El espacio de la bodega Vistalba es ideal para adentrarse en los sabores de sus vinos y espumantes con recetas que parten de ingredientes autóctonos.

Fue el primer restaurante de bodega: abrió al público en 2004 bajo el célebre nombre La Bourgogne y la garantía asegurada del chef Jean-Paul Bondoux. El Wine Bar actual de Bodega Vistalba posee una rica historia hecha de ingredientes y hombres de la cocina que en equipo transformaron la propuesta a lo largo de los años. Tras la experiencia del cocinero francés, llegó Jesús Caiza y de un tiempo a esta parte, Mariano Gallego -chef y dueño del restó Brindillas- es quien lleva la batuta.

 

La cercanía es un claro plus para quien busca comer en un sitio inmerso en los bellos paisajes donde nace el vino. A menos de 20 kilómetros de la Ciudad, este refugio gastronómico recibe a diario visitantes de distintas latitudes, aunque son mayoría, argentinos, brasileros y estadounidenses. Al llegar, los viñedos se vuelven un horizonte y en el interior del wine shop quedan a la vista -y a la venta-, las etiquetas que llevan la impronta del empresario Carlos Pulenta y su hija Paula, cuarta generación de bodegueros sobresalientes por haber creado el Grupo Peñaflor.

Luego de una visita por el salón de tanques, donde descansan los vinos clásicos, reserva y gran reserva en un clima de respeto a la tradición y la incorporación de nuevas técnicas, llegamos a la parte subterránea del edificio ideado por los arquitectos Bórmida y Yanzón. Allí, en la cava de degustación, un muro de capas de suelo pone de manifiesto la riqueza de la tierra del Malbec.

Los jardines dan la bienvenida al restó y es Fernanda Vila, responsable de Turismo y Hospitalidad de la bodega, quien nos espera para compartir una experiencia completa, donde los sentidos juegan un rol fundamental con la guía perfecta de la sommelier Carolina Kirkwood y los vinos emblemáticos de la casa: Vistalba en sus cortes A, B y C, Tomero y sus deliciosos varietales, y la línea de espumantes Progenie.

Hay dos opciones de experiencias posibles en este Wine Bar de 40 cubiertos: un menú de tres pasos y otro de cinco. Elegimos ir por el camino más largo, que además de entrada, segundo paso, principal, quesos y postre, viene con un snack y una sopa al comenzar, además de un dulce petit four antes de emprender el regreso.

De la huerta orgánica proviene buena parte de las verduras y aromáticas: cebollas, rabanitos, zanahorias, lechugas, tomates, hierbas, además de un aceite de oliva que se extrae de los ejemplares que crecen entre los viñedos. Así es como en esta cocina de inspiración sencilla, los sabores mendocinos, frescos y de estación, pisan fuerte en cada plato.

«La idea es que exista un hilo conductor de principio a fin, donde la temporada quede de manifiesto en los distintos ingredientes y los vinos de la bodega resalten y completen este trabajo hecho con mucha nobleza», comparte el chef Joel Orellano. A mediados de diciembre o más bien, cuando comience el verano, el Wine Bar presentará su última carta del año y se espera que las frutas sean las grandes conductoras de esta vivencia gastronómica.

¿Qué comimos? La propuesta inspirada en la estación de las flores. Entre otras preparaciones, vegetales de primavera con espuma de queso maduro y vinagreta de Cabernet; tarteleta de salmón curado y ahumado con masa de hojaldre, crema ácida, pepino e hinojo; ojo de bife con chimichurri o bien el pescado del día -en nuestro caso fue abadejo-; dueto de quesos; merengue relleno de crema de chocolate, banana caramelizada y helado de dulce de leche.

El Wine Bar de Bodega Vistalba abre de martes a sábado al mediodía y de noche sólo para grupos de más de diez personas. Queda en Roque Sáenz Peña 3531, de Vistalba (Luján de Cuyo). Para más información comunicarse al 4989400.