La marca surge del trabajo de siete viticultores que desafían los cánones tradicionales para ser protagonistas de creaciones apasionadas.

Entre vinos y viñedos nació una idea: hacer bebidas para conectarse con las buenas compañías. Animarse a jugar con la invención y abrazarse a la fuerza colectiva fueron los objetivos de los siete enólogos que integran esta marca de elaboraciones co-creadas: La Liga de Enólogos. Craneada mucho antes pero materializada en el año 2017, conforman esta unión Carolina Cristofani, Emile Chaumont, Alejandra Riofrio, Victoria Flores, Fernando Sirerol Herrera, Tomás Bustos y Juan Ignacio Arnulphi. ¿El deseo? Cambiar el modo en que se produce y se disfruta del vino. ¿La clave? El trabajo apasionado y el diálogo en equipo.

«Todos queremos dejar nuestra huella y nos sentimos parte del proyecto. Ese sentido de pertenencia y la innovación colaborativa nos lleva a grandes resultados. La diversidad en nuestros orígenes y en nuestra formación, en nuestros suelos y varietales, nos llevó a conformar pequeños grupos para la realización de diferentes productos, entendiendo que miradas distintas enriquecen el resultado», comparten. Así surgió «El Bautismo», la primera línea que lanzaron al mercado y que desembocó en cuatro etiquetas: el Malbec «M4», el Blend de tintas «BT4», el Blend de blancas dulces «BB4» y el Criollo Rosado «R4».

«Si dos cabezas piensan mejor que una, imaginen siete. Cada vino tiene cuatro creadores distintos que están al frente de la elaboración, desde la cosecha hasta que está terminado. Luego lo degustamos entre todos y cada uno expone su punto de vista. Es el momento más rico del proyecto porque terminamos de afilar la versión final entre los siete», dice Emile.

En La Liga de Enólogos poco importan las puntuaciones y los elogios del mundo del vino. Más bien alcanza con pasar un momento agradable y memorable y aprovechar la ocasión para descorchar un producto fresco, frutado, ligero y fácil de tomar. Y como el cuidado del medio ambiente es uno de los valores que persiguen en el desarrollo de la actividad, eligen botellas ecológicas fabricadas con un porcentaje de vidrio reciclado, y corchos de una fábrica que parte de materias primas renovables y sostenibles que derivan de la caña de azúcar.

«Si bien somos casi todos mendocinos, menos Caro, que es 100 % cafayateña, por trabajo nos fuimos especializando en diferentes regiones vitivinícolas y hoy cada uno aporta conocimientos y formas de trabajo distintas. Yo también vivo en Cafayate, Ale y Vicky en Mendoza, y Juan, Tomi y Fer en San Juan. La vida nos juntó de a poco: algunos fuimos compañeros de la Facultad y otros nos conocimos durante la cosecha en distintas bodegas. Queríamos salir del esquema tradicional del enólogo como figura única de una bodega. Nos gusta pensar que hacemos un vino entre amigos y para nuestros amigos», agrega Emile.

Los vinos de La Liga ya están disponibles en supermercados y autoservicios y pronto se incorporarán a la oferta de bares y vinotecas.

 

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  • Gabriel Baes

    Disculpas, según los datos de la contra etiqueta, este vino le pertenece a Grupo Peñaflor.