natural sino desde todas las cosas con las que interactuamos: la ciudad, los edificios, el mobiliario, la comunicación visual. Casi todo lo que nos rodea tiene diseño», explica Quiroga sobre el trabajo en equipo que llevaron adelante con la colaboración de consultores para cada área específica de estudio.

    «La relevancia de la provincia en la historia del diseño nacional es grande. Fue aquí donde se creó en 1958 la primera Escuela de Diseño del país. Por ella pasaron prestigiosos profesores argentinos, sudamericanos y europeos, quienes dejaron una impronta y marcaron las directrices académicas. Un dato, que por anecdótico no es menor, es que el día del diseñador en la Argentina remite a Haydée Strittmatter, alumna de la UNCuyo y primera diseñadora del país», detallan.

     

    «Intermitencia» está dividido en cinco capítulos que transitan de la década del 30 a 1957, de 1958 a 1975, de 1976 a 1989, de 1990 al 2001 y del 2002 hasta el 2019. Así, la historia transita por momentos disímiles como los modernos y las vanguardias, el desarrollismo, la turbulencia política de los 70, el boom de la gestión a costa de una menor producción durante los 90, hasta los últimos días, donde la autogestión, el espíritu emprendedor y las nuevas tecnologías posibilitan una diversificación de la escena. «En la publicación, Mendoza está narrada a través del diseño; la cultura material y visual de un territorio tiene el poder de plasmar, como pocas ‘radiografías situacionales’, la idiosincrasia de un pueblo, sus modos de habitar y crear, sus recursos, sus estéticas, sus éticas, sus aspiraciones y hasta sus frustraciones», dice Ruades.

     

     

    «En algunos momentos el diseño es súper fuerte o muy protagónico, por ejemplo, en la imagen del vino, luego se desvanece, a veces el diseño a nivel estatal está muy presente en la comunicación pública, luego con los cambios de gestión desaparece. A veces la facultad tiene lapsos con autores o referentes nacionales e internacionales. Es decir, no hay una línea continua del diseño en Mendoza de manera presencial y permanente. Entonces estos rescates parciales, al hilarlos, se convierten en intermitencias: una secuencia de sucesos intermitentes que, en el conjunto, arman la historia del diseño en Mendoza», explica Wustavo.

    Sobre el libro como acción estratégica y política, Ruades afirma que su publicación es invaluable: «Contar lo que sucede por fuera del epicentro de Buenos Aires y generar narrativas que se escapen del relato oficial del diseño es un acto de justicia, es dar cuenta de al menos una porción de la diversidad de expresiones que tiene un país como Argentina. Es, por tanto, una invitación a que aparezcan otras historias, de otros territorios, desarmando la idea de que el único polo de producción cultural es la capital del país; y, a su vez, es un punto de partida para que aparezcan contrarrelatos o diferentes visiones del diseño mendocino. En definitiva, una historia no es más que un recorte, de los que se pueden hacer miles».

    ¿Cómo surgió este proyecto?

    La investigación comenzó hace 15 años con un grupo que dirigí (Wustavo) para entender el origen del diseño en Mendoza. Allí descubrimos que la escuela de la UNCuyo fue la primera en la Argentina y una de las primeras en Latinoamérica. A partir de ahí indagamos en el contexto que dio origen a eso. Durante este tiempo fueron muchas las plataformas que desarrollamos y, entre el 2006 y el 2011, desde la Fundación del Interior hicimos varias muestras que se llamaron guón! y armamos la primera colección de diseño mendocino, una colección que también dirigí.

    La investigación continuó hasta materializarse en libro. ¿Qué pasos acompañaron este proceso?

    Yo seguí investigando desde otros ángulos todo lo que había sobre el desarrollo de la profesión en diseño y amplié el concepto, entendiendo varios aspectos: la formación, la arquitectura, el diseño de productos, gráfico, de comunicación, de indumentaria y las interrelaciones con el sistema productivo. A partir de ese background, que es un archivo gigante que hemos ido confeccionando, decidimos en un momento, hace cuatro o cinco años, darle formato editorial. Así fue como estudiamos una estructura de contenidos para bajar toda esa información tan disímil.

