Lejos de la moda, sus piezas marcan tendencia. Vigentes y seguras de lo que hacen, las hermanas diseñadoras comparten fragmentos de su actualidad.

Fue el aguayo el punto de inflexión y la huella de colores que siguieron para transformar un oficio en un trabajo de diseño con identidad. Marcela Pascual era hasta entonces una artesana abocada a crear y vender joyas en la Plaza Independencia y Marina, su hermana menor, una publicista inquieta que estudiaba diseño y se desempeñaba en tareas administrativas junto a su padre.

Cuando comenzaron a recorrer juntas el mundo creativo de las piezas de plata, hace quince años, encontraron en los tejidos antiguos del altiplano de Bolivia y Perú, un tesoro compuesto de pequeños retazos para incorporar a sus creaciones contemporáneas de collares, aros, brazaletes y anillos.  En esa recuperación textil donde el aguayo cobra una segunda vida, aparecen sus diseños simples de formas puras que enamoran sin frontera.

En su taller de Chacras de Coria, que comparten con la chef y artista Patricia Suárez Roggerone, el espacio es también habitado por los alumnos que asisten a los talleres que realizan y por los proyectos que toman forma a diario y que viajan junto a ellas por ferias internacionales y museos de prestigio de Buenos Aires, Nueva York, Chile, México y Japón.

«Creo que lo más importante es soñar hacia dónde querés ir y pensar que tu realidad no es sólo este momento sino que podés pretender y alcanzar algo diferente», dice Marcela sobre su actividad. Por su parte, Marina agrega: «Nosotras elegimos el camino de hacer lo que nos gusta más allá de lo que pide la moda y así es como en vez de producir a lo locas nos enfocamos en lo que queremos decir y en que nuestras piezas sean reconocidas como parte de una línea».

Lejos de representar un mercado, Mendoza es el lugar que eligieron para formar sus familias y diseñar en un estado más puro del que propone cualquier gran ciudad. México sí que marca la diferencia del proyecto, al igual que las oportunidades de conectarse con emprendedores de lo hecho a mano y participar en instancias de formación y profesionalización internacionales.

«El MICA (Mercado de Industrias Creativas Argentinas) de 2012 nos permitió relacionarnos con muchas personas del sector y pasar de un modo intuitivo de trabajar, a contar con información y herramientas necesarias para hacer visible lo nuestro», añade Marina.

Abocadas a aumentar la producción de joyas para cubrir la demanda actual, las Pascual disfrutan de su encuentro a diario con las herramientas de orfebrería que son al mismo tiempo su medio expresivo. «Sentir que las dos somos parte, más allá de los desafíos que supone trabajar juntas, nos da una fuerza colectiva que solas no siempre tenemos», apunta Marcela.

Piezas únicas y series limitadas marcan sus territorios de joyería, aguayo y lana, donde materiales tradicionales de nuestra cultura se fusionan con técnicas artesanales y el legado de los pueblos originarios. La experimentación y el oficio son otras de las claves para hacer lo propio y de ahí en más, para que quien atesore su joya empiece a recorrer otra nueva historia que contar.

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