Cada vez más afianzado como productor musical, el mendocino residente en Buenos Aires prepara nuevos álbumes junto a numerosas bandas.

Tiene cinco discos editados y un microdisco con canciones de su autoría que exploran la música popular. En 2013, Leandro Lacerna ganó la Bienal de Arte Joven en la categoría músico y como solista de rock no le faltan reconocimientos. Pero de un tiempo a esta parte decidió centrar sus energías en los discos de otras bandas y en ese trayecto es y ha sido productor e ingeniero de audio de grupos como Mi Amigo Invencible, Mariana Päraway, Juampi Di Césare, Paula Neder y Embajada Boliviana, entre muchas otras bandas.

¿Cómo empezó tu vínculo con la música?

No tengo un recuerdo claro porque el arte en general siempre estuvo presente. Tengo un padre actor y una madre actriz, una abuela y un tío pianistas. Pero además, escuchaba mucha música en el walkman desde chico, mucho rock nacional. A los 9 años empecé a estudiar guitarra y a los 13 tuve mi primera banda en el CUC (Colegio Universitario Central). Escuchar Radiohead en esa época, y Pink Floyd, me cambió la cabeza y me hizo pensar en la música como algo más global y no sólo desde la visión de un guitarrista. Eso sembró, de alguna manera, la semilla y el interés por la producción musical, carrera que estudié en San Luis.

Y como productor, ¿cuándo arrancaste?

Se dio naturalmente hace más de diez años cuando hice mi primer disco: «Cara de nada». Mi recorrido como productor musical e ingeniero de mezcla se dio con mucha fluidez y desde hace un tiempo decidí poner el foco en eso. Me cuesta hacerme el lugar para grabar mis propios discos, pero siempre le dedico algún tiempo a crear nuevas canciones, a tocar en vivo y en el caso de grabar, a hacerlo muy lentamente.

¿Cuál es tu tarea como realizador de discos?

Me formé para participar en la grabación y en la parte técnica. Me gusta traducir algunas inquietudes artísticas, que son subjetivas y creativas, a un plano técnico, y utilizar herramientas concretas para que el artista alcance su deseo. Me gusta ese universo, esa interpretación y esa búsqueda específica. Soy una especie de guardián del audio. A veces no se entiende bien lo que hace un productor musical. Es parecido al rol de un director de cine: una persona que maneja varios lenguajes, la abstracción y la técnica. La idea es que al final del proceso haya un resultado de calidad aproximado al que persigue el artista.

¿Cómo vivís tu residencia en Buenos Aires?

Ya son ocho años aquí y han sido intensos e interesantes. He trabajado con productores e ingenieros legendarios, pero también con profesionales nuevos y jóvenes que tienen visiones muy interesantes. Creo que están las ganas de mi generación de generar una red de información, de debate y que estamos muy abiertos, hablo por mí, de escuchar a los viejos y a los pibes, que tienen la información del futuro. Ya no hay tantas barreras ni distancias y me interesa el puente de ser mendocino en Buenos Aires, donde hay una gran comunidad. Esta identidad se termina de formar a veces lejos de casa.

¿Qué opinión te merece el presente musical de Mendoza, donde tantas bandas resuenan y florecen con fuerza?

No hay que más que felicidad y alegría. Hay un foco sobre lo mendocino que no había visto antes. Más allá de que existan proyectos arriba, en el cartel, hay una sensación de comunidad que no había sentido. Antes los proyectos que llegaban al mainstream eran aislados: ahora hay una sensación de avanzada general de músicos que la están rompiendo y me siento dentro por haber sido partícipe de discos precursores que tuve la alegría de producir. Creo que es siempre motivador un fenómeno así para correrse de que sólo se pueden hacer cosas en Buenos Aires. Las ganas de generar y no frustrarse está en el espíritu de los pibes.

¿En qué proyectos trabajás actualmente?

Estoy con varias cosas al mismo tiempo y participando de varios discos de bandas como Brigada Barceló, Las Cansecuencias, Silver Zebra, Gauchito Club, Gonzalo Gorordo, Mi Amigo Invencible y Alejo y Valentín. También de Marigrá Geranio, que es parte del sello colectivo de mujeres Blazar, del que son parte Paula Neder y Fer Alemán. Es una suerte trabajar con muchas de estas mujeres en lo musical y en lo técnico. Estar en contacto con este movimiento de pibas me enseña mucho y es una alegría participar de estos discos que la rompen.

 

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