Alejandro Zalazar Correa une sus pasiones al hacer arte en las áreas protegidas de la provincia con troncos, ramas y trampas de animales.

Estar al aire libre significa observar todo lo que nos rodea; mirar al horizonte, los colores de la naturaleza, las formas de las piedras, la corriente del arroyo… y todo parece una obra de arte.

«Todo lo que uno ve es arte», lanza Alejandro Zalazar Correa, guardaparque y diseñador que le da rienda suelta a su lado artístico cuando está en las áreas protegidas de la provincia. Él es quien hizo cada cartel que se lee en el Parque Provincial Aconcagua y también los animales de tronco y ramas que están en la Reserva de Biosfera de Ñacuñan, por ejemplo.

Alejandro sabe combinar sus pasiones y se pone en acción cada vez que un material le despierta el deseo de hacer algo en él o que le devuelve una forma clara de algún animal. «En Puente de Inca había un cartel viejo, tirado; en él vi un cóndor con alas desplegadas y lo hice», revela sobre la escultura que significó un punto importantísimo en su arte. Esa fue la primera vez que trabajó con motosierra para moldear una madera.

«Arranqué con la cartelería, cuando no era tan usual. El primer cartel fue en el del mirador del Aconcagua, en Horcones. Luego estuve en la Reserva natural Bosques Telteca y allí me propusieron hacer un sendero interactivo de preguntas y respuestas para los más chiquitos. Diseñé los personajes en cada cartel, que son animalitos del lugar en caricatura y tienen relieve», cuenta Alejandro.

En la reserva ubicada en el departamento de Santa Rosa toda su labor fue distinta ya que hizo un sendero de fauna; allí cada pieza individual fue hecha a partir de un tronco de árbol seco y sus detalles se hicieron con el material natural que el lugar brinda. «En las áreas protegidas sólo se ven aves y no el resto de los animales, entonces la idea es que la gente los conozca. Busco que sea algo más allá de lo abstracto», dice.

En dicho camino educativo -único de la provincia- se encuentra un puma, una liebre mara, un zorro, un lagarto colorado, una lechuza, un águila coronada (en periodo de extinción) y una marmosila -un marsupial que parece un ratón-. Además de un ñandú hecho con ramas de algarrobo y una araña pollito gigante, de cinco metros de largo, elaborada con materiales reciclados como postes, hierros, chapas y ramas.

Lo que busca Alejandro es tener un lugar bello y usar los propios recursos que da el lugar y así hacer los animales como una copia real; «es una manera de enseñar la fauna de la zona y brindar la oportunidad a las personas sin visión de saber cómo es cada animalito», agrega.

«La araña tiene un tamaño exagerado porque a mí me gusta generar impacto; que la persona no se olvide lo que vio y que le llame la atención por alguna de sus características», dice el escultor que, a raíz de este arácnido, comenzó a trabajar con metal y se animó a un desafío único.

Se trata de una escultura de un zorro realizada con más de 60 trampas de zorro y de puma incautadas a cazadores y con metales reciclados; mide 1.89 x 3.65 metros y representa un homenaje a las personas de encargadas de proteger nuestra fauna. «Es muy placentero poder hacer una escultura con trampas que tanto daño hacen a los animales, convertir algo terrible en arte», suma.

«Lo de la escultura es nuevo, cuando empecé con ellas me fui descubriendo y lo que sale de ese trabajo me representa mucho. Me gusta mucho hacer cosas figurativas, siento que con esa técnica doy un mejor mensaje», revela.

Y para todos lo que pasen por la plaza departamental de Lavalle podrán ver trabajos de Zalazar Correa. En troncos secos, altos y gruesos, el artista realizó un cosechador, un gaucho con su guitarra y la Virgen del Rosario. Con esto embelleció el espacio público y dejó a la vista un sello propio de los lavallinos.