«Refritos y Novedades» es la última exposición del artista, que hasta el 11 de setiembre muestra sus esculturas en madera en el Hotel Intercontinental.

Un hombre sin cabeza con un pájaro atado a la mano. Otro humano sentado, ya viejo, de brazos invisibles. El humo como norte o un sonámbulo vegetal. En Fernando Rosas lo omitido, lo incompleto, lo imposible, lo poético y lo crudo absorben sus inquietudes y lo llevan a crear esculturas en madera que son metáforas. Plátano, olivo, pinotea y olmo, entre otros tipos, son el soporte para sus trabajos cuya temática básicamente es la misma: la figura humana.

«No le veo hilo conductor a esta muestra. Refritos es justamente una confesión. Me invitaron a exponer y acepté ir. La obra más antigua es del 2010 y en total son trece esculturas de medianas a grandes. Hay, a su vez, cuatro obras inéditas: «Inmersión», «Jesús, el Cristo», «Germinación» y «Apenas moverse», un personaje sin cabeza con cuatro piernas y un saco, como fingiendo un movimiento», dice el escultor.

Dibuja con constancia y con el mismo oficio encara la pintura, aunque en la última etapa la tiene abandonada. Como ilustrador digital, es quien realiza las tapas para la revista «La Mosquitera» de El Bermejo, donde además vive y trabaja y donde también se encuentra, pegada a la suya, la casa museo que fuera de su padre, el mágico Roberto Rosas. Los muñecos de Fernando salen del caos del polvo y las herramientas de su taller y se vuelven habitantes de su hogar y su ritmo ansioso y desprolijo.

«En la escultura ataco la pieza de madera y voy viendo; a veces tengo referencias muy generales. Cuando trabajo con la piedra, en cambio, me siento más tranquilo si ya sé lo que voy a hacer porque es menos espontánea. Pero en general qué voy a decir, creo que no decido nunca eso», comparte sobre su proceso el artista que en 2016 viajó a trabajar a Pietrasanta, en Italia, y volvió con los aprendizajes de un nuevo tesoro bajo el brazo.

A fines de agosto lo espera una muestra en la Galería Vermeer en Buenos Aires junto a quienes integran la Cofradía Simbolista y proyecta una exposición con Nicolás Guardiola para octubre, en Mendoza. Asimismo, se prepara para la presentación del libro de su padre, una edición de 200 páginas que recorre su historia, el contexto, su taller, su obra pública y en detalle, con textos, entre otros, del periodista mendocino Carlos Polimeni.

«La idea es usar esa excusa, esa movilización, para abrir su taller a visitas. No creo que nos dé el piné para un museo, pero sí queremos abrirlo un par de días a la semana y hacer una visita guiada para mostrarlo, que era lo que hacía mi viejo cuando vivía», comparte. «Mi viejo es una presencia constante en mi mente. Hay pequeñas cosas que he logrado que me gustaría contarle y que viera y hay cosas que secretamente le dedico. Ha dejado un legado que no es para mí sino para la gente así que estamos organizando su espacio para que sea visitable y así pueda prodigar su mensaje, que era su idea desde el principio».

«Refritos y Novedades» puede visitarse hasta el 11 de setiembre en el Hotel Intercontinental, Boulevard Pérez Cuesta, esquina Acceso Este. Entrada libre y gratuita.