Su proyecto más reciente, el de llevar luz al agua por las noches, integra una serie en la que interviene paisajes para transformarlos y volverlos escenarios que alimenten su ruta fotográfica.

    Creció en Mendoza aunque nació en Australia. La naturaleza envuelve entonces, con especial atracción, la mirada de Demian Sirera Alsina. También lo hace la curiosidad por capturar imágenes: disciplina a la que llegó primero como autodidacta y en la que se formó después, en institutos de Buenos Aires como el Centro Cultural San Martín.

    «Mi amor por la fotografía surgió hace muchos años, luego de haber pasado por la escuela de Guardaparque, que me hizo conocer rincones mágicos, y por la de Publicidad, que me puso en contacto con procesos audiovisuales. Ahí empecé a pensar más seriamente en esto y si bien no me dedico plenamente, es lo que quisiera. La fotografía es la parte de mi vida que más me representa y contiene. Es un refugio en el que descanso de la realidad. Cuando salgo a buscar imágenes no pienso en otra cosa que no sea resolver lo que tengo en mente, fotográficamente», expresa.

    Hace unos nueve años realizó la que recuerda como su primera intervención subacuática: fue en Cacheuta. A la aplicación de esa técnica casera y rústica en la montaña le siguieron otras sesiones bien cerca del Río Mendoza. La tecnología empleada, descifra, no es otra que una batería de auto -usada-, un cable y unas cuantas dicroicas para armar la conexión que necesita. «El proyecto de iluminar el agua desde adentro es consecuencia de mi gusto por salir a intervenir paisajes nocturnos con luz. Creo que es una manera de transformar o deformar cualquier espacio», dice sobre parte de su proceso creativo.

    El momento de salir al encuentro de escenas, comparte, lo vive como un «ritual hermoso» en el que es preciso observar el entorno, componer el cuadro, disparar la cámara y correr a dejar las luces bajo el agua para empezar a «pintar». Con aventuras que ya tiene en mente, a Demian lo esperan realizaciones en cascadas para las que prepara dispositivos de luz. Además lo acompaña el deseo prendido de internarse en alguna selva para retratar la noche.

    «Los temas que más me interesan son el abandono, la destrucción y la vida en la muerte. Encuentro poesía en las marcas del pasado y es mi manera de refutar que el tiempo todo lo cura. El tiempo es una ruta recta a la muerte, al óxido, el derrumbamiento, el descascaramiento y la pérdida de elastina en la piel. A su vez me gusta buscar la luz en la oscuridad como sinónimos de vida y muerte», expresa este creador que encuentra influencias en maestros como Cayetano Arcidiácono, así como en lugares específicos, momentos vividos, sonidos que le resuenan y unas pocas personas.