Entrevistamos a esta joven habitada por la curiosidad y el amor por lo que hace: la comunicación, el periodismo, la música electrónica y la valentía de compartir el proceso de una enfermedad a la que le rinde batalla.

Está acostumbrada a estar del «otro lado», dice, en su rol de periodista, Dj y productora. Pero desde hace unos meses, la entrevistada es ella, que llega puntual al local de Bute Peatonal. Las fotos, en cambio, suceden una tarde después, en El Botellón, un espacio en el que se siente querida y representada: allí donde junto a Emmanuel Facello, realizó y espera pronto regresar a «Pulso Beat», el programa radial que aborda la escena de la música electrónica en Mendoza. Además, en Radio Nihuil es parte del equipo de la tarde y asume tareas que hablan de su capacidad multifacética.

Rocío Portillo (26) refleja en su mirada, sus gestos y palabras, una humanidad despierta que no esquiva preguntas. Más bien comparte su sentir profundo. Los días se han vuelto otros para esta joven, habitada de sueños, apasionada de la música y manifiestamente querida entre sus amistades. Versátil, curiosa y amante de lo que hace, se muestra atenta a la lucha que tiene de momento y por delante, sin dejar de lado su sensibilidad colectiva.

¿Qué es lo que más disfrutás del periodismo?

Es una manera de ayudar, visibilizar y concientizar; al menos es lo que intento. Me gusta encontrar historias interesantes para compartir. Por otro lado, siempre tuve una veta artística y así me fui metiendo en la música hasta que el año pasado me formé en deejing con Adriano Mattioli, empecé a producir electrónica y me presenté por primera vez en una fiesta en San Rafael.

¿Antes eras seguidora de la música electrónica?

Sí, iba a muchas fiestas, escuchaba electrónica y tengo amigos en la escena. Además vengo de una familia de músicos. Mi papá es director de coro, mi hermano toca el piano y canta, mi mamá conoció a mi papá cantando en un coro, así que en ese entorno nací yo.

¿Cuál es tu búsqueda en la producción musical?

Intento transmitir algo, generar una conexión y al mismo tiempo siento que tengo mucho que aprender en este largo camino que requiere de horas de trabajo. Empecé a producir con Gastón Demon Noise y ahora estoy con J.F.R, los dos con muchísimo talento. Lo que busco es adecuarme a cada contexto: si estoy en un club, la idea es que la gente baile; si estoy en un atardecer, que esté conectada con el lugar y los sonidos… Busco generar atmósferas y que las personas disfruten de esa conexión con la música. Me gusta el progressive house, melodic techno, deep house y ahora estoy indagando en el afro house. No me encasillo en nada.

¿Qué presentaciones como productora y Dj recordás especialmente?

Lo más interesante que he hecho hasta ahora ha sido con los chicos de Folck y El Baile, un club excelente. De cualquier manera, todos los lugares en los que he puesto música me sirvieron para aprender algo, en cualquier circunstancia. Los eventos al aire libre los disfruto muchísimo: hace poco fui parte del ciclo «Sesiones en la montaña» y fue uno de los mejores atardeceres que he tenido y uno de los momentos más felices de este año. Hace unos meses tuve que cortar porque me enfermé.

¿Cuándo fue eso?

A mediados de agosto del 2019. Tenía fiebre, no me sentía bien y no había cómo bajarla. En las guardias me dijeron al principio que era viral, hasta que una doctora pidió unos análisis que salieron mal. Me internaron, me hicieron una pulsión de médula y me enteré que tenía leucemia. En el momento fue raro, yo sabía muy poco sobre la enfermedad y tuve un momento de negación que me ayudó muchísimo, porque tal vez si hubiera sabido todo lo que implicaba no hubiese tenido la fortaleza de los primeros 45 días que pasé internada. En ese momento estuvo mi familia y hubo una campaña de donación impresionante. La leucemia afecta a los glóbulos blancos, algo que no se puede donar pero para estar mejor necesitaba de esas transfusiones.

Rocio Portillo dj- Inmendoza

¿Qué representó tanto cariño y ganas de ayudarte en ese momento?

