Juan Manuel Orfila es el creador de esta barra a domicilio, también del vino AGUAQUECANTA, elaborado junto a sus hermanos Pepe y Pate Orfila.

    Juan Ma Orfila, un hacedor nato, aborda nuevos desafíos. Con su emprendimiento más reciente, Juan en tu Bar, te invita a prender una vela y disfrutar de un momento pensado para espíritus del buen beber.

    ¿Cuántos proyectos habrán surgido en cuarentena? Para Juan Manuel Orfila diagramar una salida para el aislamiento fue casi intuitivo y llevarla adelante, una tarea que armó de principio a fin con los recursos que tenía disponibles. Con papeles de sus abuelas hizo etiquetas en una máquina de escribir y con pequeñas botellas de vidrio armó nuevos dispensarios de alcohol. Con recetas inventadas y aprendidas, ideó cócteles y con bolsas de lienzo de puro algodón (que sirven luego para limpiar la cristalería), cerró el packaging perfecto para Juan en tu Bar: un servicio de «copas» a domicilio.

    En los detalles y el reciclaje, este relacionista público encuentra un encanto que aborda con diversas tareas manuales: una inclinación despierta desde la niñez. «Desde el 22 de marzo subí a Instagram un cóctel dedicado a personas que quiero, acompañado de una canción. Como muchos me consultaron por las recetas, fue decantando la idea sin siquiera imaginarlo. Investigando un poco, vi que la tendencia de ofrecer coctelería lista para disfrutar en tu casa funciona en las ciudades más importantes del mundo», expresa. La velita que incluye en el envío, añade, es parte de la atmósfera que propone para disfrutar de un trago en compañía o soledad.

    Juan Manuel Orfila nació y creció en Mendoza, con fines de semana que alternó entre los viñedos de su papá ubicados en San Martín y una finca en Tupungato. En Buenos Aires vivió una década y allí se formó como profesional de relaciones públicas e institucionales. También allá tuvo su único trabajo en relación de dependencia, una experiencia que lo marcó a tal punto que en cuanto pudo, lo cambió por la incertidumbre y la confianza de emprender por su cuenta. De viaje por Europa encontró empleo en un reconocido hotel de Barcelona, donde desplegó su carisma para aprender más de lo que ya sabía de coctelería y atendió la barra de ese rooftop.

    «Vengo de una familia vitivinícola, siempre estuve vinculado al mundo del vino. Ambas ramas han sido re copetineras, con la costumbre del aperitivo antes de las comidas. En el 2015, ya de vuelta en Mendoza y trabajando como una especie de jefe de barra en Taverna, Barijho y El Mercadito, surgió con mis hermanos Pepe y Pate el proyecto de hacer un vino juntos con las uvas de una finca propia en Gualtallary que mi papá compró en 1984, cuando yo no había nacido y en la que pasé tanto tiempo de mi vida», dice sobre AGUAQUECANTA.

    Cuenta la historia, que los pueblos originarios del Valle de Uco denominaron a esta zona así por la música sagrada que producía el agua de deshielo bajando de la Cordillera de los Andes. Así, en el vino que soñaron los hermanos Orfila, esa reminiscencia se suma a una partida limitada que marca el rumbo de cada año, donde lejos de estandarizar la búsqueda, persiguen el desafío de probar con cortes nuevos vez a vez. La venta directa con algunas excepciones y el etiquetado hecho a mano por sus creadores son parte de la dinámica de la empresa, a la que Juan Manuel siente como su «bebé», un sentir que comparte entre risas. Además de conectar con la bebida como lazo de unión propia y con otros, las artes visuales y la expresión artística interna atraviesan todo lo que hace este emprendedor de alegrías.

    «Mi amor por el arte viene definitivamente de las grandes mujeres de mi familia, de las que me siento profundamente influenciado: mi bisabuela, mis abuelas, mis tías abuelas, mi mamá. A todas tuve la suerte de conocer y en el caso de mis abuelas, coleccionaban arte. Siempre tuve la necesidad de hacer algo con las manos: de chico fue cerámica, que de grande retomé con Ceci Coria; en Buenos Aires pintaba sin tomar clases y ahora aprendo junto al artista Juan Castillo. Estas facetas siempre están latentes. Siento que soy un hacedor, que hago lo necesario para que un proyecto funcione y camine».

    Fotos: Hiram Di Lorenzo