Artista visual, gestora cultural y docente, trabaja desde hace años en proyectos que materializa, impulsa a otros y convoca al público. Inquieta y curiosa, comparte su interés por lo simple y lo frágil

«La pintura y la cerámica son parte de mí como un todo al mismo tiempo. Me interesa que lo artístico esté presente en mi cotidianidad, que la del arte sea una experiencia, una acción concreta materializada». La que habla es Anabel Simionato (ella se hace llamar Ana), artista visual, gestora cultural y docente apasionada. En su día a día, entonces, el contacto va y viene con la arcilla, el torno, el secado, la cocción, el esmaltado y en todo momento, la ilusión de que esa pieza sea parte del desayuno, el almuerzo o la merienda de un otro que elija incorporar ese elemento a su vida.

«Mi relación con el arte comenzó desde chica…», empieza esta historia en la que la vocación de crear se impuso desde temprano. Fue en la Escuela Manantiales, comparte, donde lo artístico tenía su lugar y los maestros la alentaron a experimentar y trabajar desde lo visual, entre ellos, los artistas Sandra Martí y Daniel Bernal. En la secundaria fue Claudia Peralta una referencia: «Ella me estimuló muchísimo a seguir Artes Visuales como carrera ya que veía un potencial artístico muy marcado en mí».

Los libros de pinturas impresionistas, las obras de Van Gogh o el empuje de las vanguardias fueron de marcada inspiración para Anabel, que recuerda haber pasado horas entre esas páginas habitadas y horas, con lápices de colores y papeles, tratando de imitarlas. Se recibió de Profesora y Licenciada en Artes Visuales con el diploma de honor y en el 2008 obtuvo una beca de estudios en la Universidad Estatal Paulista, en São Paulo. «Ahí aprendí con un importante artista visual, Sergio Romagnolo», apunta.

La curadora Cecilia Romera destaca de Anabel Simionato su seguridad y agilidad a la hora de enfrentar un lienzo. Manchas que parecen improvisadas pero nada tienen de eso. Bloques de color, líneas de contrastes, juegos de colores y una mirada que desarrolló en sus años de estudiante y más tarde agudizó en su paso por Killka, la galería de arte de Bodegas Salentein, donde fue coordinadora y luego curadora. «En esos años aprendí muchísimo sobre gestión cultural y me contacté con artistas como Carlos Alonso, Jorge Gamarra o Eduardo Hoffman».

Su formación artística ha ido de la mano de otros proyectos vinculados a la difusión de las artes locales y su puesta en valor, como es su participación desde hace tantos años en el Club Cultural Chacras de Coria o la sociedad que junto a Verónica Ohanian y Cecilia Prato conformaron cuando abrieron, también en ese distrito, El Taller Espacio de Arte, donde dan clases para adultos y niños, producen y exponen su obra. “Siempre me interesó el tema de cómo hacer para que lo que uno hace llegue a la mayor cantidad de personas posibles. Es importante para mí el contacto de lo artístico con el público, la comunicación con el otro”, dice.

En Chile, donde vivió, se adentró en el lenguaje de la cerámica e inspirada por Moira Gubernatis se lanzó casi de lleno a la arcilla: «Empecé a indagar, a investigar, compré mi primer horno y así decidí emprender con mi marca Ana Simionato Cerámicas. Realizo cerámica utilitaria de autor. Me interesa que lo que hago, otro lo utilice en su vida cotidiana, que le otorgue una experiencia estética y sensitiva. Cada pieza que hago está pensada y repensada desde su concepción tanto desde los aspectos formales de diseño y funcionalidad como desde los visuales estéticos».

Conectada a diario con la tierra a través del barro, reivindica el oficio y junto a su compañero de vida, el también artista Nicolás Godoy comparten el quehacer, la mirada y el complemento que cada uno le aporta a la vida y el trabajo del otro. «Cualquier persona puede aprender un oficio y llevarlo adelante con paciencia, constancia y la satisfacción de obtener resultados concretos de esa labor», expresa en referencia a su trabajo docente. «En mi caso siento que en la pintura desarrollo mi parte más intelectual, pongo en funcionamiento procesos abstractos de pensamiento, juego con metáforas. En la cerámica, me conecto con lo concreto, se trata de un proceso de trabajo metódico, preciso y cuidadoso. Estas dos facetas están en mí y me da alegría poder activarlas según el proyecto en el que me encuentre».

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