    ¿Quiénes más son los autores de «Intermitencia»?

    Yo soy el director editorial del proyecto y, como coeditor y coautor, está Juan Ruades, que es periodista, sanjuanino, estudió arquitectura en Córdoba y vive en Buenos Aires. Entre los dos, con perspectivas distintas, miramos un mismo escenario. Eso está buenísimo porque se conjuga una mirada interna y una más ajena y reflexiva: hay como dos puntos de vista en simultáneo. La tapa es del estudio Boldrini & Ficcardi, el diseño interior de Marcos Winter, Leandro Vallejos hizo la maquetación, Eugenia Mena los registros fotográficos y mucha gente más que se involucró.

    ¿Cómo decidieron organizar y trabajar con tanto material producido y reunido?

    Como el libro trata de los años 30 hasta el presente, dividimos el tiempo en cinco bloques. Cada uno es un período y un capítulo con cuatro textos fundamentales que analizan, desde diferentes perspectivas, el contenido. Hay diferentes parámetros con los que estudiamos cada uno de estos momentos. Además hay una línea de tiempo vinculada al contexto, las industrias regionales, la gestión y educación, y algunos diseños o referentes emblemáticos.

    ¿Por qué era importante realizar este proyecto de investigación?

    Por un posicionamiento regional que tiene que ver con que en Argentina no existen libros territoriales. De hecho lo que se entiende mayormente como diseño argentino es, como sabemos, lo de Ciudad de Buenos Aires, y supongamos otros escenarios regionales como Córdoba, Santa Fe, La Pampa, etcétera, no cuentan con una historia del diseño propio plasmada en un libro o en una especie de compendio que sirva a nivel educativo o formativo. ¿Por qué es importante un libro, además? Porque hemos canalizado un montón de memoria viva, relatos, cuentos, situaciones donde la gente, los autores, los protagonistas, nos narraron cómo se hacía diseño, es decir, cómo se proyectaban los objetos de uso cotidiano, el medio ambiente y la comunicación. Más, menos, esta historia tiene picos y de ahí viene el nombre «Intermitencia».

    ¿A quiénes apuntan como público lector?

    El libro, como estrategia, apunta a tres públicos distintos: el usuario-lector, a quien le interesa la lectura de los textos y el desarrollo de los capítulos en sí mismos con las imágenes que los acompañan. Otro público es el interesado en la visualidad, aquel que consume libros de diseño por las imágenes, y por último, hay un público que es más investigativo o académico de profundidad, que es quien dispone de material para analizar la línea de tiempo. Para nosotros el libro no es una historia cerrada sino una manera de relatar el diseño; obviamente existen muchos ángulos desde donde uno puede interpelar el contenido y estar de acuerdo o no.

    ¿Cuál es tu mirada sobre la historia reciente en relación al diseño?

    Como reciente podría destacar el movimiento indie de música/rock, que tiene emparentada la comunicación discográfica, las animaciones, las presentaciones en vivo y demás. Tal vez todo ese universo gráfico que, por ejemplo, Usted Señálemelo acompaña y que en gran parte lo hace Federico Calandria, es uno de los fenómenos de la época. Sin dudas lo vitivinícola siempre está presente: en este último tiempo hay una tendencia a las funny labels, a etiquetas divertidas o con ciertos gags más apuntados a un público joven. Desde el ámbito académico hay, por ejemplo, los libros que saca la EDIUNC (editorial de la UNCuyo), que son de teoría, de consulta, una producción muy interesante de una institución que publica contenidos educativos de alto nivel. Los libros están confeccionados desde una idea del diseño integral, desde las tipografías, las tapas y las ilustraciones. Tal vez no es tan atractivo como la tapa de un disco, pero en términos de calidad editorial son excelentes. Obviamente que hay muchas más cosas.