Raíces autóctonas en materiales nobles y colores despiertos que bailan al andar. Detrás de los telares, mujeres que tejen historias y una marca que apuesta por dejarse llevar en el sentir de cada temporada.

Detrás de los diseños tejidos de Truma, que exhiben tantas bodegas de Mendoza, está la impronta de una familia que buscó extender redes, lanas, hilos y puntos para dar a conocer lo que hacía. Del legado ancestral, las técnicas antiguas, la cultura milenaria de las tradiciones artesanales surge también esta historia, inspirada en elementos del pasado aunque enraizada en el presente y el desarrollo que exige cada nueva colección.

Fue en el crítico año 2002 cuando la comunicadora social Carla Arce siguió de cerca la motivación de su mamá Adriana D’Amico por el telar luego de que tuviera que cerrar su taller de confección en Buenos Aires y en su caso, perdiera su trabajo en Mendoza. Los estudios de Carla vinculados al diseño de indumentaria, lo aprendido a través del ejemplo de su abuelo sastre y la necesidad de emprender, la llevaron a idear el modo de vender esas prendas para que el proyecto creciera juntas y a la distancia. También se involucró Aldo, el papá de Carla.

Entre las amigas y conocidas empezaron a circular los primeros chales, pashminas y ponchos de Truma, y así la marca se abrió paso en la provincia. Más tarde se abrió a ferias nacionales de moda y diseño y encontró en la arquitectura y los paisajes de las bodegas, una vidriera perfecta para tener alcance internacional. Junto a un equipo de doce tejedoras, la etiqueta con alma porteña-mendocina, crea colecciones inspiradas en la contemplación de paisajes, el movimiento de la vida, la fusión de texturas y el vestir cotidiano.

«Tratamos de hacer siempre una colección para cada temporada. Trabajamos con lanas naturales en llama y oveja en invierno para el mercado interno y en verano nos abocamos al hilo de algodón. Cada colección tiene un nombre, un lugar donde sacamos las fotos, detalles que pensamos para esa temporada conservando nuestra línea de ponchos, chales y ruanas, a veces más tapados o sacos, pero sabiendo que nuestras ventas se dan en lugares donde mucho no se puede probar. Por eso los talles son abarcativos, únicos, y el que compra online no necesita probado», resume Carla.

 

En Mendoza, las piezas textiles de Truma se venden en hoteles y bodegas como The Vines, Cavas Wine Lodge, Finca Adalgisa, Rancho ‘e Cuero, Entre Cielos, Casa Vigil, Bodega Vistalba y Casa Petrini. La calidad, la caída, los puntos, pero también los colores y las texturas son sin dudas distintivos de la marca que entre copas y viñedos realza las tradiciones argentinas con espíritu «trumeño».