Conocida por sus recitales desenchufados en la Ciudad, Biciswing despliega un colorido repertorio de canciones que le devuelven el alma a la vida urbana.

  • Autor:Andrea Calderón

Como las marching bands de principios del siglo XX en Nueva Orleans, Biciswing es el alma del swing en las calles de la Ciudad. Esta pequeña tribu urbana que conforman Duba (pandereta, clarinete y voz), Gamal (guitarra), Cocho (flauta traversa), Brasta (saxo), Lucho (banjo), Tomate (acordeón), Miguel (trompeta), Federico (contrabajo) y Roberto (trombón y tuba) surgió como un experimento a fines de 2010 y se lanzó a la aventura entre el humo de una copa cannábica en julio de 2011. “Siempre decimos algo diferente”, apunta Lucho sobre los orígenes de la banda que desde sus comienzos interpreta en la vía pública melodías de western jazz, swing manouche y temas propios con “sabor balcánico klezmer”.

 

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Con cuatro discos en su haber -Disco amarillo, Los angelitos, El swing no para y Algo está haciendo-, esta noche la formación es la responsable de cerrar la primera fecha de una nueva edición del ciclo Jazz en el Lago, que tiene lugar hasta el miércoles en el Parque General San Martín. Un alegre repertorio de temas propios y melodías de Django Reinhardt o Louis Armstrong marcan la genética de la banda conocida por sus intervenciones callejeras que detienen hasta a los perros y que planea una gira musical por los departamentos de Mendoza. Los sábados el ritual tiene lugar por las mañanas en la Peatonal Sarmiento, con descansos en alguna Plaza, donde tuvo lugar esta entrevista.

 

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“Vivimos de la música, es nuestra mayor fuente de ingresos. La calle por ahí es media dura y te genera la necesidad de ir a buscar otro laburo. Tampoco podemos tocar ocho horas porque se nos desarmarían las muñecas”, dice Tomate. En esa pequeña escuela de nueve integrantes, la retroalimentación tiene al público como testigo directo y a diario -salvo los domingos- el trabajo es llevar la música a las arterias de la Ciudad.

 

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In Mendoza: -¿Cómo nace Biciswing?

Lucho: -Puta, siempre cuento la misma historia (risas).

Tomate: -Tocábamos en La banda loca y sus chupacuetes, hacíamos reggae y ska. La mitad de la banda que formamos ahora estaba ahí: el Lucho, el Miguel, yo, el Roberto y el Brasta. Cinco de los nueve integrantes. La banda loca duró cerca de cuatro años.

Roberto: -Mientras más atrás vayamos en el tiempo, peor (risas).

Lucho: -Lo que pasa es que el Miguel vivía en el mismo barrio que yo, en Las Heras. Una vez me invitó a tocar la flauta con La banda loca, fui y me terminé haciendo amigo. Como vi que tenían una sección de vientos y yo ahí tocaba el banjo, pensé: “Podría armar una banda que fuera de swing, con banjo y viento”. Al principio ninguno le veía la beta y al final, como el Miguel insistió, nos empezamos a juntar y a pasar los temas. Cuando el Rober escuchó el primer tema que habíamos sacado, nos dimos cuenta que se escuchaba re copado y así los demás se empezaron a sumar.

Tomate: -Justo La banda loca se estaba disolviendo.

Roberto: -También estábamos cansados de los amplificadores, de los dueños de los lugares. Es muy difícil trabajar como banda con batería, guitarra o bajo eléctrico. Además de los equipos, necesitás los permisos y espacios que te hagan el aguante -cosa que no hay en Mendoza-. Un poco por eso esta es una banda callejera, podemos andar por cualquier lado y tocar para la gente para nosotros es lo mejor. No tenemos que esperar seis meses o un año para que nos paguen un recital: acá las personas aportan con lo que tienen y nosotros nos vamos a nuestras casas con lo necesario para todos los días.

 

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In Mendoza: -¿Ensayaron mucho antes de salir a la calle por primera vez?

Lucho: -No, justamente lo que queríamos era salir a la calle y hacer una especie de ensayo a la gorra. Desde el principio nos curtimos con los poquitos temas que sabíamos y fuimos incorporando otros a medida que cada uno aprendía uno nuevo.

Roberto: -Igual después hemos tenido un montón de ensayos, un encuentro por semana además de los toques diarios y al final estamos tocando todo el tiempo. Cuando un tema sale mal se juntan de a dos, de a tres y así vamos mejorando.

In Mendoza: -¿Por qué eligieron la calle como lugar de trabajo? 

Lucho: -A mí lo que al principio me llamaba la atención era tocar sin amplificación, el hecho de ir y ponernos en cualquier lado. Es que en verdad, al principio de la historia del jazz se tocaba en la calle, con tuba, banjo, trompeta, clarinete. Yo la flasheaba con eso.

Tomate: -Pasan cosas re locas en la calle. Gente que pasa y tira la mejor, otros que te miran mal, personas de barrios populares que te dejan diez pesitos, gente que es re cheta y te pone cara de galán y te deja dos pesos creyendo que es un montón de plata, viejtos a los que ya conocemos y les encanta lo que hacemos, gente que se ha puesto a llorar. Un millón de cosas nos han pasado.

Roberto: -Nos gusta el contacto con la gente, también creemos que tocando sumamos a la cultura de la Ciudad. Queremos reivindicar la calle, sacarle el desprestigio que a veces tiene, es nuestra calle y nuestra Ciudad. Esa es la filosofía que manejamos, como el andar en bicicleta, queremos tocar para la gente, que se acerca, te cuenta historias, te pide temas. Te nutrís de cultura, siento eso con la gente. Desde que salimos a la calle comenzamos a tener conflictos políticos. Por más que no quieras tenés que politizarte porque de entrada nos querían sacar nuestra fuente de trabajo, nos hicieron la vida imposible por un montón de tiempo. Nosotros debatimos y sabemos que tocando en la calle aportamos a la cultura. Los niños por ahí se van con una inquietud, le preguntan a la madre por los instrumentos y en lugar de ir a enfermarse la mente con la “Play” le piden aprender algo de música, que inclusive sale más barato que los jueguitos.

 

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In Mendoza: -¿Qué rol tiene cada uno?

Tomate: -El Lucho sería como el Indio Solari de los Redondos…

Lucho: -El Indio Solari no creo.

Tomate: -Sería entonces como un Flavio Cianciarulo. Naaa, mentira es un chiste.

Roberto: -Si hay que hacer un asado lo hace el que toca el saxo.

Tomate: Hay un par que se manejan más con las computadoras, como yo y el Duba. Nos encargamos también de las tapas de los discos. El Lucho saca un montón de temas y nos los pasa.

Lucho: -El Duba es el estadista de la banda (risas). 

In Mendoza: -¿Qué aspectos tienen en cuenta a la hora de elegir un lugar en la calle para tocar? 

Roberto: -Nos movemos donde hay comercio, en la Peatonal son pocos los que andan comprando, en la calle Las Heras hay turistas, por ejemplo. 

Tomate: -Somos unos investigadores de marketing de la calle, también tocamos después de la siesta y en horarios en que no molestemos a los vecinos.

 

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