Tomás Limas se llevó las palmas y las carcajadas en la final de la Liga Mendocina de Improvisación, que coronó como ganador al grupo Supernova

Ya no hace falta decirlo: los espectáculos de la Liga Mendocina de Improvisación son un raro y vigente fenómeno de estos tiempos. El espectáculo competitivo, capitaneado por Esteban Agnello, ofreció esta semana una nueva final y, en un teatro Plaza repleto de gente que crece en número y en fanatismo por los shows, hubo un nuevo ganador. El grupo Supernova, integrado por Luciano Costigliolo , Guadalupe Maíztegui, Daniel Armitano y Tomás Limas, que el año pasado daba sus primeros pasos en el «Ascenso», llegó a la final y se impuso.

Pero si bien el equipo se mostró sólido y chispeante en sus intervenciones, quizá quien estuvo un punto por encima de los demás (y ayudó a inclinar la balanza para que ganara Supernova) fue el joven Tomás Limas, un estudiante de ingeniería que todavía no cumple los 22 años y que hizo reír a todos.

Con el título recién estrenado, Tomás nos cuenta en esta charla cómo fue ganar esta final y, además, confiesa que, si bien está empezando, siempre fue un comediante. O un improvisador compulsivo.

–Primero que nada, contame las primeras sensaciones de vos y de tu equipo tras ganar esta final de la Liga.

–Uf… Primero que nada, jamás esperábamos ganar, nos soprendimos. La verdad nosotros veníamos del torneo del ascenso, un torneo que es para gente un poco más nueva en esto del Teatro de Improvisacion, y competir contra el nivel de equipos que había en la final era durísimo. Pero teníamos una muy buena conexión de grupo y creo que eso ayudó muchísimo. Las emociones que sentí fueron felicidad absoluta y, sobre todo, asombro.

–Tuviste un papel destacado en esa final. ¿Cuáles son las características que vos aportás y qué creés que es lo que le gusta al público de lo que hacés?

–Jajaja, lo de «papel destacado» no me gusta como suena, prefiero algo como «tus compañeros de dejaron el espacio para que te luzcas». La verdad creo que lo que le gusta al público son las respuestas rápidas o el remate que puedo darle a las situaciones para que algo cotidiano parezca gracioso. Creo que el público también valora el trabajo en equipo y eso es un tema muy discutido en el mío, ya que siempre nos dejamos espacios para que el más «prendido» de la noche pueda aportar más.

–Sos estudiante de ingeniería. ¿Cuándo se despertó en vos el interés por lo escénico?

–La ingeniería me encanta y siempre ayuda esto de la improvisación para una mesa en la que tenés que alargar lo que decís o caerle bien a un profesor (risas). La verdad fue muy loco todo porque yo jugaba al rubgy con Luciano Costigliolo, quien es mi actual compañero de equipo, e íbamos a la escuela también. En la secundaria, cuando teníamos alguna horas libres (o durante la clase también), nos parábamos frente a nuestros compañeros para hacer personajes e imitar a los profesores. Un día una amiga dijo de que había un show de improvisación en Mendoza y nos llevó a la fuerza. Cuando fui me enamoré de la Liga de Improvisación, fue como que dije: «yo hago eso todo el tiempo».

–Y después de todo esto, ¿pensás en ir más allá? Seguir una carrera como actor, como comediante de stand up o algo así, por ejemplo.

–La verdad me encantaría especializarme un poco más como actor. En esto de profesionalizarse nunca hay un techo y sé que me falta muchísimo por aprender. Primero que nada, aspiro a ser ingeniero. Y después, sin en paralelo puedo llevar esto de la comedia y la actuación, lo haré. Yo lo veo con mi papá: él es ingeniero pero ama cocinar y también se dedica a eso. Creo que si uno se organiza puede hacer todo lo que se propone.

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