El artista mendocino radicado en Buenos Aires prepara la presentación de su último corto, «Karaoke» que tiene como protagonistas a Fran Vázquez y Agus García Moreno, actor y sobrino de Charly García.

    Axel se entrega a su experiencia como director. Un sueño que parecía lejano y tiene cada vez más fuerza para adquirir formas diversas.

    Si tiene que remontarse a la realización de su primer cortometraje, Axel Rezinovsky se detiene en su adolescencia. El plan del pijama party era sobre todo divertido cuando incluía montar historias de tinte audiovisual. En esos pequeños grupos, el terror y el suspenso teñidos de diversión eran  fuentes infinitas para filmar una historia. «Esos videos están todos grabados en un DVD hermoso empolvado en algún lugar de la casa de mis viejos. «El grito» fue el primero, después vino «Agua turbia», «Demencia» y «El juego de las mentiras», un mediometraje que dura 56 minutos y que filmamos durante tres meses», expresa el artista mendocino.

    Conocido por su faceta fotográfica y su sonrisa radiante, Axel dejó hace un tiempo su trabajo como editor de video en el noticiero del canal Acequia para poner a prueba su vocación de cineasta. Con lo ahorrado llegó a Estados Unidos y en la New York Film Academy corroboró -en un curso intensivo-, sus claras ganas de redirigir su búsqueda profesional.  Meses después se inscribió en Buenos Aires, en la prestigiosa Universidad del Cine (FUC), y se mudó a esa ciudad para formarse como director, aunque lo que menos quiere es colocarse etiquetas. Desde el departamento que alquila en San Telmo, a pocas cuadras de donde estudia, Axel compartió sus deseos a cuesta, que se acercan cada vez más a una materialidad realista y visible.

    ¿Cómo surge tu inclinación por trabajar y formarte en cinematografía?

    Siempre soñé con esta carrera pero no me animaba a hacerla. Me parecía una idea muy lejana la de ser artista y poder vivir de eso. Dedicar mi vida a algo que tanto me gustaba me sonaba como una locura. Hice dos carreras que no terminé, diseño gráfico y arquitectura, que me dieron herramientas que agradezco mucho tener, porque la dirección cinematográfica es bastante abarcativa. A los 15 años empecé haciendo videos de Bar Mitzvah como trabajo, entre otras cosas. Tuve la suerte de heredar la filmadora analógica de la familia cuando compraron una cámara digital nueva y comencé a hacer cortos con amigos. También hice un seminario de cine, pero estaba más relacionado con aprender a ver y criticar películas. Mi acercamiento al cine fue de mucho aprendizaje por mi cuenta. Creo que esa es mi mayor motivación en la vida, hacer algo porque me gusta y porque quiero y siento que lo puedo hacer. También pasa por equivocarme y aprender de mis errores. La cosa está en seguir intentando.

     

    ¿Qué cine estás haciendo o te gustaría abordar?

    Apenas empecé a estudiar en la FUC, me preguntaron sobre el tipo de cine que quería hacer. Con mucha vergüenza respondí que mi idea era hacer películas de género tipo Hollywood, con la pequeña, única, gran diferencia de que el protagonista fuese gay. “Cine de terror gay”, me contestaron en chiste, y aunque sonó gracioso, claramente no entendieron mi idea. Siempre me vi obligado a adaptar mis experiencias y personajes a lo que la heteronormatividad consideraba conveniente para el público promedio o el mercado en general. Pero creo que más allá de todos los clichés y fórmulas predominantes en las películas de género, la identificación del espectador con cualquier protagonista debería funcionar igual, sin importar sus preferencias sexuales. Si yo logré identificarme con un personaje heterosexual típico de Disney no entiendo por qué no podría funcionar al revés.

    ¿En ese contexto surgió «Karaoke», tu último corto?

    Sí. En primer año hice «El desvío» y en segundo «Karaoke», con el que me propuse hacer un cortometraje más honesto y que a su vez significara un nuevo desafío, alejándome del género de terror al que estoy acostumbrado y aprovechando el recuerdo de mi primer beso como disparador de esta comedia romántica-musical, que representa aquellos momentos de la adolescencia que nos marcan para siempre. En el Instagram de «Karaoke» estamos en la búsqueda de fans antes de su estreno. Ha sido mi proyecto más ambicioso hasta el momento, el segundo día de filmación hubo 40 personas entre elenco y equipo técnico.

