El grupo que nuclea a hombres aventureros y amantes de las motos descubre fronteras sobre ruedas y acumula experiencias que atesoran en un libro.

Una muestra en imágenes de lo que ocurrió en las distintas expediciones realizadas, incluida la región asiática oriental de la Federación Rusa, es lo que recopila el libro que editaron Los Piyus. Este grupo formado inicialmente en Buenos Aires por amigos de la infancia reúne a cerca de treinta compañeros de ruta apasionados por la aventura, lo desconocido, la adrenalina y la incertidumbre de llegar en moto a lugares recónditos del planeta. Del núcleo es parte el empresario mendocino y bodeguero Carlos Pulenta y desde hace un tiempo, también Eduardo, su hermano.

A los primeros viajes por la Argentina en motocicletas antiguas, le siguió la misión de unir los kilómetros que distancian La Quiaca con Ushuaia a bordo de motociclos de los años cuarenta. En 2006 cruzaron el charco y en modelos enduro traspasaron la frontera nacional para recorrer Chile, Bolivia y Perú. Continuaron años después por la Ruta 66 en Estados Unidos y en 2009 marcaron a fuego el compromiso con el objetivo de dar la vuelta al mundo.

En el primer tramo del circuito Rolling The World viajaron de Buenos Aires a Manaos, el centro del Amazonas en Brasil. Le siguieron a esta etapa los viajes por Caracas, Centroamérica, California, Alaska, Siberia, Mongolia, China, Vietnam, Laos, Tibet y La Ruta de la Seda. En 2013 el mapa los encontró en la Autopista de Kolymá, también conocida como la Carretera de los Huesos y situada a diez mil kilómetros de Moscú. En esta aventura, Los Piyus transitaron el camino construido por un grupo de presos en la era stalinista que contiene, debajo del camino y en sus alrededores, los huesos de quienes fallecieron durante esta obra en condiciones tristísimas de frío, hambre, suicidios y enfermedades. Es que para este grupo, recorrer el mundo en moto es una oportunidad para explorar culturas y atravesar la historia.

«Cruzamos La Ruta de los Huesos por su parte más extrema: por los seiscientos kilómetros que no pudieron resistir el paso del tiempo, los que quedaron aislados por el abandono y bajo el más sepulcral de los silencios, el de sus muertos, únicos testigos de esta dantesca construcción», relatan los hombres de la agrupación.

«Viajar en moto tiene la particularidad de estar solo y llegar acompañado. En Siberia eso se acentuó. Logísticamente hablando, somos una perfecta desorganización. Los obstáculos se resuelven a medida que se presentan», comparte Carlos, uno de los mendocinos de la tripulación junto a su hermano, flamante integrante de la banda.

En junio, los motociclistas se preparan para su próximo desafío sobre ruedas: recorrer los países nórdicos. Es que como escribe el periodista Horacio Portela, «la única forma de convertirte en Piyu es «descubriéndote Piyu». Levantarte una mañana y comprender que tenés hambre de aventura, que sos un aventurero y lo has sido toda tu vida. Y por supuesto comprender que amás las motos y que ellas son parte de vos».

Fotos: Los Piyus

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