La primera temporada de la serie disponible en Netflix marca un trazado por las geografías que contiene el cordón montañoso más extenso del mundo y aunque con errores, incluye a Mendoza en su segundo capítulo.

El error tal vez desencante a muchos. En el segundo capítulo de la serie documental Andes Mágicos, donde Mendoza es reconocida como región y también por el Aconcagua, sus vinos y su gastronomía de bodegas, la provincia aparece mal situada en el mapa. La equivocación geográfica ha sido motivo de críticas, como también la falta de mención de los picos montañosos que posee Venezuela (aunque no sabemos si en una próxima temporada serán incluidos). Más allá de estos «detalles» no menores y para quienes disfrutan de la maestría insuperable de la naturaleza, la primera temporada del programa es inspiradora en más de un sentido.

Es que el sólo hecho de dejarse suspender por las tomas aéreas de la majestuosa Cordillera de los Andes y su arcoíris de paisajes es un regalo para la vista. Saber que sus más de 7.500 kilómetros de montaña son compartidos por siete países de América del Sur es conmovedor. Como así también descubrir las culturas y raíces en historias de vida que construyen su identidad abrazadas a los lagos y ríos, cumbres nevadas, colores que se funden con el cielo y una flora y fauna que varía en cada región de acuerdo al microclima.

En el apartado sobre la provincia, dos mendocinos dan cuenta de su conexión con la montaña. El escalador Martín Funes y el chef Lucas Bustos comparten desde sus lugares de trabajo, el respeto y el enfoque que cada uno tiene en relación a lo que hace. Los desafíos propios y colectivos de los testimonios consultados, y las actividades dispuestas a lo largo y ancho de los Andes Mágicos hacen de esta serie un programa para el descubrimiento y redescubrimiento de la Cordillera, sin dudas maravillosa. Creada por Luis Ara y Alexandra Hardorf, la serie recorre en seis episodios, parte de Argentina, Chile, Bolivia, Perú, Ecuador y Colombia.