Entrevistamos al historietista mendocino reconocido por la Cámara de Senadores de Mendoza por su aporte a la cultura. Sus historietas son un éxito de ventas.  

Desde su estudio, donde también vive, Santiago González Riga ve la montaña. Sobre su escritorio, dice, están los elementos con los que trabaja a diario: una computadora, un tablero de dibujo, papeles, lápices, tintas. «Chanti», como muchos lo conocen, mantiene despierto el entusiasmo de los niños y en cada trabajo que asume, cuida la mirada inocente y la fantasía infinita del público infantil, con la misión de crear historias que no los subestimen. También intenta sortear los extremos de buenos y malos para plantear situaciones o aventuras más complejas, más reales, más humanas. «A mí me gustaba La Pantera Rosa y no Tom y Jerry porque al personaje le podía pasar cualquier cosa. Creo que lo impredecible le atrae a los chicos y está bueno sorprenderlos, ponerse a la altura y jugar con ellos».

En su cóctel de influencias hay películas, libros, personas, hechos y lugares con la presencia sólida del humor y los caminos desconocidos de quien vive imaginando. La tira cómica de Bill Watterson «Calvin and Hobbes» es su favorita y de las lecturas de niño conserva el sentido crítico que lo llevaron a reconocer lo auténtico de lo impostado. Chanti pasó veranos enteros con su familia en su casa de El Salto y en ese sitio agreste y por entonces despoblado abrazó su amor por la naturaleza y la necesidad de refugiarse cada tanto en la montaña. Tanto es así, que junto a su hermano Pablo, un andinista explorador y un pintor de paisajes, bautizaron cerros vírgenes en medio de la soledad. «A partir de mis salidas a la montaña descubrí la fauna local y aprendí a respetar la naturaleza, algo que me enseñó mi papá de chico».

Los niños son la mayoría de las veces protagonistas de las historias que crea. A Chanti le divierte su manera de razonar, de imaginar, de generar respuestas sin estructuras. «Son grandes observadores de la realidad. Son divertidos, frescos, espontáneos, sinceros y directos. Poner personajes como niños te permite decir cosas que otros no podrían y hablar de muchos temas. También me gusta hacer historietas para chicos porque me abren la cabeza, la fantasía puede ir para cualquier lado y puedo hacer cosas muy absurdas que para ellos tienen sentido». Una vez que Chanti atrapó una idea -la parte más difícil del proceso-, viene el boceto y el planteo de los cuadros que tendrá la publicación. A partir de ahí arma el guión, genera diálogos, dibuja, mejora la ilustración, la escanea y ya en la computadora colorea y ajusta detalles de escritura.

¿Te sorprende lo que sucede con tus historietas?

La verdad es que sí. Me sorprende que en esta era donde hay tanto entretenimiento, donde la tecnología está tan avanzada, donde los chicos tienen al alcance tantas posibilidades para divertirse, elijan la historieta. Estoy súper agradecido de eso. Me encanta cuando los chicos empiezan a leer gracias a lo que hago.

¿Dónde pensás que encuentran el encanto?

Yo creo que cuando uno hace cosas para chicos tiene mucho que ver la sinceridad con la que se trabaja. Si estás convencido y lo hacés desde el corazón, los chicos lo detectan rápidamente y esa conexión se nota en las presentaciones. Lo mismo pasa cuando algo está hecho a la fuerza. Por eso yo creo que el encanto está en la empatía, en la afinidad fluida.

¿Viajás mucho por tu trabajo?

Viajo mucho, sobre todo dentro de Argentina. Este año participé de la Feria del Libro de Cuba, Colombia, Madrid y Buenos Aires, y estuve más internacional (risas), pero generalmente viajo más por el país a participar de ferias, encuentros en escuelas y convenciones de historieta.

¿Por qué decidiste quedarte en Mendoza?

Tuve la suerte de quedarme gracias a Internet, sino me hubiera tenido que ir porque acá no hay muchas posibilidades. Me encanta vivir en una ciudad no tan grande y acá tengo mis afectos, mi familia, mis amigos y la naturaleza muy cerca. Me encanta ir a la montaña y a lugares desolados, y Mendoza se presta mucho para eso. Además tengo la posibilidad de trabajar a distancia.

¿De dónde sacás material para crear tus historietas?

Depende de la historieta. Hay algunas más reales por su temática, como «Mayor y Menor» y «Payunia City», y salen de experiencias propias y de cosas que veo. En el caso de «Mayor y Menor» saqué muchas ideas de mis sobrinos, que me inspiran un montón; también de otros niños y de mis propios recuerdos. En otras historietas más fantasiosas acudo a cosas que me divierten o que me llaman la atención. La naturaleza es importante para mí y aparece mucho en mis historietas. Trato de tener la imaginación abierta como tienen los niños.

¿En qué proyectos trabajás actualmente?

Tengo varias cosas en mente y en proceso otras. Últimamente la mayoría de mis trabajos son historietas y libros de autor. También he recuperado el dibujo para mí sin pensar en nada ni en nadie en particular, y eso me permite crecer como artista y renovarme.

¿Qué tiene que ver la familia en la que creciste con lo que hacés?

Tiene muchísimo que ver. Somos ocho hermanos, éramos diez con mi mamá y mi papá y ellos siempre nos alentaron e incentivaron a hacer lo que quisiéramos. Mi casa fue el mejor taller de creatividad que tuve; tanto es así que tengo un hermano paleontólogo y otro que es astrónomo. Mis padres nos dieron mucha libertad, al revés de lo que me pasó en la escuela, donde siempre combatieron la historieta hasta ahora, que es utilizada como material de lectura. Mi madre fue mi promotora número uno y hubo profesores en la secundaria importantes para mí como Eliana Molinelli. Si no hubiera tenido una familia que me apoyara hubiera sido muy difícil y quizá estaría muy frustrado.