Una producción imparable de expresiones múltiples conforma la gran obra de este creador, un referente indiscutido del arte local.

«Tantos convencionalismos y tantas trivialidades informáticas nos han convertido en simios perversos buscando “likes”, sin la belleza de lo heroico». Las palabras corren por cuenta de Egar Murillo y forman parte del texto que escribió para la muestra que inaugura el 7 de setiembre en el espacio de arte de su amigo y colega mendocino Rubén Caruso, instalado desde hace años en Barcelona. Hasta el Barrio de Borne llegaron los 18 dibujos que componen La pantalla es más grande que tu espíritu, una serie, que como todas las suyas, parten de la existencia-esencia del ser humano.

La falta de un mercado del arte en Mendoza, el trabajo permanente a sol y sombra, el mundo de alas cotidiano que comparte con su compañera artista Sabrina Kadiajh, las clases que da de forma particular, los temas de nunca acabar forman esa nube con un pie en la tierra en la que viaja Egar. «Lo que expreso en los dibujos que ahora expongo son situaciones cotidianas que nos muestran como parte de una naturaleza a la que ayudamos a destruir. Personajes con auriculares que son islas, aparatos tecnológicos que nos separan de la realidad, el esnobismo, el estar en pose, la moda», comparte.

Marcado por los poetas malditos, por una familia numerosa, por la música, por la escritura, Egar trabaja en simultáneo entre lo simbólico y lo realista. «Tengo múltiples influencias, me gusta hacer muchas cosas, ser heterogéneo en las técnicas», dice en su casa-taller de Bermejo.

Formado por su cuenta, en la calle, en la vida, en la UNCuyo, de donde egresó, en 1993 recibió la Beca al Estímulo de la Fundación Antorchas y un año después, la Beca Kuitca. Es miembro del staff de la Galería Van Riel y su obra ha sido premiada y viajada por otros países en numerosas oportunidades. Sin ir más lejos, en 2016, Daniel Rueda (con quien ha expuesto y presentado trabajos en el exterior) llevó sus dibujos al Instituto Cervantes de Frankfurt junto con los de Laura Valdivieso.

¿Siempre hay un mensaje en tus obras?

–Sí, a veces son obvios y en otros momentos surgen de una manera más poética. Si bien no busco dar mensajes, me salen. En la muestra que expongo ahora en Barcelona la crítica pasa por lo cotidiano, por cómo las relaciones humanas están mediadas por la tecnología y los dispositivos nos están comiendo. Me parece que nos falta un poco más de poesía en nuestra vida ordinaria, que lo banal nos deteriora y nos aliena. Yo pienso que el pesimismo viene conmigo y que como artista debo mostrar esas zonas oscuras que algunos no ven. Creo que el artista debe ser una bujía para narrar lo que sucede. Para eso leo bastante, estudio, y esa acumulación de imágenes, de lecturas, me permiten mirar desde un panorama más amplio lo que sucede.

La serie realizada con tapitas también apunta contra el sistema, contra el capitalismo y el consumismo…

–Todavía sigo haciendo ese trabajo, Sabrina me ayuda. Es muy pesado llevarlo adelante, una obra me puede demorar dos meses entre que recolectamos el material, dibujo, mido el color y finalmente pegamos las tapitas. La recolección forma parte de la obra y por donde andamos, juntamos. Buscamos en todas partes y hemos llegado a reunir hasta 1000 tapitas en una salida; antes las lavaba pero ahora no, la suciedad también tiene un color. Es como un reciclaje y una paradoja de lo que deja la sociedad de consumo. De cualquier manera, no es ecológico lo que hago sino siempre artístico.

Se te ve vinculado con las nuevas generaciones de artistas, ¿qué sucede en ese intercambio?

–Los artistas jóvenes nos llaman, nos invitan a exponer, a charlar, nos muestran lo que hacen para que les digamos algo. Por ahí nos hemos convertido en una guía o algo así. Me interesan las producciones de las generaciones más jóvenes y sobre todo el diálogo que sucede, porque a mí también me enriquece mucho. Esa comunicación, en mi época de estudiante, estaba rota. Muchos profesores nos retaban, nos denostaban y eso hace que mire para adelante. Entre las excepciones, recuerdo a Cristian Delhez y a José Bermúdez, que sí estaban presentes o iban a las muestras…

¿Qué te interesa del arte joven?

–Hay una camada muy buena en Mendoza. Me gusta mucho Mauricio Poblete, los hermanos Cazzola, Fernanda Rodríguez, las chicas de Montaña, Imagen Galería, Mariano García, Omar Jury, Emiliano Pierro. Son muchos, la verdad, Florencia Breccia, Inti Pujol. Los jóvenes se vieron en la necesidad de autogestionarse espacios y muestras aún antes de que cerraran los museos y eso me parece muy interesante.

¿Cómo ves la situación actual de las artes visuales en Mendoza?

–Estamos en un momento crítico donde no hay dónde exponer. Eso es deprimente y creo que es desidia de los gobiernos. La cultura es dejada de lado y eso molesta. Los artistas luchamos pero no hay eco por parte de las autoridades y a veces nos cansamos. Nosotros seguimos trabajando. En mi caso me mantengo dando clases, tengo alumnos particulares.

¿En qué otros proyectos trabajás actualmente?

–El 1° de noviembre inauguro una muestra en el Pabellón de las Artes en la Universidad Católica de Buenos Aires con dos artistas más del Norte, porque yo soy nacido en Jujuy. El año pasado gané el Primer Premio del NOA y en mi caso llevo siete pinturas a esta exposición. En noviembre también voy a exponer en Imagen Galería, donde voy a presentar mayormente objetos y alguna que otra serigrafía. Esa muestra se va a llamar Biología. Mandar a los salones también lo tengo como un ejercicio permanente.

¿La experimentación sigue formando parte de tu trabajo?

–Sí, me interesa mucho seguir desarrollando eso y estoy siempre viendo en qué otros soportes puedo trabajar.

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