Visitamos el taller de esta artista mendocina para conocer un poco más de su obra y su mirada, que luego traslada a la tela de acuerdo al momento y las experiencias que recoge y elige de la memoria

En su primera muestra de arte, allá por 2013, Patricia Pata Luján Williams pensó en su fuente de inspiración y a ella vinieron las infancias en todas sus facetas. Los recuerdos de la propia, el reflejo alegre de la de sus hijas y la inocencia de los pequeños que en su taller encontraron un espacio de expresión dieron luz y vida a Mansa Pata, una muestra en la que los destinatarios fueron los más chiquitos. Su obra atraviesa estados y momentos bien diferenciados. Por eso, a los pasos más oscuros del inicio, le siguió una etapa de búsqueda por otras artes y más tarde los colores de la maternidad, el encuentro con la figuración y el descubrimiento de la abstracción, que de a poco se cuela en sus pinturas.

Óleo y esmalte sobre lienzo configuran la producción artística de Patricia, que dos o tres días a la semana le dedica tiempo completo al encuentro consigo misma en su taller, a adentrarse en la tarea de indagar en la memoria y a sacar aquello que en su mente ronda y se vuelve eco en cada pincelada. «Empecé a los 17 tomando clases con Sandra Martí en el último año de la secundaria. Después estudié diseño gráfico y durante diez años dejé de pintar», dice en su casa de Luján, donde además funciona su taller, da clases a niños, cría a sus hijas y se ocupa de la vida en familia junto a su compañero inglés.

En esa década que permaneció alejada del color, probó con la danza, el teatro, la fotografía y el cine –«de todo un poco»–, hasta que un buen día su marido le regaló un set de pinturas que marcó el puntapié siguiente en la búsqueda de su vocación. «Me di el gusto de indagar en otras áreas y encontré que lo que más me gusta es pintar, aunque en algún momento me encantaría hacer cine», dice la mendocina que en 1999 partió con destino a Nueva York, donde vivió un año, y más tarde probó residencia en España, Francia y Londres, donde se mantuvo en movimiento hasta regresar a la provincia.

«Mi mamá nos acercó de chiquitos a museos y conciertos, pero no vengo de una familia de artistas. Mi hermano sí, es músico», comparte. «Carlos Sisini ha sido un maestro y una gran influencia, como también Alberto Thormann, que me ayudó a cambiar la paleta de colores con la que venía trabajando y a abandonar viejos vicios», dice en relación a sus obras, ligadas a la figura humana, el expresionismo y el devenir suelto y liviano. «Mis primeros cuadros fueron bastante densos y oscuros. Algunos se autodestruyeron, ni ellos querían vivir», dice entre risas la también profesora de inglés, que en cada nueva obra buscar liberarse de la forma aunque sin dejar aspectos al azar.

En los niños, Pata encuentra un canal de intercambio enriquecedor y desde hace varios años disfruta de las clases atípicas que tienen lugar en su taller, donde la espontaneidad es el medio y el fin. «Me gusta la libertad expresiva que tienen los chicos, que no exista el miedo a equivocarse o a que les quede algo mal. Trato de respetar eso; no me interesa que hagan nada perfecto sino posibilitarles un espacio de expresión que tantas veces falta en el colegio», agrega.

Hasta mediados de enero, Pata Luján Williams expone junto a su amiga y colega Verónica Valenti en una galería privada de Godoy Cruz. Quienes deseen recorrer la muestra deben comunicarse al 2614187039 o 2616399422 y coordinar una cita con antelación.

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3 comments
Omar Peralta
Omar Peralta

Hermosa nota, Pata querida! Felicidades!!