A partir de una idea, de una necesidad, expande las posibilidades hasta encontrar el lenguaje y el soporte que mejor traduzcan lo que quiere comunicar. Como artista, como docente, como vestuarista o directora de arte, desarrolla su propio recorrido aunque con la mirada y el cuerpo muchas veces puesto en el trabajo colectivo.

Un mural xerófilo. En el frente de la antigua casa de adobe, donde durante años Joana Celeste Ortega compartió su taller con colegas, luce ahora en colores tierra y distintos verdes, una pintura que acompaña el pequeño jardín dispuesto sobre la vereda de Roque Sáenz Peña y Olascoaga, en Ciudad. La intención no fue otra más que «levantar» la fachada del lugar, compartir una tarea colectiva y embellecer el paisaje urbano que rodea a la zona, donde pegadito reposa el mural de Gaucholadri «Santa Madre». El trabajo en equipo es una de las tantas facetas ligadas al arte que tiene Joana, que reparte sus horas entre la educación, la producción propia y el encuentro con otros en proyectos colectivos.  

En la Escuela Provincial de Bellas Artes, en la Escuela Artística Vocacional de Lavalle Ester Trozzo y en el espacio de creación que funciona en el Hospital Notti bajo el proyecto Elefante en Bicicleta, Joana despliega su vocación docente, una tarea que disfruta a diario: «Para mí la docencia es un ida y vuelta de enseñanza». Involucrada en Vendimia desde 2009 como realizadora de utilería y en vestuarios y escenografías de teatro y video, oscila entre un lenguaje y otro de acuerdo a la necesidad de sus ideas. Por eso, dice, es ante todo una artista visual para la que la ilustración, la pintura, la escultura blanda o la fotografía son recursos disponibles que acompañan su nutrida cultura visual.

«Me pasa que mi obra es tan personal, que surge sola en mi casa, con mi máquina de coser, pintando o dibujando que considero que está bueno involucrarme en proyectos de equipo. Para mí es necesario. No alcanza con estar concentrada sólo en mi obra sino también compartir la visión con otros, sean o no artistas», comparte. «Hay mucho de autorreferencial en lo que hago como producción propia, y en algunos casos de crítica», reflexiona. El dibujo, los colores vibrantes, la influencia de estéticas como la del animé se filtran en su identidad artística, como también su especial interés por lo bello, por los detalles.

 

Pilas de cuadernos con pegotes y collages. Desde niña Joana se orientó por los lápices y a los seis años aprendió a coser de la mano de una tía abuela ciega. Fue entonces cuando su mamá tomó la posta y la orientó en la costura, esta vez a máquina. Así es como lo textil es otro soporte para su obra, ya sea como vestuarista o creadora de objetos. Cursó la secundaria en la Escuela Provincial de Bellas Artes y al terminar no lo dudó, siguió la carrera en la Universidad Nacional de Cuyo. «Sea cual sea el material que elija encuentro una línea, algo que me representa y que está vinculado al tratamiento de mis trabajos», expresa. Como directora de arte, su participación más reciente está ligada al último video de la banda Tango Beat, aunque también asumió el rol audiovisual con La Nueva Guardia y la serie «La gran travesía» -sobre el cruce de Los Andes en globo-.

A la mirada de Joana no escapa la situación actual en lo que a la cultura de Mendoza se refiere y en ese extensísimo mar, pone la lupa sobre la inercia oficial vinculada a las artes visuales: «No tenemos espacios donde exponer, hay falta de colaboración y eso te tira para abajo. Yo creo que tiene que ver con la situación del país, que es bastante heavy. Siento que estamos bastante a la deriva y es una lástima porque yo recuerdo cuántos artistas descubrí, por ejemplo, en el Museo de Arte Moderno y cuántas personas al pasar también lo hicieron. Está Mandrágora Galería, Imagen Galería y lugares que surgen por parte de personas que no se quedan quietas, pero estaría bueno que existiera una posibilidad más inclusiva y accesible».

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