El realizador mendocino es parte de la familia que tiene a cargo la casa, finca y bodega ubicadas en Tupungato, muy cerca del arroyo Las Tunas.

Al pie del Cordón del Plata y con una historia de antepasados ligados al trabajo agrícola, la génesis de la Bodega La Azul es anterior a la primera botella que bajo ese nombre celebraron sus mentores, allá por 2003. La producción de uvas propias en pequeñas cantidades, la pasión por hacer vinos y los proyectos que se desprendieron con el tiempo, como una casa de huéspedes y un restaurante, llevan la huella de la familia del director de cine, Alejandro Fadel.

«La finca era de mi abuelo materno, Don Francisco Hinojosa, un pionero de la zona del alto Valle de Uco, que a fines de los ‘50 compró las hectáreas que heredaron sus hijos, entre ellos mi madre, Shirley Hinojosa, que hizo una reconversión para producir uvas de alta calidad y finalmente una hermosa casa de huéspedes, donde vive y atiende de manera muy generosa a quienes la visitan», dice.

«Es uno de mis lugares favoritos en el mundo. Siempre que vengo a Mendoza y voy a Tunuyán, me instalo ahí. Pertenece a la infancia y al presente. Si bien no estoy abocado a la producción de uvas y vinos, aunque nos encargamos junto a mi hermano Tomás de la distribución en Buenos Aires, me llena de orgullo. También está el Restaurante de Finca La Azul, propiedad del genio y alma mater del proyecto, mi hermano Ezequiel, quien junto a mi padre, Alejandro Fadel, se encargan de la producción de los vinos. Es un emprendimiento familiar, de mucha pasión. Y creo que por eso es exitoso, porque se nota el trabajo manual, el cariño y la pasión».

En la Bodega se pueden realizar visitas y degustaciones y también conocerla Casa de Huéspedes de La Azul, un espacio sustentable y encantador para vivir días soñados. En Ruta 89 S/N, Tupungato. Para más información ingresar a bodegalaazul.com.ar o fincalaazul.com.ar

 

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