Guionista, realizador y director. En cine, televisión y sobre todo teatro, este hacedor mendocino planea en proyectos que maduran a veces en simultáneo y otras a destiempo. Inquieto por sobre todo, curioso y buscador de historias para contar y compartir, Ariel se afianza en el escenario y se descubre en el flashback de su propia vida.

Los 34 años de Ariel Blasco conforman un álbum repleto de imágenes, casi todas en movimiento. «He visto muchas más películas que obras de teatro», dice al finalizar esta entrevista, ya sobre las escaleras cuesta arriba del Teatro Quintanilla, donde dirige la obra Pequeños círculos, ganadora junto a la presentada por Pablo Longo, de la Comedia Municipal de Capital. Las experiencias de Ariel no se acumulan ni se desdicen, por el contrario se afianzan y cobran el sentido no en vano, que a sus obras de teatro le ha dado su paso como estudiante, guionista e incansable espectador de cine. El invierno de Blasco sucede entre películas, gestión de contenidos culturales y motivaciones personales que comparte con otros, como lo es Pantera Cine, el «menú cinematográfico» web que lleva adelante junto a Francisco Erian y Emiliano Berná.

«Trato de estar en tres o cuatro proyectos a la vez y arrancar con el que se activa primero. Ahora estoy ensayando una obra con los chicos de Otro Ojo, seguimos con Pequeños círculos y pronto retoma La Felicidad y Reflejos. Estoy también ligado como guionista de una película sobre la vida y obra de Juan Giménez», comparte. Ariel Blasco tiene directores a los que admira mucho y otros que quedaron en el pasado, aunque los recuerda con cariño. En esa pregunta obligada habla sobre Brian De Palma, Alfred Hitchcock o Richard Linklater. Sin elenco estable ni sala fija, elige el espacio, convoca a los actores y a partir de una historia despliega sus herramientas hasta darle la forma que busca a sus obras de teatro. Durante un ensayo de Pequeños Círculos, Ariel recibió a In Mendoza y compartió un poco más sobre sus inicios y su parecer.

-¿A qué edad recordás haber hecho algo parecido, aunque sea en forma de juego, a lo que hacés ahora?

-Y, de niño siempre jugaba con los Play Móvil, con los autitos de los Piluki y armaba historias y aventuras. Tenía eso de generar universos. Yo soy el menor de tres hermanos bastante más grandes así que medio como que crecí “solito”. Dibujaba mucho y hacía historietas o cosas así. La tele estaba presente, recuerdo. Me prendía a las películas que veían mis hermanos, a las series de ese momento, como Brigada A, Volver al futuro, Batman, Los goonies. Es imborrable la primera vez que fui al cine a ver Robin Hood con Kevin Costner.

-¿En la adolescencia la influencia del cine se acentuó? ¿Qué otros lenguajes incorporaste en ese momento?

-Desde muy chico sabía que quería estudiar cine. Cuando mis viejos pudieron me compraron una cámara y empecé a filmar y a hacer cosas con mis amigos de la secundaria. Tenía como algo de ese juego ya incorporado. Nos juntábamos a ver películas un poco más exigentes, como el cine de Kubrick, por ejemplo. En esa época la flasheamos con él aunque hoy no me pasa eso. Veíamos películas en blanco y negro, el Cine Universidad funcionaba genial… Soy de la primera generación de Polimodal con una orientación en Comunicación, Arte y Diseño. Ni bien terminé la secundaria entré en la Escuela de Cine.

-¿Qué pasó con el cine que ahora trabajás en teatro?

-Qué pregunta… En realidad, estando en la secundaria, empecé a estudiar teatro. Me resultaba muy interesante. En algún momento entré en conflicto con el cine, nos dijimos cosas horribles y nos distanciamos. Después me di cuenta que no resultaban lenguajes tan distintos. Hacer una obra de teatro es como hacer una película barata, bastante más barata. Empecé a jugar con eso. Siempre estuve ligado al cine, en todo caso voy y vuelvo. Me ha ido mucho mejor en teatro que en cine.

-Si tuvieras que decir qué hacés, ¿dirías que director de teatro?

-A veces uno explica quién es con lo que hace y es raro eso. Yo lo que puedo decir es que me siento más cómodo con la idea de ser director de teatro. No sé si eso me define del todo. Soy inquieto en el sentido positivo y negativo de la palabra. Soy curioso y me enrosco bastante cuando un tema me interesa.

-¿Qué buscás cuando dirigís teatro?

-En principio un gusto por la historia que se cuenta, entonces intento narrar lo mejor posible la particularidad de cada historia, algo que varía de obra a obra. No me gusta mucha la idea de elenco fijo sino la de trabajar con el actor adecuado para ese personaje. Una vez elegida la historia y convocado el elenco nos juntamos a ver películas a pesar de que las referencias no sean directas.

-¿Dirigir una película está entre tus anhelos?

-Y… sí. Sí, sí, sí. Cada vez entiendo más lo complejo que es porque he vivido los procesos del Gaspar Gómez y el Mati Rojo muy de cerca. En ese sentido podés estar siete años para hacer una peli y eso implica poner todo y más, siempre hay situaciones muy complejas con las que lidiar y eso me saca las ganas. De cualquier manera siento que es una
deuda conmigo.

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