    ¿Qué te proponés cuando asumís el rol de dirigir una película?

    Pretendo que mis películas incentiven la realización de historias que incluyan a protagonistas que no suelen estar representados en un tipo de cine masivo y comercial, porque me parece súper interesante y hermoso a la hora de ver una película o una serie, encontrarte con algo que se parece mucho a vos y a tu vida. Lo que más me interesa es la conexión del espectador con los personajes, la magia de la identificación. De los cortos he aprendido mucho durante los rodajes y en la pre-producción, y creo que la gracia es ir mejorando entre uno y otro. En Buenos Aires tuve la suerte de ganar lo que se llama el «concurso curricular» de la facultad con «El desvío», que me permitió filmarlo. Lo recibieron en el festival GRABA de Mendoza, en otro de acá y lo estoy moviendo de nuevo. Tiene subtítulos en inglés y está en YouTube, por llegar a las mil vistas.

    En el caso de «Karaoke», ¿en qué etapa se encuentra el proyecto y qué podés adelantar?

    Me interesa mucho contar las historias sobre la oscuridad que llevamos dentro, algo con lo que convivimos, pero esta vez me quise alejar de ese espectro para ir por otro más alegre. También quería probar si me salía. Ahora lo estamos terminando, está en etapa de postproducción de sonido en manos del director de sonido de la peli y estoy muy contento con los resultados. Muy pronto haremos un estreno virtual privado para el elenco, el equipo técnico y los colaboradores, pero la idea de difusión es primero presentarlo en festivales y para eso no puede estar publicado. Estamos en la búsqueda de sponsors interesados en aparecer en éste y futuros proyectos. Quisiera abordar distintos géneros, intentar no encasillarme, si bien mi género de cabecera va más por el terror y el suspenso que defino como rojo, «Karaoke» fue una etapa magenta y la próxima ya la siento como un drama azul.

    ¿Quiénes son los protagonistas de esta historia?

    Fran Vázquez (Martín), que acaba de sacar su primer EP con Sony y cada día tiene más seguidores en Instagram, y Agus García Moreno (Nacho), que es un gran actor de teatro y además sobrino de Charly García. Re farandulero todo. Podría decir que la historia está basada en hechos reales y hay un poco de Axel en cada uno de los personajes. Entre los actores secundarios hay varios amigos que conocía de Mendoza y están viviendo en Buenos Aires y busqué armar un universo lo más Axel posible.

    ¿Qué hay de tu trabajo y desarrollo como fotógrafo?

    Mi faceta de fotógrafo está por ahora muteada porque vivo en un departamento muy chico y no hay nada interesante que pase por mi ventana. La fotografía siempre va a ser una pasión y algo que llevo adentro porque me da placer y porque necesito hacerlo; jugar con los colores y los atardeceres. Cualquier uso de la cámara y la edición han sido siempre mis herramientas de trabajo, pero estoy intentando dejar los trabajos por encargo en segundo plano, para darle prioridad a mi experiencia como cineasta. Y a veces me pregunto si preferiría ser director, montajista o fotógrafo, pero cada día estoy más seguro de que hay que ser multifacético y hacer lo que a uno lo lleva en el momento. La cuarentena me está dejando fluir en una etapa de desarrollo inmensa, estoy escribiendo proyectos y editando otros, entre ellos algunos videos más experimentales que pueden encontrar en mis redes.

    ¿Próximos aventuras con el cine?

    A mis próximos proyectos los estoy pensando más a largo plazo. Esta apuesta profesional pasa también por invertir hasta dar en la tecla o que a alguien le guste o descubra mi talento. Se trata de seguir haciendo hasta lograr un proyecto buenísimo. Quizás «Karaoke» lo sea y resulte rentable en la instancia de festivales y premios. Ahora la situación para volver a filmar está muy compleja en Argentina, especialmente en Buenos Aires, por lo que tal vez proyecte la realización de mi próximo corto en Mendoza, donde el terreno está más liberado y tengo mis contactos y amistades de toda la vida.