Integrante del cuerpo estable de la UNCuyo, su recorrido amplio, diverso y sobre todo movido la han llevado a crear roles que siempre soñó. Otra vez va por más y por estos días se prepara como elegida por Maximiliano Guerra para protagonizar Romeo y Julieta en la Nave Universitaria

DDurante dos semanas Ivana Chavarini (30) ensayará en Buenos Aires su próximo papel: Julieta, la infaltable enamorada en la obra de William Shakespeare. De la mano de Miriam Barroso y Maximiliano Guerra, la bailarina mendocina se prepara para el estreno del 12 de julio en la Nave Universitaria junto a sus compañeros del Ballet de la UNCuyo. Con música de Sergei Prokofiev y basada en la tragedia más célebre del amor, son también figuras principales de la obra Sofía Tristán, Emiliano Ovejero y Edgardo Trabalón.

«Empecé a bailar porque mi mamá necesitaba mandarme a algún lugar para que descargara energía porque era muy inquieta», dice Ivana. «Justo donde nos mudamos en esa época había una academia de danza clásica», comparte. A los 8 años, entonces, la pequeña movediza conoció las virtudes de su cuerpo en movimiento y la alegría de dejarse llevar por la música. Más tarde se inscribió en los talleres de la Universidad Nacional de Cuyo y desde los 15 es parte del ballet de esa casa de altos estudios.

Academias, institutos, seminarios, encuentros con maestros y maestras locales e internacionales de danza clásica, jazz, tango o folclore. Ivana se reconoce como una buscadora de nuevas aventuras y ha sido primera bailarina en obras como Don Quijote, Giselle o El Lago de los Cisnes.

«Me encantan los desafíos y hacer cosas que me superen así como investigar. Estudio mucho los roles que me tocan y me gusta aportarle a ellos algo característico mío para no ser una copia. Soy feliz: bailo lo que quiero y lo que me gusta».

El listado de guías que han aparecido en su camino es extenso: entre otros, María Cristina Hidalgo, Susan Salazar, Marcela Nadal, Graciela Ruiz, Alcides Sutil, Carlos Poblete o Iván Martínez. «Siempre me gustó bailar y me lo tomé muy en serio desde el principio. Como mis padres me exigieron tener una carrera universitaria hice tres años de diseño gráfico y en el 2008, cuando gané la beca con Julio Bocca, dejé la facultad. Cuando volví a Mendoza me salieron propuestas para seguir vinculada con la danza y desde entonces me dedico de lleno a esto», cuenta. Bailarina y coreógrafa, para Ivana Chavarini mirar hacia atrás es sonreírle al pasado y valorar lo que con el tiempo construyó:

«Lo que comenzó como un hobby sigue siendo mi pasión, mi motor de muchas cosas y también mi trabajo. Busco seguir aprendiendo porque la danza es todo para mí».

El respeto y el agradecimiento hacia quienes la formaron es algo que Ivana no olvida y fuente de la confianza a la que se aferra a diario. Exigente, disciplinada y autocrítica, esta bailarina clásica mendocina, coreógrafa de muchas vendimias, sueña en algún momento vivir su momento de jazz. La competencia, considera, es inevitable en lo que hace y es evidente cuando todos los que se dedican a la danza de modo profesional aspiran a lograr el rol principal de la obra en juego. «Quiero bailar lo que más pueda. En un futuro me gustaría generar mis propias producciones y espectáculos, pero hoy mi prioridad es bailar».

Fotos: Fernando Greco y Yanina Di Munno.

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