La última muestra surgida del proyecto Reencarnaciones tiene como disparador lo interno y lo exterior. Bajo este concepto, un grupo de artistas trabajó en obras que en su conjunto devuelven una lectura diversa del mundo íntimo que dan a conocer sus creadores.

La «extimidad» se construye sobre la intimidad. Lo íntimo se encuentra en el exterior. «Extimidades de la vida cotidiana» es la exposición que por estos días tiene abiertas sus puertas en Bodega Monteviejo, donde la convivencia a solas con la frase invitó a cada artista a volverla familiar, «como aquello que nos rodea, lo cual puede volverse extraño, o incluso el modo en que lo extraño se convierte en íntimo hasta materializarse en una obra», según se lee en el texto curatorial.

Como muchas de sus obras, Bruno Cazzola aborda su quehacer artístico como si se tratara de una colección: «En este caso, de objetos», dice. Por estos días uno de esos tesoros llama la atención en uno de los pasillos destinados al arte en la Bodega Monteviejo, donde una nueva experiencia del proyecto Reencarnaciones tiene lugar, esta vez bajo el nombre «Extimidades de la vida cotidiana».

Un par de cordones negros, un blíster con anticonceptivos, una cabeza de títere de payaso, un rulero verde o un botón de nácar componen el inventario de 74 elementos que integran Vos y yo, la obra de Bruno Cazzola. «Todos tienen olores, formas y tiempos diferentes. Cuando no están las personas físicas quedan sus cosas. Mi trabajo es una arqueología, un rescate», comparte el autor, cuya instalación –imperdible– se completa con siluetas realizadas en tizas sobre las paredes y los vidrios del lugar.

Junto a él, otros doce artistas participan del proyecto de experimentación artística Reencarnaciones que coordina Gabriela Nafissi, responsable del área cultural de Monteviejo. Ellos son Leira Abot, Cecilia Carreras, Juan Castillo, Franco Cazzola, Paula Dreidemie, Alejandro Iglesias, Marcelo Marchese, Joana Celeste Ortega, Marcela Pascual, Silvana Pucchio, Anabel Simionato e Ignacio Vicente, con la participación especial del músico Felipe Staiti.

Pintura, dibujo, instalación, poligrafía, joyería o escultura son algunas de las técnicas presentes durante el recorrido por el interior de la bodega, donde la extimidad hace referencia a un neologismo lacaniano vinculado a un lugar de exterioridad íntima. En este proceso, la intervención del director y dramaturgo Fernando Rubio fue vital: el día de la inauguración, el realizador planteó una obra móvil con ingredientes del teatro y las artes visuales entre camas, sábanas y la participación del público, acostado junto a una actriz.

«Los artistas fueron convocados a producir cada uno una obra, desconociendo la procedencia de la frase y el trabajo que llevan a cabo sus colegas. La función intimidante de la consigna opera en dirección de ese territorio de ajenidad íntima pero absolutamente particular, donde el artista cede algo de sí mismo en su obra», explica Gabriela. En el caso de Cecilia Carreras, una de las artistas convocadas, el disparador la llevó a indagar en su interior para darle vida y forma a los personajes que se traducen en sus pinturas, donde aparecen animales «para no olvidar lo que de primitivo tenemos», sintetiza. Por su parte, a Juan Castillo Todo lo que está a mi lado lo llevó a trabajar en una «operación apropiacionista» que caracteriza a su última etapa y que recrea el zodíaco de Dendera, un conocido y discutido bajorrelieve del Antiguo Egipto.

Con una composición circular en anillos que se entrelazan, el proyecto se basa en la observación de las estrellas e incorpora elementos propios de su imaginario. «Como la obra sería montada en un pasillo con enormes ventanales que permitían una entrada de luz increíble, decidí hacer la impresión de esta composición digital en un vinilo transparente y sellarlo dentro de dos capas de resina y lana de vidrio transparente para que pudiera ser traspasada por la luz como algo que está puramente en el plano emocional, en el de la mente, en donde todo es posible».

Historias

En cada obra, una historia. La del artista impulsado a traducir en imágenes su sentir, su pensar, la presencia de lo real en lo simbólico, donde lo íntimo es parte del mundo exterior. El entorno es maravilloso. Llegar a Monteviejo es en sí mismo una experiencia que invita a la contemplación de un paisaje insuperable. Sumado a esto, la actual muestra acompaña al espectador a descubrir vivencias propias en compañía del quehacer de una docena de artistas que de un modo genuino indagaron en lo propio y en lo que los rodea. Para que el recorrido sea perfecto, nada como almorzar en el restaurante del lugar, ubicado en el tercer piso -con vista al Clos de los Siete y la Cordillera-, que ofrece una cocina simple que al mismo tiempo deslumbra con sus sabores.

¿Dónde? En Bodega Monteviejo, ubicada en Clodomiro Silva s/n, Vista Flores, Valle de Uco. Para más información: [email protected]; 2622 422054.