Junto a Guillermo Rigattieri expone en el impactante espacio recuperado de Bodegas Caro.

A partir de una muestra en Buenos Aires que «no fue», Cecilia Prato preguntó, pensó y se puso en busca de un lugar para exponer sus últimas pinturas. Tuvo la suerte de caer en la galería recién renovada de Bodegas Caro, que le abría sus puertas para inaugurar su ciclo de exposiciones. Al ver la imponencia del lugar, que data de 1884, pensó en compartir el espacio y fue el escultor Guillermo Rigattieri quien se sumó a la propuesta a partir de su invitación.

Quince pinturas de su último tramo realizadas en técnica mixta y materiales como acrílicos, yeso y óleos, son las piezas que juegan entre colores, formas y relieves, a dar cuenta de sus instantes. «A partir de un momento que capto viene la relación mental y el trabajo que baja a la tela. Durante esa búsqueda tienen lugar imágenes contradictorias, algunas más claras, otras más oscuras, que persiguen un equilibrio», apunta la artista que en la juventud dejó el hockey de lado para abocarse de lleno a su amor por la pintura.

 

Si en una obra siente dejar una impronta de peso, en la próxima se propone contrarrestar la marea, aunque entiende que de modo inconsciente. Ese paso de estados emocionales es el que puede verse hasta fines de junio en Alvear 151 de Godoy Cruz, de lunes a viernes de 9.30 a 13.30 y de 14.30 a 22. En su caso, la repetición va en busca de la totalidad de cada obra y durante el proceso deja que suceda lo que siente.

En la Escuela Provincial de Bellas Artes cursó la secundaria y en la Facultad de Artes de la UNCuyo continuó después de probar un año en la carrera de Diseño. Fausto Caner, Carlos Ojam y José Luis Molina fueron docentes de influencia y admiración en su devenir como artista. «Intento ser bastante sincera con la verdad que me aparece como imagen, trato de sentir esa fuerza que además de continuidad tiene peso en mí», comparte.

El psicoanálisis es una herramienta poderosa en la que se permite atrapar creaciones futuras y su trabajo como docente de grandes y niños es también un recurso formativo. «La magia que me transmiten los chicos y su sensibilidad son importantes para lo que hago. La memoria es otro recurso al que acudo para escuchar lo que me sale de adentro. Soy bastante sencilla y me gusta no saber lo que vendrá a la hora de seguir creando para no quedarme con algo establecido sino modificarme», dice.

En la primera exposición de la bodega, las esculturas de Guillermo Rigattieri devuelven la maravilla de su arte volcado en tres dimensiones. Son ocho las esculturas realizadas en metal con temáticas variadas: una serie de robots lúdicos en la que sobresalen sus máscaras, un barco y su navegante reunidos bajo el título «La Pausa», y el proyecto ligado a la infancia, con su niño icónico y su barrilete a la suerte del viento.

Sobre Bodegas Caro

Construidas por el bodeguero Miguel Escorihuela, Bodegas Caro es una de las cinco naves de producción que conforman la marca. El espacio dispone de una cava subterránea que vale la pena visitar, en una construcción levantada en 1880 de inspiración neo-romana y española con paredes anchas y altas de piedra y ladrillo.

En 2003 el edificio patrimonial fue comprado por Nicolás Catena y el Barón Eric de Rothschild para producir los vinos de la bodega. Reacondicionada y reforzada la estructura, entre 2013 y 2017 se trabajó en la transformación de una nave de producción en un espacio enteramente dedicado al enoturismo.

El edificio luce ahora su antiguo esplendor y refleja el estilo de los bistrós parisinos, con piso de pinotea reciclada, espejos altos, barra y mobiliario de roble y mesas de mármol. Los fines de semana las visitas se realizan con cita previa y hay visitas guiadas por las cavas subterráneas además de degustaciones disponibles en el mismo predio donde funciona el restaurant 1884 de Francis Mallmann.

Bodegas Caro queda en Alvear 151 de Godoy Cruz. Para más información comunicarse al 0261 15-453-0963.

Artículos Relacionados