Frente a la Plazoleta Gualberto Godoy, en la Quinta Sección, una casa repleta de historias es cuna de esta marisquería tan vigente por su ambientación como por su propuesta de pescados y mariscos.

Una casa antigua y tradicional de Mendoza es la que viste de amarillo con el nombre de «Praga». Apenas tres o cuatro mesas afuera y toda una vida adentro de sus puertas, bajo sus techos y en sus pisos, sobre las mesas y en las paredes. A primera vista es difícil no dejarse llevar por los paisajes femeninos de Lucía Arra. Sus pinturas son sueños suspendidos en colores, donde mujeres desnudas o vestidas con telas minuciosas, habitan un entorno de gatos, cielos y casitas de cuento.

Así es «Praga», un restaurante con clima propio, que se reinventó luego de la experiencia fallida de una cervecería y que se transformó en un clásico -para muchos desconocido- de la Ciudad. España, Marruecos, Alemania, República Checa y Chile están en el aire y en los recuerdos de Eduardo Ávila, su mentor, y quien junto a su hijo Emiliano llevan adelante el lugar. También la influencia de la cocina judía, los viajes y las salidas gastronómicas, y la huella de «El Mariscal», el espacio que tuvo antes Eduardo junto a dos socios en Mendoza.

¿Qué se puede comer en «Praga»? Pescados, mariscos, carnes y pastas que llevan la sapiencia de Roberto Díaz, el cocinero de la casa desde hace 23 años. Es una exquisitez el salmón rosado con aceitunas verdes y almendras, la paella o la cazuela de mariscos. Las entradas son una recomendada manera de empezar y en los principales se abre un abanico en el que por rico, se dificulta la decisión. Postres para acompañar el momento y una amplia carta de vinos completan la propuesta.

 

«En España, donde viví con mi mujer (Lucía Arra), tuvimos restaurante en Xabia y allá nacieron mis dos hijos. Praga es el resultado de esas experiencias anteriores y es tradicional porque quien viene, sabe los sabores con los que se va a encontrar. También buscamos ofrecer un poquito de Chile en Mendoza con recetas muy típicas de allá. Tener pescado a 400 kilómetros del mar no es complejo: sucede en Madrid, en París y en tantos otros lugares del mundo», comparte Eduardo.

«Tuve también una empresa de demoliciones y me gustan mucho las ventanas antiguas y las mamparas: en la cava hay herramientas de tonelería. Es frecuente que quien viene se quede tranquilo a comer y por eso no hay reposición de mesas. La música es tranquila, se puede hablar y al tener habitaciones separadas con techos de madera, la acústica es muy buena», agrega su mentor.

En invierno «la mesa de la chimenea» es la más solicitada y en verano, el techo del salón principal se corre y la sala se convierte en un patio divino para disfrutar de los cielos nocturnos.

«Praga» abre de lunes a sábado de 20.15 a 1.30, que cierra. En Leónidas Aguirre 413, Ciudad de Mendoza. Informes y reservas: 4259585.