La creadora industrial y de producto es una referente en lo que hace: pensar en un sentido colectivo, para que los espacios públicos sean más disfrutables. Hablamos con ella de diseño, conciencia y posibilidades creativas.

 

    Es sobresaliente la trayectoria de Eugenia Mena. Su campo de acción, apunta, involucra y entrelaza distintas áreas del diseño y las artes visuales, en este último caso como ilustradora. También es la creadora fundamental de diseños de mobiliario urbano como bancos y juegos de hormigón que hacen los espacios públicos, los parques y las plazas que habitamos a diario sean más bellos, inclusivos, recreativos y funcionales.

    A pesar de que sólo hace seis años se recibió de diseñadora industrial -con Diploma de Honor en la UNCuyo-, sus creaciones han sido expuestas en eventos como Casa FOA y Sello de Buen Diseño argentino (Buenos Aires). También en la Bienal Iberoamericana de Diseño (Madrid). Como investigadora, a su vez, ha trascendido las fronteras, y como desarrolladora de productos ha renovado paisajes urbanos y espacios de vinculación social en Mendoza y más allá.

    ¿Cómo apareció la vocación en tu camino? ¿Te involucrás en otros proyectos de diseño, más allá de la empresa?

    Desde chica tuve inquietud por las expresiones artísticas, especialmente las plásticas. Desde los 10 años indagué y tomé talleres de dibujo, pintura, cerámica o fotografía. Estas experiencias marcaron mi personalidad y son aspectos que se reflejan en mi camino. Además, viajando, conocí a grandes maestros y referentes del diseño que me animaron a seguir indagando en el universo creativo, la observación y el cuestionarlo todo. Con algunos me encontré de manera independiente y con otros gracias a la investigación de la mano de la Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino). Me refiero a Alberto Lievore, Carlos Rolando, Ricardo Rousselot, Jorge Pensi, Juan Gatti y Norberto Chaves.

    En cuanto a lo profesional me desempeño como diseñadora en Cimalco, una empresa familiar fundada por mi abuelo materno (Alberto), en la que cumplo tareas diversas, que abarcan desde lo creativo hasta lo técnico, pasando por lo comunicacional, consultorías, maquetado, gestión e investigación: básicamente de todo. Tengo la suerte de trabajar codo a codo con mis padres: Ricardo, agudo agrimensor, ingeniero y quien lleva adelante la parte más técnica, práctica e industrial de la empresa; y mi madre Goli, una gran arquitecta y quien me desafía a abordar nuevas problemáticas y a continuar explorando.

    Además he abordado proyectos de interiorismo, muralismo y gastronomía. Tuve la oportunidad de involucrarme en todo el proceso de diseño, desde la creación de la marca hasta desarrollar el beertruck de la empresa Birra La Holandesa (@birraholandesa).

     ¿Qué experiencias de reconocimiento profesional te han marcado?

     Tuve la suerte de quedar seleccionada para la Bienal Iberoamericana de Diseño que se celebra en España, en dos oportunidades. Primero con «Línea Singular», en el 2016, y donde representé a la empresa en Madrid  y expuse el proyecto, que consiste en un taburete y un sillón pensados como un sistema versátil que interpreta las nuevas maneras de vivir.  Y luego con «Palestra Modular Urbana» en el 2018, que son muros de escalada aptos para todas las edades. Estos mismos productos también fueron distinguidos con el Sello del Buen Diseño argentino, otorgado por el Ministerio de Producción de la Nación en esos años.

    ¿Qué es el diseño desde tu perspectiva?

    Muchas veces se relaciona al diseño con algo meramente formal, pero el pensamiento proyectual habita en cada instancia productiva. Es decir, el diseño o las estrategias del diseño pueden aplicarse en una idea, concepto, método de fabricación o propuesta de planificación urbana: es una manera de resolver problemas, anticiparse, simplificar procesos, estimular o adaptarse a ciertos hábitos.

    El diseño es pensar antes de hacer, pero también es sentir y saber interpretar para crear. Es saber generar preguntas, cuestionar creencias y resignificar. Diseñar es una manera de pensar, un juego que se da en múltiples escenarios y con infinitos resultados posibles. No creo que sea una disciplina única, sino una interacción multidisciplinaria en la que su apertura enriquece y potencia el proceso creativo.

    ¿Qué implica diseñar, a grandes rasgos?

    Para diseñar necesitamos mucho más que «ideas», también hay que tener sensibilidad, criterio, intuición, flexibilidad, imaginación, deseo, motivación, paciencia y múltiples y variadas experiencias de vida, entre otras cosas. Esto luego se refleja en nuestros trabajos y creaciones. Por lo tanto considero que nuestra actitud y flexibilidad para adaptarnos y ofrecer nuevas soluciones es fundamental para el futuro. Hay que ser consciente de que todo lo que se diseña tiene una carga de sentido; nada es neutral y está bueno colaborar con la construcción de una sociedad más justa, integradora, donde los habitantes salgan y disfruten de los espacios públicos y no tengan «miedo» del otro, y en eso el diseño de equipamiento público es crucial.

