Más de 300 premios en festivales internacionales que incluyen 41 Leones en Cannes resultan de su trayectoria publicitaria. Entrevista con un apasionado del caos, las ideas y sus mixturas.

A Horacio Puebla pocos lo conocen o llaman por su nombre. «Chacho» es, para muchos, el mendocino que sobresale en la Publicidad a nivel internacional. Fundó el Círculo de Creativos en la provincia antes de emprender un viaje sin retorno que contempla visitas esporádicas para reencontrarse con lo que queda de su familia y los amigos que conserva desde la adolescencia. En Chile delineó una carrera que continuó en Lisboa y más tarde en España, donde reside.

«Chacho» suma premios de prestigio, es un referente en lo que hace y actualmente ocupa uno de los cargos jerárquicos de la agencia MullenLowe.

– ¿Qué recuerdos se activan cuando pensás en tu infancia?

– Hablar sobre la infancia es algo nuevo para mí. Siempre me centré en mirar para adelante y muy poco hacia el pasado. Eso cambió cuando mi mamá se mudó a Madrid, hace un par de años. Nací en Mendoza y siempre fui muy curioso, contagiado por mis padres, obviamente. Mi viejo era médico y mi mamá profesora de Ciencias de la Educación. Ambos ávidos lectores y amantes del aprendizaje. Me contagiaron la pasión por aprender, por hacer, por
experimentar. Ambos fueron una gran influencia para mí.

– ¿Cómo eras de niño?

– Era muy, pero muy inquieto y vivía arriba de un árbol. Organizaba tardes de películas en casa, campeonatos de fútbol, grupos de escalada, fiestas, lo que fuese. Me gustaba estar rodeado de amigos y mi sueño era tener una gran familia, cientos de hermanos. Curiosamente, lo pude cumplir con los años. Mi mayor riqueza, hoy por hoy, son las personas que me rodean.
 
– ¿Qué intereses te acompañaron en la adolescencia?

– Me encantan estas preguntas, hacen remover recuerdos que no visito regularmente. Mi adolescencia fue bastante movida. A los 13 años era un estudiante ejemplar y cuando cumplí 14, todo cambió y pasé a sentarme al fondo de la clase.

– ¿Qué produjo eso?

– «La sociedad de los poetas muertos», los Ramones y una cámara de video. Recuerdo que intentamos filmar un largometraje en el colegio: la idea fue de Sergio Aquindo, ahora talentosísimo ilustrador, ya casi medio parisino.

 
– ¿Cuándo supiste que lo tuyo era la Publicidad?

– Estudié Comunicación Social, con especialización en Publicidad. Al tiempo que comenzaron las clases, empecé a trabajar en una agencia y en tres meses entendí, más o menos, de qué iba esto. Con los años me di cuenta de que mi vocación pasa por la creatividad y las personas, y no por la publicidad. Me gusta hacer que las personas conecten. La publicidad es un camino para lograr esa comunicación, aunque no el único. A mí me interesan todos los rumbos que conduzcan a esa conexión, aunque esté especializado en el publicitario.
 
-Pronto te fuiste de Mendoza a probar nuevos destinos. ¿Cómo se dio este salto a la aventura?

-Siempre he querido viajar. Aproveché para trabajar todo lo que pude mientras viví en Argentina, hasta que se dio la posibilidad de salir. No quería estar muy lejos de Simón -mi hijo-, así que Chile fue el destino más coherente y donde mi trabajo se profesionalizó y yo empecé a conocerme. Cuando llegué a Lisboa, el concepto de autoconocimiento hizo definitivamente click. Años después me mudé a Madrid, donde en teoría sigo viviendo, porque paso la mayor parte del tiempo en París o en un avión.

-¿Qué proyectos tenés activos en Mendoza?

– Ahora mismo 23 Ríos, una fábrica de cerveza artesanal que hemos armado junto a Lucho Cassais, Nico Marchessi y Nacho Huarte. A nivel personal estoy bastante conectado con la provincia. Con los amigos hablo casi a diario, porque conservo a muchos de la secundaria, del barrio, de los scouts, de la vida. Y como además una de mis hermanas vive allá, vamos de visita en años alternos, normalmente para Navidad. A nivel creativo me gustaría hacer más en Mendoza, pero no es fácil a distancia. Hice un libro junto a algunos amigos («Quilombo»), sobre los lugares, personas y costumbres míticas de la ciudad. Tengo varios proyectos en proceso, aunque van muy lentos. Ya vendrán, cuando se calmen las aguas un poco.

-¿Sos creativo para moverte en tu vida cotidiana?

-No sé si se llama creativo, pero intento hacer las cosas de forma diferente todo el tiempo. No vivo el trabajo como algo separado de la vida. Para mí, vida y trabajo son lo mismo. Hago lo que me gusta, y si no me gusta, no lo hago. Soy consciente de que, en ese sentido, soy un privilegiado. No hay día en que no lo agradezca. Soy un tipo con mucha suerte al que le gusta hacer cosas. Muchas cosas.

– ¿Tenés otras vocaciones dando vueltas?

– Soy un músico frustrado, me haría ilusión aprender a tocar bien un instrumento y espero poder hacerlo algún día. Me interesa mucho el arte conceptual y estoy trabajando en varios proyectos en ese ámbito. Curiosamente este año me invitaron a formar parte de una galería de arte y pude exponer en Francia, y parece que muy pronto en New York. La verdad que esto no me lo había imaginado, pero me parece interesante, quiero explorar más ese camino. También
tengo planes para series, empresas de data y otras ideas que van moviéndose en paralelo.

– ¿Qué planes tenés para el corto, mediano, largo plazo?

-Voy a ser padre de 2 nenas hermosas. Es un embarazo complicado, por lo que a corto y mediano plazo, ahí pongo todo mi foco. A largo plazo, estamos pensando dónde queremos estar en 20 años como familia. Desde hace años ayudo a marcas a planear su futuro, con cierto éxito. Me pregunté por qué no replicaba ese proceso con mi vida, con mi familia, así que ahí empezamos a juntarnos y hablar. Si, ya sé, todo puede cambiar y los planes se tuercen, pero mirar hacia adelante me ayuda a que el futuro se parezca más a lo que quiero y no a lo que me imponen.