El artista visual exhibe sus trabajos más recientes en la galería de la Bodega Foster Lorca, en Perdriel.

Hace un par de años ya, que Carlos Escoriza se deja llevar por los paisajes urbanos a la hora de pintar. La Ciudad de Mendoza fue el disparador para las primeras obras temáticas surgidas en 2010, a la que luego le siguió «Caminos», con el punto de vista dispuesto en el interior de un auto (detrás del asiento del conductor) y obras que se detienen en la ruta. Una paleta de colores más claros y otras instantáneas son las que ahora muestra en la Bodega Foster Lorca bajo el nombre «Silenciero», con el aporte exquisito de la escritora Laura Galarza en el texto curatorial.

Las road movies, los no lugares, los espacios de tránsito, los inmutables, la sensación de libertad, de estar quieto, de no estar, la ciudad, la pausa en la que sucede lo que no se ve. «La mirada en el interior de un auto me parece muy descriptiva de la idea de futuro, del presente que se consume y del pasado que queda atrás, esa simultaneidad de tres tiempos. «Silenciero» está además inspirada en la obra de Di Benedetto. Están las figuras de las arboledas proyectadas con su sombra y tal vez se trate de la mirada de un artista viajero en busca de la geografía de un lugar».

Diluida la presencia humana y la inquietud interior también oculta, la soledad y el silencio cobran protagonismo. Carlos Escoriza pinta la siesta de Mendoza, ese lapso en el que en apariencia nada sucede pero que sin embargo está atravesado por la tensión. «A que te mato, le dijo un amigo al otro en chiste porque jugaban en el garage del fondo. A que te mato, otra vez. Y esa vez, disparó sin saber que estaba la escopeta cargada», dice uno de los textos «terribles» que Galarza escribió inspirada en sus pinturas.

Quince obras en la galería de la Bodega de Perdriel y otra en el espacio de la Bolsa de Comercio de Ciudad son parte de estos retratos filosóficos, de limbo, de apocalipsis, pero también de lo transitorio de la vida. «Hay alguien que sugiere estar en esa quietud; también quise reducir al máximo la paleta. Blanco, ocre, naranja y azul son los colores que elegí para pintar todo. Si bien hay una mirada más bien realista, quise correrme un poco de mi técnica y me planteé algo más espontáneo».

Guaymallén y Las Heras son los lugares elegidos para «Silenciero», que recuerda el estudio de Graciela Distéfano, Oscar Salazar y Pablo Chiavazza «El ojo de la época» en referencia al artista mendocino y precursor en muchos sentidos, Vicente Lahir Estrella. «Me parecía importante visibilizar un mundo urbano que también es Mendoza y que por ahí no es motivo de locación. Además buscaba generar un guiño con un antecedente de la historia de la pintura mendocina. En este caso me interesaba la continuidad en el arte y que se apoyara dentro de una mirada específica que hice sobre el campo».

«Silenciero» puede visitarse hasta fines de marzo en la Bodega Foster Lorca, ubicada en Brandsen 1039 de Luján de Cuyo. Informes: 2614560586.

Nota Andrea Calderón