La artista visual comparte su entorno de ilustraciones en el que pronto la pintura se volverá protagonista.  

A los 26 años Paula Cano dejó la Facultad de Artes porque sentía que tanto concepto, teoría y estructura, atentaban contra su verdadera búsqueda. Agradecida, de cualquier manera, con las herramientas que sembraron sus profesores, se retiró del circuito académico para reiniciar su interés como artista. Todavía conserva la pasión por el dibujo que la acompaña desde niña y los momentos creativos que tuvo como alumna de la Escuela Provincial de Bellas Artes.

«En la facultad llegó un momento en que no me sentía honesta y empecé a preguntarme por qué hacía lo que hacía y entendí que no era desde el lugar profundo desde el que me quería comunicar. Tampoco era desde lo lúdico, así que una vez fuera de la carrera y al año de dejarla, empecé a dibujar de otra manera. Desde entonces, los trabajos que hago tienen más que ver conmigo», comparte la artista que pinta, ilustra y prueba técnicas en lo que conforma un gran collage de ideas y materiales.

Sus temas son la naturaleza, la mujer, los objetos y la magia donde sea que la encuentre: en un proceso espiritual y silencioso que le revela imágenes o en una taza de té sobre una mesa. De esa amplitud toma disparadores y experiencias para transmutarlas en arte. «Si bien hasta ahora conectaba más con el dibujo, quiero retomar la pintura y en formatos más grandes. Antes sentía que el bastidor no me daba la libertad del papel para recortar y pegar, pero ahora siento que quiero probar nuevas formas», comparte.

En 2017 Paula fue seleccionada para participar del Primer Calendario Feminista de América Latina y muy pronto estará disponible una ilustración suya en la portada del sincronario maya de trece lunas, un proyecto editado en Mendoza, una agenda sincrónica regida por energías universales. «No sé si hay un proceso específico en lo que hago: siempre son las ganas de dibujar, de agarrar los colores, sucede donde yo siento el impulso y la fuerza, más allá de que esté o no la idea concreta».

Durante varios años dio clases de arte para niños, una instancia que enriqueció su producción propia, aunque en esta etapa de su vida elige centrarse en la obra y sumarse, con preferencia, a proyectos con fines sociales, culturales y humanitarios. Numerosas muestras individuales y colectivas la acompañan y conforman las instancias en la que ha compartido su clima atemporal y mágico de líneas libres y expresivas, cargadas de poder femenino e improvisación de formas.

 

 

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