Cecilia Carreras, Florencia Aise, Federico Calandria, Marta Vicente y Eduardo Hoffmann comparten «fragmentos» de sus días puertas adentro. Además, desde MovArt e Inmendoza te acercamos una guía para ir en busca de algunos artistas locales en el escenario virtual.

    Qué sería del encierro sin el arte? ¿Sin la posibilidad de mirar, desde donde sea que estemos, los puentes que pintores o escultores, entre tantísimas ramas y disciplinas, construyen en soledad? Desde los nuevos códigos de distanciamiento social, las redes sociales representan una galería infinita para enfrentarse a esos mundos. Y en Mendoza, la calidad artística abunda.

    Para ver hay de todo: alcanza con que la curiosidad trace su propio recorrido. Decenas de artistas publican a diario videos de sus procesos entre materiales y tareas domésticas. Por citar algunos ejemplos originados en cuarentena, está la «Juntadita Visual» los viernes a las 17.30 hs., el programa en vivo que Mario Daguez comparte con un colega invitado vía Instagram. O «La utilidad de los cuerpos», una serie de dibujos que realiza Fernando Rosas en grafito sobre papel. También la creación de la plataforma de arte contemporáneo Amiga, que exhibe prácticas «en casa» de diversos artistas y el mosaico de visuales que construye desde su Facebook, Daniel Rueda.

    Cinco artistas sobre la pandemia

    ¿Cómo llevan la cuarentena Cecilia Carreras, Florencia Aise, Federico Calandria, Marta Vicente y Eduardo Hoffmann? Así describió cada uno su estado actual en momentos de pandemia.

    Cecilia Carreras: «Esta etapa de cuarentena significa para mí, de alguna manera, un impasse de ese ritmo tan activo que traía, hacia otro. Es un corte que en mi caso representó cambiar los objetos de lugar, mirar trabajos anteriores, ordenar, limpiar. Han pasado muchas cosas en este lapso que supone un proceso más íntimo; un tiempo distinto. Es muy extraño lo que estamos viviendo: aparecen muchas preguntas y no tantas respuestas, por lo tanto la incertidumbre y el desasosiego se sienten, así como la intensidad y a diario.

    Por otra parte estoy disfrutando, entonces son situaciones contradictorias: el golpe económico, la oportunidad que este cambio profundo representa, la solidaridad y así intento sacarle a esta desventura el lado más positivo. Todos necesitamos al Otro y en nuestro caso, como artistas, creo que el arte nos salva. He vuelto a los papeles, los pasteles, los lápices y los croquis con colores vibrantes y la presencia de la naturaleza. Me siento cada vez más cercana a ella, ahora en compañía de mis plantas y mi perro».

    Mural Florencia Aise

    Florencia Aise: «La casa es nuestro segundo templo después del primero, que es el cuerpo. Hacía mucho tenía ganas de hacer un mural bastante verde, un bosque: estoy en eso. Me inspiré en varios maestros del arte y voy mezclando. Está ubicado en mi cuarto, que es solamente mío. La cuarentena, no quiero ser mala, pero a mí me gusta. Estoy en mi lugar y no cambia mucho mi rutina de trabajo porque lo hago siempre desde acá. Sí tengo a mis hijas todo el día conmigo, por lo tanto pinto un 10%.

    Ahora soy más mamá y todo en una, como nos está pasando a muchas. En cuanto a la pandemia, creo que es una señal o una tercera guerra mundial pero para ver qué pasa después de esto, qué queda y si nos hace mejores a los que continúen vivos. Por alguna razón tenemos que estar solos. Hay muchos que vuelven a la familia, cuando por ahí antes no conocían a sus hijos. Es como volver al origen, a lo primordial, a los valores, a ver qué hago bien. Esto afecta a todas las clases sociales, la verdad es que hoy no se salva nadie».

    Euardo Hoffmann: «El sueño de la razón produce monstruos, titulaba Goya a un grabado de mucha coincidencia con la actualidad y que en estos días tan singulares lo llevo como una rémora. Es la cuarentena un estado espontáneo del artista: «la tallertena». ¿Cuántas horas de reclusión en su vida pasan los artistas? Y Picasso irónicamente afirmaba: «vayan ustedes por la vida como ciudadanos libres que yo soy un presidiario». La gran diferencia es que cuando el artista se recluye en su taller es a favor de la vida y esta vez es en resistencia a la muerte.

    Desde tiempos remotos, allá por el paleolítico, los primeros artistas de este planeta y por demás intuitivos, decoraban sus cuevas con los más sutiles grafismos, lo hacían desde un good luck (buena suerte). Lo que representaran en los muros iba a suceder en el mundo exterior, una plegaria visual a sus deseos. Si un artista despachara a hibernar su narcisismo, su sillón cómodo y se calzara un guardapolvo con barbijo arriesgando de sol a sol su vida por la de otros y asimismo por su necesaria intervención un porcentaje muy superior se recuperase, sería un héroe o un profesional de la salud».

    Federico Calandria: «He pasado por distintas etapas. Al principio anduve con ansiedad e incertidumbre, sin entender mucho qué pasaba. Con el tiempo me fui acomodando a la situación. Estoy habituado a trabajar encerrado en el taller, pero son fundamentales las salidas para equilibrar y despejarse. Se extraña el contacto cercano con otros humanos. Toda esta situación soporífera no me favoreció creativamente, no he podido producir demasiado porque anduve bloqueado, pateando las cosas para adelante. La vida se transformó en un loop eterno dónde todos los días se parecen entre sí. No creo que el mundo vuelva a ser el mismo después de esto, tampoco me gustaría que volviéramos al mundo desarmonioso anterior a que todo esto pasara. Tengo esperanzas de que esta pandemia nos haga reflexionar como especie: me gusta pensar como que la Tierra nos mandó en penitencia a pensar, a encerrarnos, a recapacitar en cómo estábamos actuando. Veníamos enloquecidos corriendo una carrera hacia la autodestrucción. Viene bien bajar un cambio, pensar todos a la vez en cómo construir un mundo mejor, más en armonía con la naturaleza, más conectados con nuestro entorno. Empezar a colaborar entre nosotros en vez de competir, ser más solidarios y empáticos».

    Marta Vicente: «Sobre esta situación diferente, creo que nos ha sorprendido a todos y nos ha golpeado de una manera increíble. Cuando uno trabaja con algo que viene del inconsciente es como volver a la fuente. Veo que muchos artistas, incluida yo, hacemos una revisión de nuestro pasado, de lo que quedó en el tintero, con la apertura mental para comprender quién soy, qué hago. No hay mucho futuro en el que pensar. No quiero ser pesimista; sólo creo que se valora más el presente.

    En esta revisión interna me acordé mucho de la época en que hacía grabados cuando era chica y empecé a los 10 años en el taller de mi papá. También cuando después trabajé en Buenos Aires con María Inés Tapia Vera. Eso quedó medio perdido y ahora, quizás mirando algún grabador en la web, me maravillé y he vuelto a la xilografía y estoy proyectando un libro sobre los gatos, que me encantan. Creo que hacer cosas manuales me ayuda a no pensar tanto y el hecho de tallar y cortar, me despeja. Es un placer el hacer. Después qué salga de esto, no lo sé».