No lo creía al principio pero sin dudas, fue de mucha ayuda. También me di cuenta de la incondicionalidad de mi familia, de mis amigos y compañeros de trabajo, que ha sido impresionante. La verdad es que nunca tuve miedo a morirme, tampoco a que el tratamiento no funcionara. Tuve la suerte de que en la primera quimioterapia bajaran los porcentajes que tenía y dentro de todo, tolero lo que está pasando a pesar del cansancio, los mareos y las ganas de salir de ahí.

¿En qué etapa te encontrás?

Ya llevo tres quimioterapias y para mi tipo de leucemia, que es mieloide aguda, necesito un trasplante de médula, que estoy esperando y que será entre febrero y marzo, cuando me llamen. El mío es un cáncer que se manifiesta de un día para el otro y es más frecuente que aparezca en los niños. En teoría ya habría conseguido un donante que es muy compatible conmigo y la cirugía sería en Córdoba, porque acá no se puede hacer. Es un proceso sencillo, sin riesgos y hay muchos mitos. Para ser donante de médula a nivel mundial alcanza con acercarte a una oficina del INCUCAI, sacarte sangre y ser parte de ese banco, si están las condiciones dadas. Es un poco más largo que un proceso normal de donación de sangre.

¿Cómo te sentís para lo que se viene?

No tengo miedo de que no funcione porque sí lo hace el trasplante y de la leucemia te curás; son pocos los casos de quienes no pueden. La muerte no es como en otros tipos de cáncer donde tenés metástasis y te morís sino que podés contagiarte de cualquier enfermedad y tener pocas defensas para curarte. Es cansador estar en los hospitales y recibir tantos pinchazos casi a diario a pesar de tener tolerancia a las agujas. No es agradable y el encierro y el aislamiento se me hacen largos.

¿En qué te refugiás?

La música siempre ha sido un refugio. Estar escuchando, buscando videos, intento grabar alguno que otro set: he intentado producir pero me cuesta bastante en el hospital hacerlo sin equipos y en un ambiente no muy grato. Mi familia es un sostén, mis amigos, quienes se acercan y me preguntan, el leer y ver películas… Es difícil y con el tiempo me voy cansando, también. Entiendo que es así y que me queda poco para el trasplante. El consuelo es saber que me estoy curando y que voy a salir. He aprendido a valorar un montón de cosas.

¿Qué cambió en tu percepción sobre la vida?

¡El tiempo! Todos nos vamos a morir y eso lo sabemos, pero es loco cuando tenés que ver eso muy de frente: no esperás que te vaya a pasar. Soy joven, vivo a full con las problemáticas de todo el mundo y no estaba pensando en eso. Chocar con esta realidad es fuerte. Mi vida era hermosa, me preocupaba a veces por cosas que no tenían sentido y ahora entiendo todo lo que puedo hacer por no estar sumergida en la vida cotidiana anterior. No sé si tenemos poco tiempo, pero sí uno limitado y eso te pone a valorar lo mínimo: juntarte con tus amigos, ir a una fiesta, comer rico, acostarte en tu cama, sentir el aire, el pájaro, el pasto. Eso cotidiano que se vuelve imperceptible o que anulás y que sin embargo hoy puedo valorar y agradecer, también por el cariño. Intento ayudar desde mi lugar por todo eso que recibo. Hay personas que no logran recibir sangre, a mí me sobraba con un factor dificilísimo como ser 0-, porque sólo podés recibir de tu mismo factor. Es una locura, yo todavía no termino de entender todo lo que está pasando.

¿Qué sueños tenés por delante?

Quiero seguir con la música, lograr fechas importantes, crecer con la producción, viajar. Quiero viajar a toda costa, ojalá todos tuviéramos la posibilidad de conocer el mundo. También quisiera ayudar pero más adelante, con temas como el cambio climático, el maltrato animal y lo que pasa acá. Ojalá pudiera contribuir, aunque sea con lo mínimo, porque si tuviera los recursos daría mucho más. De la manera en que se pueda y desde el lugar que ocupo, quisiera ayudar para que el mundo sea un lugar mejor para las personas y para la naturaleza.

 

Fotos: Caro Dottori