    ¿Qué diferencia existe, al momento de crear, entre hacerlo para el espacio público o para interiores? 

    Principalmente hay diferencias en los productos según su contexto y funcionalidad. Por un lado, las características de equipamiento urbano están condicionadas por aspectos como, por ejemplo, vandalismo, condiciones climáticas, posibilidades de traslado o manipulación. Eso a su vez se refleja en la robustez, la solidez y el empleo o la predominación de ciertos materiales. En el equipamiento interior, en cambio, el vandalismo o la resistencia bioclimática no son condicionantes. En el caso de «Línea Singular», cambia tanto el contexto como el modo de uso, permitiendo incorporar nuevos materiales, acabados superficiales o jugar con espesores mucho más finos del hormigón.

    ¿Qué características tienen tus proyectos?

    Me gusta abordar los proyectos de diseño pensando en la ciudad como una extensión de nuestro hogar. Me interesa el espacio público como un espacio dinámico, que necesita de transformación para acompañar las nuevas necesidades, costumbres y hábitos que se van modificando. Una característica que tenemos la nueva generación de diseñadores es una manera más transversal de encarar los proyectos, con tendencia a la interdisciplinariedad.

    Un ejemplo de mi producción puede ser «Palestra Modular Urbana». Tal vez es algo que antes no se pensaba, pero actualmente con la necesidad y el propósito de transformar espacios públicos, de proponer otras cosas, con la idea de la apropiación de espacio público, es que surge esta nueva tipología, siendo la primera pieza de estas características en el país. Por otro lado y aunque no me gusta llevarlo al ámbito personal, la palestra tiene relación conmigo: una forma de ser muy urbana y relacionada con la naturaleza, la montaña, el acampar o hacer trekking. Siempre estuve rodeada de gente del mundo de la montaña: tal vez por esto es que terminé proponiendo y generando una solución a algo que al final es muy cercano a mí.

    ¿Cómo surge la iniciativa de crear mobiliario para las ciudades? 

    Cimalco empezó a desarrollar equipamiento urbano en el año 2000. En mi caso, fue viajando, viviendo en otros sitios, viendo las múltiples vidas y situaciones que puede incentivar el espacio público, como surgió el interés por abordar la ciudad como una extensión de nuestro hogar. Considero que es un lugar de organización social, de apropiación colectiva, de construcción identitaria, de ruptura de los estereotipos. Uno abandona los prejuicios cuando comparte tiempo, se cruza o descubre a ese vecino desconocido: esto sucede generalmente en los espacios públicos. Por algo las plazas siempre han sido los lugares de manifestación por excelencia. Apostar por ese lugar de todos y más en un presente que tiende a lo virtual, es esencial.

    ¿Dónde pueden verse algunas de tus creaciones dispuestas en espacios públicos?

    En Mendoza, «Palestra Urbana» está en el Parque Benegas de Godoy Cruz, en Tunuyán centro y en el Manzano Histórico; también en Malargüe, Junín y Guaymallén -en parques del Acceso Este frente al Shopping-. También en varias otras ciudades y provincias del país como Ushuaia, Córdoba, Santa Fe, Neuquén y San Juan. La «Línea Singular» está ubicada en la Mansión Stoppel o en la Oficina de Turismo de San Rafael.

    El «Sistema de Delimitadores Urbanos» está en el Parque General San Martín, Boulevard Dorrego, Ciclovía Paso de los Andes de Godoy Cruz y calle San Martín. En el caso de la «Mesa Dolmen de Ping Pong» se encuentra en el Parque San Martín, Parque de los Niños en San Rafael y varias otras plazas y parques de Mendoza, y en varias provincias como Neuquén, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, San Luis, Santa Cruz, San Juan y La Rioja.

    ¿Qué desafíos, considerás, tienen por delante los diseñadores industriales? 

    Hoy más que nunca, la realidad cambiante en la que estamos inmersos nos exige a los diseñadores permanecer flexibles al cambio e interpretar nuevas necesidades. Este diaólogo con el entorno permite generar respuestas más integradoras y perdurables. Creo que en ese sentido, es más importante que tengamos más preguntas que respuestas.

    ¿Viste en estos días series, películas o leíste material que invite a conocer un poco más sobre el mundo del diseño?

    Durante la cuarentena, algunas de las cosas que vi y material que leí en relación al diseño fueron: «Rams», un documental sobre Dieter Rams con música de Brian Eno. También «Pasale el trapo a la cuarentena», los vivos de IG que estuvo haciendo el diseñador argentino Martín Churba. Me pareció muy interesante que estimule a crear no desde una idea, sino desde una intención y las ganas de experimentar, sentir e intentar, sin esperar una obra. Y «Old&Newsletter» de Fundación IDA (Investigación en Diseño Argentino), que presenta mensualmente la trayectoria de diferentes autoras y autores argentinos, piezas históricas destacadas y opiniones de especialistas sobre temas específicos, entre otro material disponible.